Análisis

La Conferencia de Seguridad de Múnich 2026 apuesta por reforzar el eje atlántico norte

La CSM habla de multilateralismo pero se trata de un multilateralismo restringido, donde el Norte Global impone las reglas y el resto del mundo las acata.
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, interviene en la Conferencia de Seguridad de Munich 2026 | Fuente: securityconference.org
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, interviene en la Conferencia de Seguridad de Munich 2026 | Fuente: securityconference.org

La Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM) de 2026, heredera del foro fundado en 1963 por Ewald-Heinrich von Kleist-Schmenzin se celebró entre el 13 y el 15 de febrero, presentándose ante la opinión pública como un foro de debate global sobre los desafíos de la seguridad internacional.

Sin embargo, un análisis de su contenido demuestra que no se trata de configurar un espacio de encuentro multilateral sino del intento de articulación de una estratégica del llamado Norte Global, en un momento histórico marcado por la transición hacia un nuevo orden internacional y su desarrollo ha funcionado como un espejo de las tensiones, contradicciones y disputas que atraviesan al capitalismo europeo y el proyecto trumpista de raíces nazifascistas.

Decenas de jefes de Estado y de Gobierno, ministros de defensa, altos mandos militares, corporaciones tecnológicas, representantes de la OTAN, la UE y la OCDE, y actores del complejo militar-industrial europeo y estadounidense participaron en la edición de 2026. Sin embargo, estuvieron ausentes instituciones multilaterales clave como Naciones Unidas, la OSCE o los BRICS+, así como organizaciones sociales y actores del Sur Global.

Especialmente significativa es la exclusión de los BRICS+, que representan más del 30% del PIB mundial y más del 40% de la población del planeta, esta marginación revela que cuando la CSM habla de “multilateralismo”, se refiere a un multilateralismo restringido, donde el Norte Global impone las reglas y el resto del mundo las acata.

El documento oficial de la CSM 2026 giró en torno a cuatro ideas centrales: El mundo atraviesa una fase de “política de demolición” del orden internacional vigente. Rusia es la amenaza militar inmediata. China es un competidor sistémico que desafía el orden global. Europa debe reforzar su autonomía estratégica, pero siempre dentro del marco atlántico.

Desde estas ideas básicas se trata de presentar una propuesta sobre la que articular la política internacional del Norte Global.

Rusia se presenta como enemigo funcional para justificar el rearme

La narrativa dominante en la CSM presentó a Rusia como la amenaza militar inmediata para Europa. Esta caracterización sirvió para justificar el aumento del gasto militar, la ampliación de la OTAN y el desplazamiento de recursos desde políticas sociales hacia presupuestos de defensa.

Sin embargo, esta visión omite elementos esenciales: La arquitectura de seguridad europea se deterioró tras décadas de expansión de la OTAN, contradiciendo compromisos adquiridos al final de la Guerra Fría. La OSCE fue vaciada de contenido y los mecanismos de diálogo se rompieron antes de la guerra de Ucrania y de manera especial que la seguridad europea no puede construirse sin Rusia, un actor imprescindible para cualquier solución duradera.

La exclusión de Rusia de la CSM es políticamente significativa, hablar de paz sin una de las partes implicadas demuestra que no hay voluntad de alcanzar una salida negociada de la Guerra de Ucrania

La exclusión de Rusia de la CSM es políticamente significativa, hablar de paz sin una de las partes implicadas demuestra que no hay voluntad de alcanzar una salida negociada de la Guerra de Ucrania, la única realmente posible. La CSM no buscó vías de negociación, sino la consolidación de un enemigo funcional que permita cohesionar al bloque occidental y justificar el rearme.

La República Popular de China se plantea como una amenaza sistémica

China fue definida en la CSM como un competidor sistémico, no por motivos militares, ni por comportamientos agresivos, sino por representar un modelo de desarrollo alternativo al capitalismo neoliberal europeo, demostrando que el Norte Global teme que el “socialismo con características chinas”, que combina planificación estatal, innovación tecnológica y crecimiento sostenido, está demostrando que es posible modernizarse sin adoptar el modelo social y económico neoliberal.

La CSM dejo de lado deliberadamente hechos fundamentales como que China no ha invadido ningún país ni ha promovido golpes de Estado

Para sostener sus argumentos la CSM dejo de lado deliberadamente hechos fundamentales como que China no ha invadido ningún país ni ha promovido golpes de Estado. No posee bases militares en el exterior comparables a las de Estados Unidos, e impulsa un multilateralismo inclusivo donde el Sur Global tiene voz real.

Además deja pasar que China es el principal socio comercial de la Unión Europea y está proponiendo acuerdos de cooperación beneficiosos para Europa, sistemáticamente rechazados.

Europa se debate en la negación de la realidad de que Estados Unidos busca una hegemonía absoluta

En un intento de apaciguamiento de Trump, la CSM olvidó las intervenciones e injerencias de EE.UU. en Venezuela, Cuba, Palestina, Irán, Groenlandia, etc. Trató de adjudicarle a este país el papel de garante del orden internacional, en el marco de una reconfiguración de la Alianza del Eje Atlántico Norte.

La intervención de Marco Rubio dejó claro que la administración Trump no busca reconstruir un bloque occidental coordinado, sino imponer un orden internacional dominado por Estados Unidos

Sin embargo, la intervención de Marco Rubio dejó claro que la administración Trump no busca reconstruir un bloque occidental coordinado, sino imponer un orden internacional dominado por Estados Unidos. Las declaraciones del secretario de Estado de EE.UU. en la CSM deja una vez más en evidencia la inutilidad de la política de “apaciguamiento” que trata de aplicar Europa a unas políticas de Donald Trump que se caracterizan por representar un capitalismo de carácter autoritario-expansivo, comparable en su lógica interna al nazifascismo del siglo XX, la imposición unilateral de reglas y decisiones, que niega cualquier reparto de poder porque considera a los aliados como subordinados y no como socios.

La CSM 2026 evidenció la contradicción en la que la Unión Europea se encuentra atrapada, entre su deseo de alcanzar una cierta relevancia internacional, aunque sea en modo secundario tras los EE.UU. y el rechazo del trumpismo de compartir aunque sea mínimamente cualquier tipo de hegemonía.

En este marco, la CSM se presenta como defensora de un “orden internacional basado en reglas”, pero evita responder a la pregunta de quién define esas reglas y en beneficio de quién, demostrando que sólo acepta un orden basado en reglas, cuando estas responden a sus intereses.

De esta manera, habla cínicamente de “orden basado en reglas”, pero defiende que esas reglas sean escritas por instituciones donde el Sur Global no tiene poder real: FMI, Banco Mundial, OCDE, OTAN. Habla de “multilateralismo”, pero excluye a los actores que representan la mayor parte del crecimiento económico mundial. Habla de “autonomía estratégica”, pero mantiene una dependencia estructural de Estados Unidos.

Desde este análisis de los objetivos declarados de la CSM, nos encontramos con la realidad de que el Norte Global esta buscando la reconfiguración del orden internacional desde foros selectivos, marginando a las Naciones Unidas, lo que nos lleva a plantear que empieza a tomar cuerpo una tendencia preocupante, la sustitución progresiva de Naciones Unidas por foros selectivos, diseñados por las potencias del Norte Global, aunque persiste “el problema” para la UE de que Trump pretende hacer este camino desde su completa y excluyente voluntad. Revelando un modelo de gobernanza internacional basado en la ausencia de legitimidad internacional. La exclusión del Sur Global. La imposición unilateral de decisiones y la eliminación de contrapesos institucionales. 

En este escenario, la ONU, con todos sus límites y problemas, molesta a Trump porque posee tres características intolerables para quienes, como él, buscan un orden autoritario y unipolar: cada Estado tiene un voto, aunque con poder decisorio restringido. El Sur Global está representado, aunque en menor medida de la necesaria, en el Consejo de Seguridad y sobre todo que las decisiones pueden vetarse, pero no imponerse unilateralmente.

Por ello, quienes desean un mundo a su medida promueven foros paralelos como la CSM, el G7 ampliado, el AUKUS o coaliciones ad hoc para intervenir en conflictos. Estos espacios permiten definir agendas en función de los intereses exclusivos de los EE.UU., sin supervisión, sin participación global y sin legitimidad.

Hacia una cumbre mundial para refundar Naciones Unidas

Frente a esta deriva, que nos acerca a un precipicio que puede tener terribles consecuencias para el futuro de la vida en el planeta, el mundo no necesita acabar con las NN.UU., sino refundarlas para que puedan desarrollar los objetivos que plantea su propia Carta Fundacional. Para ello, en lugar de foros selectivos, lo que se necesita es una cumbre mundial en el marco de Naciones Unidas, sin exclusiones, con participación plena de todos los actores internacionales: Estados Unidos, China, Rusia, la Unión Europea, los BRICS+, la Unión Africana, ASEAN, CELAC, la Organización de Cooperación de Shanghái y todos los Estados miembros de la ONU.

Una cumbre que no puede ser un encuentro diplomático tradicional, sino que debe ser un proceso constituyente orientado a democratizar la gobernanza global. Redefinir las reglas del orden internacional. Garantizar que ninguna potencia pueda imponer unilateralmente su voluntad. 

Esta refundación de Naciones Unidas debe incluir, como señalan los BRICS+, cuatro objetivos fundamentales:

1. Democratizar el Consejo de Seguridad, ampliando miembros permanentes y no permanentes, limitando o eliminando el veto y garantizando representación del Sur Global. 

2. Fortalecer la Asamblea General, dotándola de capacidad vinculante y mecanismos de supervisión.

3. Crear instituciones para los desafíos del siglo XXI, como la gobernanza global de la IA, la justicia climática y la seguridad humana. 

4. Establecer reglas internacionales justas, basadas en el interés común de la humanidad y no en la hegemonía de una potencia.

Necesidad de tomar partida entre los dos modelos de orden internacional actualmente en disputa

La CSM 2026 no logró integrar plenamente los intereses del capitalismo europeo con el proyecto trumpista de hegemonía unilateral. Sin embargo, dejó claro que el mundo se encuentra en una encrucijada histórica entre dos modelos de orden internacional, el que pretende construirlo basado en la hegemonía de una sola potencia, la militarización creciente y foros selectivos que excluyen al Sur Global y el que plantea un orden multilateral sin hegemonías, con instituciones democráticas, reglas negociadas colectivamente, participación plena de la sociedad civil y representación justa del Sur Global.

La CSM 2026 se situó claramente en el primer camino buscando la integración de todo el Norte Global en ese objetivo. Frente a esta posición la tarea histórica es construir una gran alianza social y política, que constituya una comunidad con un destino compartido para toda la humanidad, y sea capaz de conquistar un futuro de paz y progreso para todos los pueblos del mundo en armonía con la naturaleza.

(*) Presidente del Partido Comunista de España

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