Opinión

¡Perded toda esperanza! (¡Lasciate ogne speranza!)

El yoismo es el pastiche postmoderno que dicta el alejamiento de la sociedad, la negación de lo social.
Círculos concéntricos | Fuente: publicdomainpictures.net
Fuente: publicdomainpictures.net / Public domain

El capitalismo necesita a la distopía. ¿Cómo podría describirse si no un mundo salvaje donde un mínimo número de personas dominan, explotan, empobrecen y se follan a quien cae, como cuando éramos los conquistadores y cogíamos a indios, negros o cualquier otro ser aplastable? (destaco cómo Stanley Kubrick nos mostró ese mundo monstruoso y ridículo en su última película). O los pigs que contrataban un safari humano en Sarajevo (seguro que en otros sitios han tenido sitio en la barrera).

Cómo podemos vivir en paz si se está confirmando lo que James Petras nos advertía en los 90, que nuestros hijos e hijas van a vivir peor (sin poder imaginar cuánto de malo).

Todavía tengo el sabor en la boca de tanta Palestina asesinada, cuando estamos metidos en más guerras.

En el futuro no se ve cómo vamos a construir un mundo racional y justo, vamos a restaurar la relación con la naturaleza, o construyamos un mundo de igualdad entre todas. El futuro lo marcan los ricos, los que no quieren resolver los problemas de la Tierra, los que planifican colonias en Marte, que serán como las mansiones de Epstein, con acceso restringido. Lo que vemos, es la concreción del triunfo de los capitalistas en la lucha de clases. Y un profundo odio de clase.

¿Vemos ahora la potencia de la afirmación de Jameson de que somos más capaces de imaginar el final del mundo que el fin del capitalismo?

En principio, la distopía es la negación de cualquier progresismo. No, el ser humano no progresa porque sea la ley de la historia. Claro que se puede retroceder. Hasta la Edad Media, como vivimos en occidente, o directamente al neolítico, como Gaza. La humanidad sólo ha avanzado a patadas, eso que llamamos revoluciones.

La distopía es la dictadura del miedo. Da miedo mirar fuera. Si en algunos sitios de occidente aún no vivimos la guerra, toda la cultura que nos rodea es la cultura de la guerra, de la amenaza, de la supervivencia en nuestros propios refugios.

Aunque el efecto más duradero de la distopía es la de perder toda esperanza. Nada de lo humano sirve de referencia. Se impone una ley inexorable que es la del poder desbocado, un poder que ha concentrado una riqueza inimaginable incluso para la burguesía tradicional.

En mi relación con la adolescencia veo cosas diferentes a lo que los medios de comunicación nos quieren enseñar, en esa tradición de que los adultos digan lo que piensan los jóvenes. Pero una de las cosas más tristes que escucho es ese “no hay nada que hacer”.

Imaginemos que somos jóvenes y miramos al mundo desde nuestra posición, la clase trabajadora. Porque hay jóvenes que o viven en el seno de las élites actuales, o aspiran a serlo. Un mundo aspiracional en la que tienen éxito los pequeños Nicolás, los novios de Ayuso, o el hijo del Duque de Feria (ven a Sevilla y te contamos). El pijerío del que sale Vox.

Es un momento en el que tener estudios universitarios no asegura ni siquiera tener un trabajo que coincida con tus intereses y te permitan vivir con holgura. Que sin tener estudios universitarios todo se vuelve más precario, teniendo como referencia el Salario Mínimo Interprofesional. Porque eso sí, nadie se plantea la lucha por el Convenio Colectivo, sino más bien, el poder cambiar de trabajo (trampa para la clase trabajadora). Que te tienes que ir a vivir a 20 o 30 kilómetros de tu trabajo, porque es imposible acceder en condiciones de igualdad al “mercado de la vivienda”. Y que desde la infancia, en su relación con los videojuegos y las redes sociales, el mundo es el mercado.

Un capitalismo que ha experimentado el beneficio del caos, de la destrucción/construcción, de la amenaza para sacar de un país todo lo que le sea útil. El caos funciona como el olor a sangre en aguas atestadas de tiburones. Y mientras, China desarrollando su Plan Quinquenal.

El ser humano es dueño de su historia

Esta afirmación marxista corre hoy peligro de ser robada por la postmodernidad. Veamos.

¿Acaso hoy no se entiende eso de ser dueña de tu historia como aplicación de la “psicología positiva”? Olvídate de los demás, haz tu propia historia, tu YO marca la norma, tú puedes…

Como referencia tenemos la salida a la brutal crisis social y económica de EE.UU. a mediados de los 70. La crisis del petróleo en un país concebido para el coche. El cierre masivo de fábricas medianas y traslado a países más baratos de las grandes (cualquier empleado de una embotelladora en el Medio Oeste podía encontrar un cierto nivel de consumo, hasta ese momento). La crisis moral del Watergate. La derrota yanki en Vietnam. Magnicidios. Y la terrible sospecha de que quien nos gobierna está en la sombra y es capaz de asesinar a un presidente. Pero sobre todo, el cuestionamiento de la América tradicional durante la Revolución Cultural de los 60. Es desde ahí donde se plantea la necesidad de una Batalla Cultural derechista que ponga las cosas en su sitio. Una lucha que tuvo como primer hito la elección de Ronald Reagan (la Mayoría Moral).

El principal elemento de lucha fue romper el vínculo del YO con la sociedad. Una década en que la juventud se enfrentó a la Guerra de Vietnam, que se proponían revoluciones para construir un mundo mejor… Todo eso es una chorrada. Céntrate en el YO.

Deberíamos hacer un recorrido de las locuras del yoismo, desde las terapias, a los influencers y vendedores de humo. Cómo el patrón acoge con gusto esta “psicología positiva”, y te dice que te guardes la rabia donde te quepa; que si sientes ese rencor porque te están explotando, cambia de actitud, y no mantengas conversaciones tóxicas con los demás. Tóxica es la reivindicación, el criterio propio, la dignidad frente a las amenazas del empresario… Os aseguro que vivo esta nueva cultura empresarial en mis carnes de trabajador de una gran empresa. La que ha cambiado la formación profesional que está obligada a dar (y subvencionada) por coachs, maestros del mindfulness o cualquier otro brujo, manipulador y vendido, en vez de seguir formándonos con buenos técnicos. Como nos dijo una directora al inicio de un periodo, “lo importante es la actitud” (todos los significados de esta frase son chungos).

El YO está vacío. No somos nada en sí mismo. Nada de los humano puede prescindir de la sociedad donde nacemos y nos determina; es en la sociedad, empezando por la familia, donde nos desarrollamos; en la sociedad aprendemos y trabajamos; hasta lo más íntimo, como el propio deseo o la reflexión personal, es relacional, necesita a los y las otras.

“Treinta radios convergen en el centro
de una rueda,
pero es su vacío
lo que hace útil al carro”.

Es lo que dice Lao Tse en el Tao Te King (¡toma orientalismo!, ¡que aprendan los nuevos brujos!). Tanto orientalismo en las nuevas espiritualidades postmodernas, las más adaptadas al capital 1, son una mala o malintencionada lectura de los textos del taoismo y el budismo. No del Confucionismo, que es tan oriental como los otros, pero es la filosofía de cómo puede funcionar una sociedad compleja y su Estado. Un confucionismo recogido en la obra de Mao y presente en la política china actual.

Pero debemos impugnar a Lao Tse, ya que el vacío por sí mismo no es nada. Adquiere importancia en relación con el eje y con los radios que transmiten el movimiento y distribuyen el peso. El yoismo es el pastiche postmoderno que dicta el alejamiento de la sociedad, la negación de lo social. Como Robinson Crusoe (aunque este tuvo un esclavo en la isla), como los personajes de esos programas televisivos yankis que alaban la vida bajo cero y solitaria en Alaska o en medio de la selva.

El YO es inmoral. No es posible tener normas que regulen la convivencia, porque chocan con la voluntad propia. Imagina un narco asumiendo que “yo sí puedo”, que todo será como quieras, que te vas a desarrollar personalmente… delinquiendo, pero muy desarrolladito. Lo mismo que Peter Thiel, Elon Musk o Donald Trump.

No es posible el conocimiento, si la referencia es el YO. Por eso se te acercan tantos colgaos contándote cómo los alienígenas viven entre nosotros y tienen un plan.

Ante la distopía en que vivimos, este Valle de Lágrimas en el que tienes que perder toda esperanza, en este Infierno, antes que nada debemos enfrentarnos a esta filosofía que es tan alienante para quien no tiene el poder (la más absoluta mayoría), solo le queda salvarse a sí mismo. No ir al cielo, sino sobrevivir.

Restaurar el nosotros y nosotras, el encuentro físico (que ya aburre Tinder), el zoon politikon, el ser social que somos, es la condición imprescindible para poder mirar al futuro. También en nuestras organizaciones de izquierdas, a ver si se comportan como la inteligencia colectiva que nos permita proyectar un futuro socialista.

Nota:

  1. https://mundoobrero.es/2026/01/16/el-regreso-de-los-brujos/ ↩︎

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