La edición incluye un prólogo de la escritora y guionista Elvira Lindo; un buen prólogo que nos describe la belleza y calidad de este cómic, sus líneas narrativas más importantes y la presencia de “todas las luces” de la época. También, a través del prólogo, nos cuenta que “contrapaso” son las publicaciones clandestinas que trataban de informar sobre la realidad que la censura franquista negaba; a pesar de que en el propio cómic la definición que aparece de Contrapaso hace referencia a una forma musical. Este tipo de publicaciones surgían donde las personas luchaban contra el franquismo: barrios obreros e incluso en las cárceles; lugares en los que con muy pocos medios eran capaces de sacar adelante estas publicaciones clandestinas para que la gente tuviera información de lo que realmente ocurría.
El subtítulo “Los hijos de los otros” hace referencia a los hijos de los pobres, los que protestan contra el régimen pero “incordian”, son detenidos, torturados y encarcelados; al contrario de lo que pasa con “los hijos de los unos”, que son los hijos de los dirigentes del régimen y sus aledaños, que también protestan y son detenidos por ello, pero son inmediatamente puestos en libertad, sin sufrir las terribles torturas que sufrían los primeros.
En las páginas extras del final, Teresa Valero nos contextualiza el cómic, nos cuenta cómo tardó cuatro años en hacerlo, cómo se documentó, con qué ayudas contó y muchas anécdotas en la creación de este cómic.
Teresa Valero (Madrid, 1969) es una autora que conoce perfectamente el mundo del cómic ya que muy pronto empezó trabajando en él, primero como administrativa y, posteriormente en el departamento de producción en el estudio Lápiz Azul; también ha trabajado como guionista en series de TV. En 1996 forma el estudio Tridente Animación, junto a Juan Díaz Canales, Ángel Martín y Juan Carlos Moreno. Debutó en el mundo del cómic como guionista de obras tan interesantes como Brujeando (Norma Editorial, 3 números), Dos veces breve (Ariadna Editorial), Curiosity Shop (Ediciones Glénat), Gentlemind (Norma Editorial, de momento su último trabajo) y Contrapaso.
Teresa Valero ha hecho íntegramente este cómic, lo que hace aún más meritorio su trabajo. Ha hecho el guion y el dibujo, se ha documentado profusamente y ha sido capaz de reflejar eficazmente tanto el ambiente social y político de los años 50, como el Madrid de esa época, con paisajes urbanos muy realistas y reconocibles. Estamos ante un gran cómic, muy bien hecho y con una cuidada edición por parte de Norma Editorial, que cuando lo cogemos inmediatamente nos atrae y nos atrapa. ¡Un trabajo sobresaliente! Su estilo es una mezcla muy bien trabada de cómic memorialista y género negro.
La trama gira en torno a tres personajes fundamentales. El primer personaje es Emilio Sanz, periodista falangista, decepcionado con el desarrollo del régimen franquista; lleva 17 años persiguiendo a un asesino de mujeres que actúa ocasionalmente, componiendo unas escenas del crimen muy cuidadas, que nunca es pillado, pero que sus crímenes son atribuidos a personas anónimas pobres e inocentes; representa a esa parte de la primera Falange que se mostró crítica con Franco y su régimen. El segundo personaje es León Lenoir, hijo de padre comunista miembro de las Brigadas Internacionales, y de madre hermana de un general franquista, por lo tanto sobrino de dicho general. También es periodista, con un trabajo bien pagado en Francia, pero que sin embargo decide volver a España para reencontrarse con su prima Paloma, primer amor de su vida, e ir descubriendo su tortuoso pasado y el de su propia familia. El tercer personaje es Paloma, hija del general franquista, redactora de la revista femenina Mujer de Verdad, controlada por la Sección Femenina y encargada de transmitir los “valores” que tenía que tener una mujer de esa época; se trata de una mujer de gran carácter, libre e independiente, y por ello enemistada con su tradicional padre, el general franquista.
Aparte de estos personajes, y como en el cómic hay varias y muy importantes subtramas, aparecen, con nombres ficticios, personajes históricos reales tales como los deleznables psiquiatras Vallejo-Nájera (que aparece con su verdadero nombre) y su ayudante López Ibor (Doctor Sarobe), y sus experimentos con los brigadistas internacionales en el campo de concentración de San Pedro de Cerdeña o en la cárcel de mujeres de Málaga; experimentos empeñados en la búsqueda del “gen rojo” que asociase a la ideología marxista con la inferioridad mental de sus miembros y también del empleo de la psiquiatría como instrumento de control social y político; el policía torturador Roberto Conesa (Comisario Jadraque) o el Padre Llanos (Padre Páramo) y un sinfín de personajes que dan profundidad y amplitud a la historia.
A lo largo de sus 140 páginas podemos ver no solamente los asesinatos de mujeres y cómo esa información es tratada por la censura franquista en las páginas de sucesos, también asistimos al horrible episodio de los bebés robados, aún sin aclarar, y en el que estaban involucrados clínicas privadas, médicos, personal sanitario y monjas, con el inconfesable fin de quedarse con los bebés nacidos de madres de izquierdas, declarados muertos o simplemente no registrados, pero dados en adopción a las familias adictas al régimen; a las primeras movilizaciones antifranquistas en la universidad y sus enfrentamientos con el sindicato universitario franquista SEU; el abuso hacia las mujeres; el sufrimiento de las mujeres presas; el uso de la psiquiatría para castigar comportamientos “poco dóciles” y conductas sexuales que se consideraban “antinaturales”.
Vemos como funcionaba por dentro un periódico como La Capital (trasunto de El Caso), sus profesionales y sus problemas cotidianos con la censura; vemos la diferencia entre los barrios de los ricos y barrios como Vallecas, donde la solidaridad comunal era fundamental para poder edificar en una noche una vivienda donde poder alojar una familia; en definitiva, vemos un retrato muy fidedigno de los duros años 50. Un cómic con un gran guion poliédrico, con muchas tramas, pero muy bien hilado, que te atrapa desde el principio y hace que no te pierdas en él.
El dibujo es el otro gran logro. Es muy bueno, realista, dinámico y lleno de detalles en cada viñeta; sus personajes son muy expresivos y la ambientación en las viñetas es otro de sus grandes logros, no faltándole ningún detalle y resultando el conjunto muy visual. El color es excelente, está construido en base a técnicas hechas por ordenador, pero apenas se nota y más bien parece que esté coloreado con el arte de la acuarela.
Según declaraciones de la propia Teresa Valero, este cómic tendrá su continuidad, aunque está aún por definir y no se sabe si serán uno o dos álbumes más los que se publiquen. Desde luego, esperamos impacientes la siguiente entrega.
No puedo por menos que recomendar este cómic por considerarlo una joya que va a contribuir a que más y más lectores y lectoras se acerquen al género del cómic memorialista y comprender mejor nuestro pasado histórico.
Fuente: errepublikaplaza.wordpress.com







