8 de Marzo

La unidad feminista frente al fascismo que nos niega nuestros derechos

La consigna de este 8M exige una redistribución radical de los recursos públicos; “No queremos un 5% para la máquina de guerra. Queremos el 100% para la máquina de la vida”.
Cartel PCE 8 de marzo 2026

Cada 8 de marzo es, históricamente, una fecha de balance y proyección para el movimiento feminista. Sin embargo, en 2026, esta conmemoración adquiere una urgencia y un carácter defensivo sin precedentes recientes. Nos encontramos ante una encrucijada global donde los avances en materia de derechos de las mujeres, conquistados tras décadas de lucha, son directamente cuestionados y atacados por fuerzas políticas que representan una amenaza clara para la democracia y la igualdad. La respuesta, articulada desde una pluralidad de voces y realidades, es una sola: la sororidad organizada como resistencia y como horizonte de un futuro de paz, igualdad y justicia social.

Este año, la movilización trasciende las reivindicaciones específicas para englobarlas en una lucha más amplia y definitoria: la lucha contra el fascismo

Este año, la movilización trasciende las reivindicaciones específicas para englobarlas en una lucha más amplia y definitoria: la lucha contra el fascismo. Este término, lejos de ser una abstracción retórica, describe con precisión un fenómeno político contemporáneo que tiene en la negación de los derechos de las mujeres uno de sus pilares fundamentales. Se trata de un proyecto que instrumentaliza el odio, estigmatiza a las más vulnerables –mujeres migrantes, racializadas, del colectivo LGTBI– y busca reinstaurar un orden social rígidamente jerárquico y patriarcal. Frente a esta ofensiva, el movimiento feminista no solo defendemos nuestras conquistas; defendemos los cimientos de una sociedad libre e igualitaria.

La estrategia de la división es la estrategia de la extrema derecha para avanzar. Intentan enfrentarnos entre nosotras, separar nuestras luchas, deslegitimar nuestras demandas tachándolas de sectoriales o ideológicas. La respuesta feminista ha de ser contundente tomando de referencia nuestra memoria histórica: solo la unidad organizada, diversa y transversal ha conseguido históricamente vencer al autoritarismo y conquistar derechos. Recordamos los más de cuarenta años de dictadura en España, donde se nos negó la condición de ciudadanas, para entender el precio de la libertad y la importancia de custodiar la democracia. Lo que hoy parece inconcebible perder —el derecho al trabajo sin permiso marital, al divorcio, al aborto, a los avances hacia una vida libre de violencias— costó sangre, sufrimiento y una lucha colectiva sin tregua. Permitir cualquier retroceso sería traicionar este legado.

Los ejemplos del ataque coordinado son alarmantemente visibles. En nuestro país vemos cómo en comunidades gobernadas por la derecha y la ultraderecha se erosionan servicios esenciales, como denunció el escándalo de los diagnósticos de cáncer de mama ocultados en Andalucía, o se plantean restricciones al derecho al aborto. Es un reflejo de una tendencia global: en Polonia y Hungría se ha retrocedido décadas en derechos reproductivos; en estados de EE.UU. bajo la órbita del trumpismo se criminaliza el aborto y se persigue a las personas trans; en Italia, el gobierno de Meloni ha debilitado la protección de las víctimas de violencia machista. Este no es un conjunto de crisis aisladas, sino los frentes de una misma batalla por un modelo de sociedad.

Ante este escenario, proponemos una alternativa constructiva que pone la vida en el centro. Este año salimos con la consigna: “No queremos un 5% para la máquina de guerra. Queremos el 100% para la máquina de la vida”. Esta frase cuestiona las prioridades globales, como el incremento del gasto militar exigido por la OTAN, y exige una redistribución radical de los recursos públicos. Reclama invertir masivamente en lo que sostiene y dignifica la vida: una sanidad pública fuerte y con perspectiva de género, una educación pública y feminista, un sistema nacional público de cuidados que libere a las mujeres y reconozca este trabajo, políticas efectivas de igualdad y de erradicación de las violencias. Es una propuesta económica y social feminista.

Por todo ello, este 8 de marzo es una jornada de lucha feminista y antifascista por la paz. La paz entendida no como mera ausencia de guerra, sino como la condición indispensable para desarrollar una vida digna, libre de violencias estructurales. La paz que se construye con justicia social, redistribución de la riqueza y solidaridad entre los pueblos.

La convocatoria a las calles es, en esencia, un llamamiento a la cohesión. “Frente a su estrategia de división, nosotras debemos responder con la fuerza de la unidad”. Saldremos a la calle mujeres de diferentes generaciones, orígenes y condiciones, unidas por la defensa de un proyecto común: un mundo donde la igualdad sea real, donde los cuidados sean una responsabilidad colectiva valorada, y donde la dignidad de todas las personas sea innegociable. En un momento político donde algunos pretenden volver al “blanco y negro” del autoritarismo, el movimiento feminista, diverso y masivo, nos alzaremos como la fuerza social más determinante para defender la democracia y construir un futuro en libertad. Su unidad es, hoy más que nunca, la mayor fortaleza contra el avance de las fuerzas reaccionarias de PP y VOX.

[+] Información: Partido Comunista de España – Manifiesto 8M I No vamos a volver al blanco y negro. Contra el fascismo, feminismo

(*) Secretaria Área de Feminismo del PCE

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