| Autor: Javier Castañeda (guion y dibujo), publicado en febrero de 2024 por Editorial Aristas Martínez, cartoné, 136 páginas, blanco y negro. Premio Aristas de Novela Gráfica 2023 (PANG!). Javier Castañeda (Valencia, 1985). Graduado en Bellas Artes y máster en Diseño e Ilustración por la Universitat Politècnica de València. Trabaja como ilustrador en proyectos audiovisuales de animación, entre los que destacan el cortometraje Exlibris (nominado a los Goya 2011) y el largometraje Rock Bottom (presentado en Cannes en 2023). Migas es su primer cómic. |
Este trabajo es un sentido homenaje a la abuela del autor, y a través de ella también un homenaje a las mujeres de su generación, que de forma silenciosa fueron el soporte de sus familias y lucharon de forma abnegada para sacarlas adelante. Es también un homenaje a la inmigración forzosa de la época; el pueblo de Paula sufre una brutal pérdida de actividad económica, que es precisamente la que sujeta la población al territorio; vemos, como si de una película se tratase, las secuencias del cierre de la mina, del cierre del pequeño colmado que Paula abre en su pueblo, y cómo por ello se ven forzados a emigrar a Valencia, viendo incluso la preparación del viaje con las 4 cosas que tienen, su viaje en tren, el cambio del paisaje de la Mancha con sus característicos molinos de viento, a los girasoles, los naranjos y al de Valencia con sus barracas; todas estas secuencias que forman un conjunto de 18 páginas terminan con un última escena en la que sobre la pantalla del cine de verano del pueblo y sin espectadores/as se proyecta el último fotograma, él que pone “FIN” . Y a partir de ahí comienza una nueva vida para Paula y su familia.
El cómic se divide en cinco capítulos —Amasado, Fermento, Pan de hoy, Pan duro y Panquemao— y en él se nos cuenta cómo era la vida de Paula y de su familia en ese pueblo manchego, cómo el pueblo es bombardeado por la aviación franquista. El cómic contiene bellas descripciones de las escenas costumbristas del día a día de la vida en el pueblo. Conocemos la fuerte unión entre Paula y su madre, que se plasma en un plano doble, ya que por una parte vemos cómo la foto de su tumba se va deteriorando y desdibujando con el paso del tiempo hasta llegar a desaparecer, y en el otro plano vemos cómo Paula siempre lleva consigo la foto de su madre, y por eso el recuerdo de su madre nunca desaparece, y con ello la memoria de los seres queridos se traslada siempre con quienes la defienden.
Personalmente destaco escenas magníficamente descritas como el cierre de la mina cuando se apaga la última lámpara, o cómo día a día la recaudación del colmado va mermando hasta quedar el cajón vacío, la elaboración de la paella como un acto colectivo, solidario, después de una dura jornada de trabajo, pero en el cuál no falta el propio rechazo de Paula, que en un gesto insólito y a escondidas se deshace de ella, no sé el motivo para ello, pero sospecho que por defensa de sus orígenes, ya que antes la habíamos visto feliz haciendo unas migas manchegas. Javier Castañeda nos ilustra perfectamente en la importancia de la memoria, algo que podemos llevar con nosotros a donde queramos; vemos la estación de Valencia no desde su fachada principal —que también la vemos— sino como la vería un viajero/a que entrara en ella, como algo siniestro, oscuro, que se traga a todos los que llegan. Y sobre todo, las escenas domésticas, su gesto de recoger las migas de pan, y especialmente las del pasillo, en la que vemos cómo Paula los recorre una y otra vez hasta convertirse en una anciana que se ayuda para caminar de un bastón hasta llegar a su sillón en el que lentamente va desapareciendo hasta que muere, con una magnífica escena del salón de su casa con dos sillones vacíos, el de Paula y suponemos que el de Javier Castañeda sentado al lado de su abuela escuchando sus historias, historias que nos cuenta en este cómic. La narración de la historia se apoya en el dibujo de edificios singulares de Valencia, de forma que por sus páginas vemos muy bien dibujados la propia estación, las Torres de Serranos y la Finca Roja, que la vemos con un lado iluminada por el sol y el otro en sombra.
El dibujo es de una gran calidad, realista y sensible, con escenas que emocionan. A pesar de ser en blanco y negro está lleno de luz, de sombras y de matices en cada una de sus viñetas, con unas escenas más oscuras o luminosas según el sentimiento que se nos quiere transmitir. Hay multitud de viñetas a destacar por su calidad, algunas ya las hemos descrito y seguir haciéndolo sería alargarnos inútilmente, sólo diré que la lectura de este cómic es un gozo para nuestros sentidos e imaginación. Un ejemplo claro del dominio del paisaje, de la luz y las sombras lo constituyen las viñetas de las páginas 114/15, donde sobre un mismo paisaje vemos completo el ciclo del día y de la noche. La edición está muy lograda, llamándome la atención las guardas, que recuerdan a los azulejos de las cocinas de antes, con una combinación de figuras geométricas y vegetales.
No sé si su título hace referencia a las migas de pan o a las famosas migas manchegas, pero no importa, ya que probablemente haga referencia a ambas; lo que sí sé es que nos encontramos ante un cómic muy diferente a los demás, de bella hechura, un cómic a destacar en vuestra propia colección y que espero que os guste.







