Entre el 5 y el 10 de marzo, la capital de la Revolución Bolivariana, Caracas, se convirtió en el epicentro de la ternura combativa. Bajo el nombre de «Brigadas Internacionales Cilia Flores por la Paz», mujeres de diversas latitudes, coordinadas por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y a instancia del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM), nos desplegamos por el territorio venezolano no como observadoras distantes, sino como compañeras de trinchera.
Un hilo púrpura y rojo: El origen del MDM
Para entender nuestra presencia en Caracas, es necesario mirar hacia atrás. El Movimiento Democrático de Mujeres no es una organización circunstancial; somos las herederas de aquellas mujeres que, en la década de los 60 y 70, desafiaron a la dictadura franquista en España para articular un feminismo de clase, unitario y profundamente político.
Nacimos de la necesidad de vincular la emancipación de la mujer con la justicia social y la lucha contra la explotación. Ese ADN antifascista y antiimperialista es el que hoy nos lleva a cruzar el océano. Para el MDM, la solidaridad no es un concepto abstracto, sino una práctica política que nos obliga a estar donde los pueblos defienden su dignidad.
El derecho internacional como trinchera
Nuestra misión en Venezuela fue clara: romper el cerco mediático. Desde la Brigada, denunciamos el secuestro institucional y la persecución política que sufre el país. Exigimos el respeto irrestricto al derecho internacional y a la autonomía de los pueblos.
En este sentido, nuestra voz se unió en un solo grito para reclamar la plena libertad y el cese de las medidas coercitivas contra el presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente, Cilia Flores. Entendemos que los ataques contra ellos buscan decapitar un proyecto político que se atrevió a decir «no» al dictado de las potencias imperiales.
Solidaridad feminista y antiimperialista
La brigada fue un éxito rotundo de organización. Representantes de todo el mundo constatamos que el feminismo, si no es antiimperialista, es solo una etiqueta vacía. Nuestra presencia allí fue un acto de solidaridad internacionalista con el pueblo venezolano y un sello de compromiso inquebrantable con la Revolución Bolivariana.
«Mientras el imperialismo envía sanciones y bloqueos, el MDM y las mujeres del mundo enviamos reconocimiento y apoyo mutuo. Somos el escudo humano de una esperanza que se niega a morir».
La verdad de las calles: El Poder Popular en marcha
Frente a la narrativa de «caos» que exportan las agencias de noticias hegemónicas, nosotras vimos un pueblo vibrante. Tuvimos la oportunidad de ser testigos directos de la primera consulta popular de los circuitos comunitarios del 2026.
Fue revelador ver cómo, a pesar de las injerencias externas y el sabotaje económico, el pueblo venezolano avanza hacia formas de democracia directa. Ver a las comunidades —lideradas en su mayoría por mujeres— decidiendo sus propios proyectos y gestionando sus recursos es la prueba irrefutable de que la Revolución sigue viva en las bases. Venezuela no solo resiste, sino que propone un modelo de vida comunal que desafía la lógica del capital.
Conclusión: La lucha sigue
Regresamos a nuestros países con la responsabilidad de ser altavoces de lo que vivimos. Las Brigadas Cilia Flores continúan en cada artículo, en cada acción feminista y en cada espacio donde denunciemos el imperialismo. Como herederas de la lucha del MDM, sabemos que la libertad de las mujeres es inseparable de la soberanía de sus naciones.







