Cada 28 de abril el movimiento obrero recuerda a quienes no volvieron del trabajo. Pero en el Estado español tenemos otra fecha clave: el 28 de mayo, Día de la Salud Laboral. Una jornada de lucha para denunciar que, pese a leyes y discursos oficiales, la siniestralidad sigue siendo una vergüenza nacional.
Las cifras que no cuentan toda la verdad
En 2023 se superaron los 800.000 accidentes con baja y más de 800 muertes en jornada laboral o in itinere. Sin embargo, los sindicatos de clase llevan años advirtiendo: estas estadísticas solo muestran la punta del iceberg. La infradeclaración de enfermedades profesionales es estructural. Mientras en Alemania se registran decenas de miles de casos al año, aquí el sistema legal obliga al trabajador a demostrar que su cáncer o su dolencia musculoesquelética están derivadas del trabajo. El resultado es que la mayoría de estas patologías acaban como “contingencia común”, ocultando la verdadera dimensión del desastre.
La precariedad: el peor agente patógeno
No hay prevención sin empleo estable. La temporalidad, la parcialidad no deseada y la rotación constante impiden la formación adecuada. Un trabajador con contrato de horas sabe que quejarse por falta de medidas de seguridad puede costarle la no renovación. La subcontratación en cadena diluye responsabilidades: en construcción, logística o industria, quien realiza el trabajo de mayor riesgo suele ser la empresa auxiliar que menos invierte en protección.
En construcción, logística o industria, quien realiza el trabajo de mayor riesgo suele ser la empresa auxiliar que menos invierte en protección
Riesgos psicosociales: la epidemia invisible
El estrés, el burnout y el acoso laboral son hoy los principales problemas de salud en el trabajo. La hiperconectividad y el control algorítmico han desdibujado la frontera entre vida y trabajo. Sectores como el reparto de plataformas o los call centers viven bajo la dictadura de un algoritmo que castiga los descansos y premia la autoexplotación. El derecho a la desconexión es papel mojado cuando la presión por objetivos no cesa. La salud mental debe ser considerada riesgo laboral con los mismos derechos que un accidente físico.
Perspectiva de género: otro enfoque necesario
La salud laboral no es solo cosa de hombres en la construcción. Las trabajadoras de limpieza, cuidados, hostelería y comercio sufren altas tasas de trastornos musculoesqueléticos y una doble carga: la del trabajo remunerado y la de los cuidados no pagados. El acoso sexual y discriminaciones por razón de sexo sigue siendo un ámbito donde muchas empresas carecen de protocolos eficaces. Las empleadas de hogar, con un régimen especial aún precario, ven sistemáticamente ignoradas sus dolencias.
Amianto: la deuda pendiente
A pesar de estar prohibido desde 2002, el amianto sigue matando. Miles de trabajadores están expuestos en edificios públicos, industrias abandonadas y tuberías. Los sindicatos llevan años exigiendo un Plan Nacional de Retirada del Amianto con financiación y un censo real. Cada mes, más personas mueren por mesotelioma que por accidentes de tráfico, y la mayoría de esas muertes no se cuentan como accidente laboral.
Inspección de Trabajo: falta de medios
La Inspección de Trabajo y Seguridad Social tiene una ratio de efectivos muy inferior a la media europea. Las campañas preventivas son escasas y las sanciones, en muchos casos, poco disuasorias. Las empresas calculan que pagar la multa sale más barato que invertir en seguridad.
El papel sindical: prevención que salva vidas
Los delegados y delegadas de prevención son la principal barrera contra la desregulación. Pero su labor se enfrenta a falta de tiempo, represalias y la externalización de los servicios de prevención, que a menudo actúan como meros auditores al servicio de la empresa. Desde los sindicatos reclamamos:
—Refuerzo de la Inspección de Trabajo especializada en prevención.
—Que la responsabilidad en prevención sea solidaria entre contratistas y subcontratas.
—Incorporación de los riesgos psicosociales en la negociación colectiva con la misma exigencia que los físicos.
—Reconocimiento legal de la figura del delegado sindical de prevención territorial para sectores con alta precariedad.
28 de mayo: movilización y memoria
La salud laboral no es un asunto técnico, sino otra expresión de la lucha de clases. Frente a la individualización de los riesgos y la victimización de quien sufre el accidente, el movimiento obrero debe recuperar la iniciativa.
El empresariado está envalentonado por el avance de la ola reaccionaria de la derecha y la ultraderecha. Su objetivo es criminalizar la enfermedad, el derecho a la baja médica y a la sanidad pública (con su demagógica cruzada frente a lo que llaman “absentismo”), para dar el poder absoluto a las mutuas sanitarias privadas y perseguir a la clase trabajadora.
Cada muerte o accidente de trabajo evitable son responsabilidad directa de la patronal, que debe tener consecuencias penales y no solo administrativas. Ante este drama humano y cotidiano para la clase obrera resultan una barbaridad las propuestas del PSOE —a través del Ministerio de la Seguridad Social— que para quedar bien con la patronal y alinearse con parte de su discurso, plantea el “alta progresiva”. Igual que la propuesta que el PSC intentó promover a través de la Generalitat catalana para incentivar económicamente a los centros de salud que acorten las bajas laborales.
Este 28 de mayo, saldremos nuevamente a la calle para exigir:
—Menos cifras maquilladas y más inspecciones.
—Menos algoritmos que exprimen y más protección para la salud mental.
—Menos amianto sin retirar y más planes reales de descontaminación.
La capitalismo y la precariedad matan. La vacilación y la complicidad institucional con la patronal matan. Solo la organización de la izquierda, del sindicalismo de clase y la movilización en defensa de la vida y la sanidad pública, frente a la lógica del beneficio privado, pueden revertir esta situación. Porque el derecho a la salud en el trabajo es el derecho a una vida digna.






