En una declaración institucional desde La Moncloa, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha marcado una línea roja infranqueable frente a la agresión militar de Estados Unidos e Israel a Irán. Esa agresión, dirigida por Netanyahu, en busca y captura acusado de genocidio, y por Donald Trump, golpista y depredador sexual, se ha convertido en un ataque a la Carta de las Naciones Unidas, al derecho internacional. Sin la autorización del Consejo de Seguridad de las NN.UU. ni del Congreso estadounidense, Trump agredió y agrede a un Estado soberano con el único propósito de hacer negocio con el petróleo y gas, a sabiendas que la guerra generalizada en Oriente Próximo dificultará la exportación de ambos productos por parte de los países productores y así, el petróleo y el gas estadounidense se revaloriza de forma exponencial.
Desde el punto de vista democrático y pacifista, reconforta que el presidente Pedro Sánchez respondiera a esa agresión criminal con el «No a la Guerra» recordando el precedente de la guerra de Iraq hace 23 años, cuando Tony Blair, José María Aznar y Georg W. Bush, sobre la base de informaciones prefabricadas y mentirosas de la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, iniciaron una guerra, contraviniendo la Carta de las NN.UU., es decir, una guerra ilegal, así calificada en 2004 por el entonces secretario general de las NN.UU Kofi Annan.
Esa agresión militar ha sido publicitada por Trump como una guerra preventiva bajo los supuestos no confirmados de un inminente ataque de Irán a objetivos estadounidenses e israelíes. La guerra preventiva, basada en amenazas futuras no inminentes es ilegal al violar expresamente el artículo 2.4 de la Carta de las NN.UU.
La respuesta pues de España ante esos actos criminales perpetrados por EE.UU. e Israel ha sido la defensa del derecho internacional, la vía diplomática para resolver las controversias y conflictos y proteger nuestra soberanía nacional evitando el uso de las bases de Rota y Morón como lanzaderas para esa agresión militar.
Es alentador confirmar que, ante el silencio cómplice de la Unión Europea, el mismo silencio atronador que mantuvo durante el genocidio de Gaza, el presidente Sánchez defienda el «No a la Guerra» y la defensa del multilateralismo y de la Carta de Naciones Unidas, convirtiendo a España en un referente europeo en defensa de la paz y la legalidad internacional.
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, al igual que hiciera en su día José María Aznar, defiende y justifica esa acción criminal demostrando el vasallaje debido a «su jefe», Donald Trump, el mismo vasallaje que le brindó José María Aznar a Georg W. Bush en su rancho de Texas en marzo de 2003, semanas antes de la invasión de Iraq, para acordar la estrategia de intervención sin la autorización explícita del Consejo de Seguridad de las NN.UU.
Oriente Próximo vuelve a arder, y con él arden también las esperanzas de millones de personas que sólo desean vivir en paz. Las cifras esconden tragedias humanas irreparables: niños y niñas enterradas bajo los escombros, familias desplazadas sin hogar, hospitales colapsados, la devastación y el horror.
La escalada militar multiplica el riesgo de un conflicto aún mayor, con consecuencias imprevisibles para la seguridad internacional. La historia demuestra que las guerras en esta región rara vez permanecen contenidas: se expanden, involucran a nuevos actores y dejan heridas abiertas durante décadas.
Parar la guerra, el «No a la Guerra», es un acto de responsabilidad histórica, es entender que la seguridad duradera solo se puede construir sobre la base del dialogo, las garantías mutuas, el derecho internacional y la solución diplomática del conflicto.







