Un gran acuerdo para defender el multilateralismo y el derecho internacional frente a Trump

Resurge el fascismo y entre sus objetivos prioritarios está enterrar el derecho internacional  construido con gran esfuerzo tras su derrota en la Segunda Guerra mundial.
Donald Trump | Gage Skidmore / Wikimedia commons / CC BY-SA 2.0
Donald Trump | Gage Skidmore / Wikimedia commons / CC BY-SA 2.0

El ataque militar de los Estados Unidos (EE.UU.) a Venezuela y el posterior secuestro de su presidente constitucional Nicolás Maduro, ha sido una grave infracción de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional. El secuestro de Maduro es un claro acto de toma de rehenes, prohibido y sancionado en el artículo 8.2 del Estatuto de la Corte Penal internacional, que no puede justificarse ni política ni legalmente. Incluso el Departamento de Justicia de los EE.UU., el día antes a que el presidente constitucional de Venezuela fuera obligado a comparecer ante un tribunal federal en Nueva York, rectificó sus anteriores acusaciones de “Narco terrorismo” contra él, reconociendo que el denominado “Cártel de los soles” ni existe ni ha existido nunca.

EE.UU. ha comenzado el año 2026 aplicando la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Trump. La actualización de la doctrina Monroe (1823) ratifica que todo el continente americano debe ser para los Estados Unidos, y además —la aportación de Trump—  también Europa occidental debe ir convirtiéndose, país a país, en protectorados estadounidenses administrados por los denominados “partidos patriotas”, fuerzas políticas cipayas al servicio de Trump, que en España son, claramente, VOX y también podría serlo el Partido Popular, cada vez más bajo el control de Ayuso.

Congresistas denuncian que Trump desobedece constantemente la ley estadounidense, tanto en cuestiones domésticas como en el uso de las fuerzas armadas en política exterior

Resurge el fascismo y entre sus objetivos prioritarios está enterrar el derecho internacional construido con gran esfuerzo tras su derrota en la Segunda Guerra mundial. El derecho internacional busca dos objetivos fundamentales: establecer un marco pacifico para las relaciones internacionales y la defensa de los derechos fundamentales de las personas, y prevenir graves violaciones a los derechos humanos —como los distintos genocidios cometidos por los nazis— y en especial prevenir otra guerra mundial, porque la guerra es la mayor de las violaciones de los derechos humanos. El avance del fascismo siempre provoca guerras.

El mal llamado “acuerdo de paz” en Gaza incluye que un yerno de Trump intente apropiarse de las costas de la Franja para construir unos inmensos resort turísticos

Trump repite constantemente que para él no existe más ley que sus antojos, sus intereses y sus amenazas. No respeta la ley internacional, permitiendo el genocidio del pueblo palestino y la limpieza étnica en Gaza y Cisjordania, desplegando un inmenso cerco aeronaval contra Venezuela, Cuba, México y Colombia, desatando una campaña de ejecuciones extrajudiciales en el Caribe, y generalizando las prácticas de piratería marítima para apropiarse el petróleo de Venezuela e impedir que llegue a países fuera de su control, como Cuba o China. Tampoco respeta la ley nacional de los EE.UU. Desde el The New York Times a numerosos congresistas y senadores han denunciando que Trump desobedece constantemente la ley estadounidense, tanto en cuestiones domésticas —ataques sistemáticos a los migrantes o a las autoridades judiciales que anulan sus decisiones—  como respecto al uso de las fuerzas armadas en política exterior. Para la camarilla al frente del Gobierno de los EE.UU. “el mundo se rige por la fuerza” (Stephen Miller) y su intención es el saqueo de los recursos naturales del planeta, arrasando a quien se oponga. Ha quedado claro que la Casa Blanca no tiene ningún interés por la democracia ni por los derechos humanos, sino por los muchos recursos naturales de Venezuela y de los países de la región, actitud repetida por los EE.UU. a lo largo de su historia cuando han planificado una gran guerra que tengan que disputar en escenarios alejados. La práctica habitual del imperialismo de saquear los recursos naturales de los pueblos, ha respondido a una lógica de acumulación de capital que fue descrita magistralmente por Lenin en su obra “El imperialismo fase superior del capitalismo”. El saqueo imperial tiene características propias en la administración de Trump. Se trata de un inmenso sistema puesto al servicio de una oligarquía económica en la que directamente participa el actual presidente de los EE.UU., para quien el acceso a la Casa Blanca es otra forma de hacer negocios rentables para sus muchas empresas, las de su familia y las de sus amigos. El mal llamado “acuerdo de paz” en Gaza incluye que un yerno de Trump intente apropiarse de las costas de la Franja para construir unos inmensos resort turísticos, previa limpieza étnica de más de un millón de personas. El acuerdo de fin de hostilidades que se está negociando para Ucrania incluye que las empresas que decida Trump tengan acceso preferente a las tierras raras y minerales estratégicos. Sobre Venezuela ya ha dicho que el petróleo de allí es de los EE.UU. desde siempre, que va a exigir una producción de al menos 50 millones de barriles de petróleo, a repartir entre las petroleras que él decida, y que los ingresos los percibirá directamente el Departamento del Tesoro de EE.UU., no Venezuela.

El inmenso poder militar de los EE.UU. hace imposible oponerse a sus actos mediante el uso de la fuerza. Ello provocaría una desenfrenada carrera de armamentos, que acabaría con los presupuestos sociales, además de desembocar en una guerra mundial de catastróficas consecuencias para la humanidad.

La Carta de las Naciones Unidas establece el respeto a la soberanía nacional y los recursos naturales de los pueblos, a la no injerencia y la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales

La Carta de las Naciones Unidas establece en sus artículos 1 y 2 el respeto a la soberanía nacional y los recursos naturales de los pueblos, a la no injerencia y la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales, principios esenciales del multilateralismo.

Si Trump ataca permanentemente al multilateralismo —EE.UU. acaba de abandonar más de 60 organizaciones multilaterales, 32 de ellas del sistema de las NN.UU.— las fuerzas democráticas y de izquierda —en especial los y las comunistas— debemos reforzarlo y defender el derecho internacional, contribuyendo a amplias alianzas de fuerzas políticas, sindicales y sociales, de países, pueblos y organizaciones internacionales y de cuantos actores estén dispuestos a sumarse.

Los ataques al multilateralismo deben ser una preocupación para la comunidad internacional. El papa León XIV, tras condenar la agresión a Venezuela, ha sido contundente en defender el multilateralismo, algo que aún no ha hecho la Unión Europea: “La diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza (…) Fue esta actitud la que llevó a la humanidad a la Segunda Guerra Mundial. La ONU fue creada como centro de cooperación multilateral con la finalidad de prevenir futuras catástrofes mundiales, salvaguardar la paz, defender los derechos humanos fundamentales y promover el desarrollo sostenible. (…) El propósito del multilateralismo es proporcionar un lugar donde las personas puedan reunirse y dialogar, siguiendo el modelo del antiguo Foro Romano o la plaza medieval”.

En las negociones para pacificar Ucrania incluye que las empresas que decida Trump tengan acceso preferente a las tierras raras y minerales estratégicos

A pesar del agresiva actitud del imperialismo estadounidense, la realidad es que más de la mitad de la humanidad está dispuesta a defender el multilateralismo, fortaleciendo alianzas como los BRICS o la Organización de Cooperación de Shanghái. Eso incluye utilizar todos los recursos políticos, comerciales y también jurídicos para detener la agresividad imperialista de la actual administración estadounidense. Será difícil que la justicia internacional —tanto tribunales internacionales como la Corte Penal Internacional o el Tribunal Internacional de Justicia, o tribunales nacionales en ejercicio de jurisdicción universal— pueda detener el saqueo y los actos de piratería de Trump, pero tampoco descartemos la utilización de las jurisdicciones arbitrales comerciales, diseñadas para resolver reclamaciones entre empresas que operan en distintos países. Reclamaciones que podrían iniciar las empresas que ya están siendo afectadas por la piratería de la Casa Blanca, muchas de ellas empresas de países que defienden el multilateralismo como China.

VOX y el Partido Popular no critican las agresiones, los saqueos y amenazas de EE.UU. a Venezuela, a Cuba, a Colombia, a México, a Panamá, a Dinamarca, a Canadá… Tampoco han criticado las agresiones de Trump al campo español mediante la guerra arancelaria y los recortes de la PAC provocados por la transferencia de fondos de la Unión Europea destinados a agricultores ganaderos y pescadores que ahora irán a parar a empresas armamentísticas, en su inmensa mayoría de los Estados Unidos. El silencio —cuando no apoyo— de VOX y el PP a esta campaña de saqueo, los hace cómplices de los crímenes e ilegalidades cometidas por Trump, pero sobre todo muestra que no están en condiciones de defender nuestro país frente a las agresiones e imposiciones de Trump. Recuérdese que los EE.UU. al menos en tres ocasiones han tenido planes para ocupar las Islas Canarias: durante la guerra de agresión a España de 1898, durante la Segunda Guerra Mundial y durante la Revolución de los Claveles en Portugal. Como le ha ocurrido a María Corina Machado y a la oposición venezolana, nadie que apoye injerencias o intervenciones de un Estado extranjero en su país está legitimado para gobernar.

La Estrategia de Seguridad Nacional de Trump señala como enemigo los valores de la democracia y de los derechos humanos nacidos tras la revolución francesa, extendidos y ampliados en las sucesivas revoluciones protagonizadas por el movimiento obrero en Europa. Trump va a utilizar como peones a su servicio a los partidos ultraderechistas que denomina «patriotas». Frente a esto, debemos comenzar a trabajar sobre amplias alianzas en defensa de la soberanía de los pueblos de Europa, alianzas que en nuestro país deben tener una expresión electoral para las próximas convocatorias, tanto de elecciones autonómicas como municipales como generales, explicando con claridad que un voto a VOX o al Partido Popular controlado por la señora Ayuso, es un voto a Trump para que acabe con nuestra independencia y soberanía, nuestros derechos y se apropie de todos nuestros recursos.

(*) Secretario general del Partido Comunista de España

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