Ormuz da nombre a un estrecho naval de 38,8 kilómetros de anchura y 50 metros de profundidad media, por donde surcaba, hasta el 28 de febrero, casi la cuarta parte del petróleo, el gas y los fertilizantes agrícolas del mundo. Además, bajo sus aguas, discurren importantes nudos de comunicaciones y fibra óptica que conectan Asia, África y Europa.
Hoy se encuentra doblemente bloqueado, parcialmente por Irán, que se opone a que lo crucen buques de países aliados de Israel y de Estados Unidos, y también, según alardea Donald Trump, totalmente bloqueado por él mismo. Se accede al Estrecho, inserto en el Golfo Pérsico, desde el mar de Omán, mucho más profundo, unos 1.800 metros de profundidad, mediante un giro de casi 90 grados que los petroleros deben aplicar a sus proas para adentrarse en aquel desfiladero marítimo tras vadear una península omaní.
Pronto salen a su encuentro tres islas, la de Ormuz, muy pequeña y la de Larak, de unos 50 kilómetros cuadrados y una población estimada en 450 personas, que alberga una base naval de Pasdaran, la Guardia islámica de Irán, con una numerosa flotilla de lanchas ligeras artilladas. Larak dista unos 30 kilómetros del litoral iraní al Pérsico y al Índico, línea de costa de unos 2.600 kilómetros de longitud desde el Chat el Arab, embocadura hasta el mar del Tigris y el Eúfrates mesopotámicos, hasta la frontera iraní con Pakistán, en la región fronteriza de ambos países en el área de Baluchistán, tierra de fuego en persa.
Apenas a 8 kilómetros de la isla de Larak se encuentra la isla de Qeshm, mucho más extensa, con 1.450 kilómetros cuadrados de superficie y una anchura media de 25 kilómetros, entre 9 y 45 kilómetros. La población estimada es de 120.000 habitantes, residentes en 60 localidades distribuidas por la superficie insular.
Ya en el confín norte del Golfo Pérsico, a unos 480 kilómetros del Estrecho de Ormuz, se encuentra la denominada “isla prohibida” de Jark, de unos 25 kilómetros cuadrados de extensión, que acoge importantes terminales, no las únicas, de distribución naval del petróleo que Irán exporta al mundo por esta vía. Se halla situada frente al litoral iraní y la ciudad de Bushehr, sede de la primera central nuclear construida por la empresa alemana Siemens bajo el mandato del sha de Irán, Reza Pahlavi, destronado en 1979 por la revolución iraní. Sometida a rigurosos controles militares, Jark cuenta con una población estimada en 8.000 personas, señaladamente obreros del petróleo, militares y policías. Según distintas fuentes, Jark tiene capacidad para exportar diariamente 7 millones de barriles de petróleo.
Más al Norte se encuentra el puerto de Bandar Jomeini, antes Bandar Shapur, por donde Irán exportaba gran cantidad de graneles, mercancías a granel, sin envasar, como fertilizantes, alimentos o minerales. Además, en la zona septentrional y media del Golfo Pérsico, los ingenieros iraníes del petróleo han detectado hace apenas un par de años una de las bolsas de gas más copiosas del mundo, en unos yacimientos denominados Pars 2.
Siete países empleaban este mar interior, llamado Pérsico o Arábigo, según el país del que se trate, para el comercio en general y, particularmente, el energético por vía exportadora: Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Qatar, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos e Irán. Ahora, el bloqueo lo ha clausurado del todo, de ser ciertas las afirmaciones del presidente estadounidense Donald Trump. El desabastecimiento de petróleo, gas y fertilizantes está afectando y afectará más aún a Europa, además de China, India, Japón, Filipinas, Indonesia y Australia. La escalada de precios de alimentos, transportes, medicamentos, solo ha iniciado sus primeras y desorbitadas alzas.
El dicterio de Zoroastro
Conviene destacar que el nombre Ormuz es una occidentalización de Ahura Mazda, la divinidad zoroastriana. Fueron los portugueses, asociados a los españoles, quienes a finales del siglo XVI establecieron en Ormuz una importante base naval que controlaba el tráfico marítimo por del Oceáno Indico, con miras a abastecerse y abastecer sus posesiones en Goa, Daman, Diu, Dadra, Dagar y Bombay, en la India, y Macao, en China.
Enemigo de Ashura Mazda es Ahriman, dios de las tinieblas y la oscuridad que, en su combate con la Luz, será derrotado y la divinidad luminosa gobernará el mundo, que se hallará hasta entonces dominado por la opresión y el fuego devorador. Todo un vaticinio mágico sobre el desenlace que aguardaría a quien osara cercar Ormuz.
Es de destacar que el Estrecho irano-omaní- Omán y los Emiratos Árabes Unidos ocupan el litoral confrontado al persa, cuenta en su espaldar persa con una cordillera de elevadas y escabrosas montañas, los montes Zagros, que descienden desde el Kurdistan, en el noroeste de Irán, hasta la angostura de Ormuz, unos 1.500 kilómetros, aproximadamente al Sur. A partir del sotomonte de esta impenetrable cadena montañosa comienza una zona desértica de enorme profundidad. Irán posee uno de los desierto más inhóspito del mundo, el Dasht-e-Kevir.
La geografía descrita determina la práctica imposibilidad de conquistar territorialmente Irán desde el larguísimo litoral sobre Golfo Pérsico. Pero parece que los estrategos de Washington detestan comprobar los mapas antes de entrar de hoz y coz en escenarios como Afganistán, Irak o Vietnam, donde cosecharon rotundas derrotas o reveses derivados de la impericia militar más evidente.
La batalla política
Empero, la batalla principal allí librada es política. Todo empezó cuando Israel, al que la indulgencia de Occidente basada en el complejo de culpa derivado de las atrocidades del nazismo, consintió en que se dotara de armas nucleares, vió que Irán optaba por disponer de armas semejantes, Israel percibió que se hallaba en peligro su monopolio atómico y decidió impedirlo a sangre y fuego. Concedía valor absoluto a ciertas baladronadas del régimen de Teherán sobre la deseada destrucción del Estado judío, cuando se trataba, al decir de los especialistas, de meras amenazas verbales para alimentar un discurso ideológico sin recorrido alguno.
Otra cosa es que Irán quisiera dotarse de un glacis de seguridad propio, con respecto a Irak, el Kurdistán, buscando alianzas militares con la Siria de los Assad o con Hezbollah en Líbano o Hamás en Gaza, para hostigar a Israel por organizaciones armadas interpuestas. Pero en ningún caso se trataba de amenazas verdaderamente existenciales contra el Estado de Israel.
El caso fue que sucesivos Gobiernos hebreos permitieron enjugar la presión demográfica judía, la potente migración sobrevenida al territorio israelí tras el Holocausto, derivándola hacia Cisjordania, dando luz verde al robo a mano armada de tierras palestinas por parte de colonos de extrema derecha amparados por el IDH, las denominadas Fuerzas de Defensa de Israel. La constante vulneración del Derecho Internacional y de las resoluciones de Naciones Unidas por parte de autoridades judías, combatida a tiros y secuestros por la Organzación para la Liberación de Palestina, regida por Yasser Arafat, se enquistó durante años y distintas iniciativas de paz, Camp David, Oslo, acometidas por ambas partes con mediación estadounidense o Noruega, respectivamente, fracasaron, señaladamente. Ello fue debido a múltiples factores, no el menor la incapacidad de distintas autoridades de Israel, sobre todo militares, para admitir la obviedad que Palestina pertenece a los palestinos. Todos los elementos para un permanente conflicto estaban dados.
Muchas cancillerías olvidan el hecho de que cuando el imán Ruhollah Jomeini consolidó su acceso al poder en Irán, uno de sus primeros visitantes lo fue, precisamente, Yaser Arafat. De aquella entrevista, el líder palestino salió horrorizado pues el anciano ayatola le exigió que disolviera la OLP, abandonara el socialismo y regresara al islam si quería que la República Islámica ayudara a la causa palestina.
Aquello formaba parte de la voladura controlada que sectores ultrarreaccionarios del islamismo, con el aplauso de la derecha y la extrema derecha occidental, se propusieron desplegar contra el panarabismo, el socialismo, el baasismo, el nacionalismo, el comunismo y el nasserismo. A todos ellos les disputaba la hegemonía ideológica, de ahí el apoyo occidental a la instauración de un régimen enemigo de los enemigos del Imperio como el encarnado por la República Islámica de Irán.
Hoy, cuando Irán se enfrenta el designio imperial israelo-estadounidense por mor de su deseo de dotarse de una autonomía geopolítica y geoeconómica, la nuclear incluida, que no están dispuestos a autorizarle, las posibilidades de un cambio de régimen en Irán se desvanecen casi al completo: y ello, porque la oposición nacionalista, socialista, demócrata, nacionalista, comunista, incluso la islamista moderada, de Irán fue decapitada por los islamistas más radicales en sucesivas purgas con el aplauso, entonces, del hoy declinante imperio estadounidense. No hay posibilidad de que el régimen, pese a su debilidad y a la precariedad existencial en la que el pueblo iraní se encuentra, sea hoy por hoy derrocado, entre otras razones porque un pueblo bombardeado por fuerzas extranjeras jamás se brinda a dejarse bombardear para acabar con el régimen que le oprime.
Por otra parte, poner al mundo entero patas arriba, para derrocar a un régimen a cuyo oprimido pueblo se pretende salvar bajo las bombas lanzadas por su salvadores, no es solo una arrogante imbecilidad, sino la expresión suprema del desquiciamiento que se ha apoderado de las élites política y militares, también de decenas de miles de electores, de países como Estados Unidos e Israel.
Fuente: elobrero.es







