IN MEMORIAN

Rafael Taibo: Mucho más que «la voz de dios»

Taibo dirigió el Club de Amigos de la Unesco desde 1963 hasta 1980, resistiendo a la presión de la Brigada Político Social, el terrorismo fascista, el TOP y Fraga.
29 de septiembre de 1964. Inauguración del centenario de Unamuno. De izquierda a derecha: Ricardo Domenech, José Monleón, Elena Soriano, Rafael Taibo, Antonio Buero Vallejo, Ramón Marra López y Eloy Terrón | Fuente: Caum
29 de septiembre de 1964. Inauguración del centenario de Unamuno. De izquierda a derecha: Ricardo Domenech, José Monleón, Elena Soriano, Rafael Taibo, Antonio Buero Vallejo, Ramón Marra López y Eloy Terrón | Fuente: Caum

“Me dio la sensación de entrar en un país libre en el que se podía hablar, y no de cualquier cosa, sino de todo aquello que en la calle no se podía decir, o que había que decir en voz baja, muy bajita. Me dije: Vaya, por lo menos aquí se respira libertad”. Carmen Nogués, a propósito del Caum en los años del franquismo

Con los versos de los poemas de Antonio Machado, “Daba el reloj las doce”, recitado por su hijo Víctor Taibo, y “He andado muchos caminos”, en una grabación realizado por Rafael Taibo, familiares y amigos hemos despedido este miércoles los restos mortales del que fuera presidente del Club de Amigos de la Unesco de Madrid (Caum) desde 1963 hasta 1980: Rafael Taibo Carballo. Enlace del poema de Machado recitado por Rafael Taibo.

Apodado “la voz de dios”, Taibo se formó en los cuadros de actores de Radio Madrid forjando una de las voces más singulares, de una sonoridad y dicción que rozaban la perfección, de la radio española. La podemos apreciar, entre otros, en los documentales del comandante Cousteau o el cuento sinfónico “Pedro y el Lobo” (minuto 9:28). Durante años fue la voz de las retransmisiones de los conciertos de Radio 2, la actual Radio clásica. Dejo estos apuntes para quien quiera profundizar en su faceta profesional, que es inmensa, pero no el objeto de esta semblanza.

Rafael Taibo fue uno de los jóvenes que en los años sesenta del siglo pasado se acercaron al recién constituido Caum buscando que las organizaciones internacionales en las que se había integrado España permitiesen abrir una rendija de libertad en la muy espesa represión de la dictadura del general Franco. [1]

En el año 63 se produjo un debate sobre si el Caum debía ser una asociación estrictamente cultural, que no generase problemas al régimen, una especie de parnasillo, o debía, por el contrario, utilizar los convenios internacionales suscritos por España como punta de lanza de la reivindicación de derechos y libertades democráticas. La inclusión o no de la declaración de Naciones Unidas de los Derechos Humanos en la documentación para el debate marcó la divisoria entre ambas posiciones.

Un grupo de los partidarios de la segunda opción se presentó una noche en casa de Rafael Taibo y le propusieron que se presentase a la presidencia del Caum. Rafael aceptó. Tanto en esa decisión como en las que tendría que tomar durante los próximas dos décadas, Taibo pondría al Club por delante de sus intereses y deseos. No fue gratis. Su hijo Víctor explicó que la lucha le costó el despido de Radio Nacional a manos de Eduardo Sotillos, en ese momento defensor de los Principios del Movimiento en la radio pública y unos años después, portavoz del Gobierno con Felipe González.

Una de las razones que aconsejaban la elección de Taibo como cabeza visible del Caum presidente era que no tenía antecedentes penales y no militaba en ningún partido, es decir, que estaba, en la medida en que eso era posible, a salvo del aparato represor del régimen.

Estamos hablando de diciembre de 1963. Julián Grimau había sido fusilado en abril y los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado habían sido ejecutados con garrote vil en agosto. Es el año de la creación del Tribunal de Orden Público que en 14 años procesaría a más de veinte mil personas de las que condenaría a la mitad a penas de prisión que sumarían once mil años de cárcel por delitos como pertenencia a sindicatos, partidos políticos o propaganda ilegal.

No se equivocaron los que pensaron en Taibo como presidente del Caum. Tenía una amplia formación y una vasta cultura general, especialmente literaria y musical, que ayudó a imprimir una dinámica de actividades que en muy pocos meses convirtió al Caum en un polo de atracción para aquellos que concebían la cultura, la educación y la ciencia como elementos de liberación frente al adocenamiento reinante. Los homenajes a Unamuno y Machado (duramente reprimido), la primera actuación de Raimon en Madrid o la prohibida de Paco Ibáñez, las primeras charlas sobre sexualidad son solo un botón de muestra de la participación de la flor y nata de la intelectualidad y de la cultura en los actos que se realizaron.

No da este escrito para contar toda su trayectoria como presidente hasta 1980, pero, para quienes deseen profundizar, aconsejo el libro Tantas vidas, tantas luchas, escrito por el periodista Antonio Gómez con ocasión del 50º aniversario del Caum. Me voy a limitar a tres sucesos que muestran el clima en el que se vio obligado a moverse.

Además de las actividades culturales, la difusión de la Declaración Universal de Derechos Humanos se había convertido en la prioridad del Caum. Compraron una máquina Offset y la imprimieron en un tríptico que permitía que se pudiese llevar doblada en la cartera o en un bolsillo de la chaqueta. El resultado fue la siembra de más de dos millones de declaraciones que tuvieron la consecuencia no prevista de que la mayoría de los militantes antifranquistas que caían en las garras de la DGS fuesen portadores de dicho impreso del Caum, y lo que era peor, que intentasen utilizarla para justificar la legalidad de los actos que el régimen consideraba delictivos. Todo ello debió de poner al Caum en el ojo de la represión, suponiendo que no lo estuviese ya.

El 10 de diciembre de 1964 el Caum celebraba el XVI aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos con cuatro conferencias: la primera, a cargo de la condesa de Campo Alange, María Laffitte y Pérez del Pulgar, que acababa de publicar el libro “La mujer en España, cien años de historia”. Era una persona comprometida con la lucha por la democracia y con la liberación de la mujer. A continuación, le tocaba el turno a Ramón Tamames, que en 1962 había publicado el libro “Estructura económica de España”, libro de cabecera en aquel momento de la oposición comunista. Le seguía el biólogo Faustino Cordón, ampliamente fichado como comunista, y cerraba el acto la intervención del catedrático de ética José Luis López Aranguren, considerado un traidor por los sectores falangistas del régimen.

Cuando el acto iba a dar comienzo se personó en el Caum Carlos Robles Piquer, director general de Información del Ministerio de Información y Turismo y cuñado de Fraga Iribarne, a la sazón ministro de ese ministerio. Taibo aún no había llegado. “Siempre llegaba tarde, porque salía tarde del trabajo” recuerda su compañera María Teresa, “como el día de la bomba, que llegó cuando ya estaban sacando a Lola y Luis Enrique. De haber llegado antes es muy probable que hubiese abierto el paquete pensando que era un libro”. María Teresa sí estaba y acababa de dejar la sala de secretaría cuando se produjo la explosión que dejó ciega a la secretaria de propaganda, María Dolores Martínez, Lola, y amputó una mano al secretario general, Luis Enrique Barahona.

Volviendo al 10 de diciembre de 1964. En ausencia de Taibo, Eduardo Paramio, secretario general del Caum y moderador del acto, pidió a Robles Piquer, en atención a su cargo, que se sentara en la mesa presidencial, en cuya esquina ya habitaba el habitual policía de la Brigada Político Social.

Cuando llegó al Caum, Taibo fue advertido de la presencia de Robles Piquer, por lo que en vez de acudir al salón de actos se fue a la sala de secretaría intentando no encontrarse con Robles Piquer. Este, aguantó las intervenciones de los ponentes dando muestras de desagrado hasta que, al finalizar, se levantó airado pidiendo a gritos que le llevaran ante el presidente. Robles Piquer irrumpió en la secretaría de abriendo violentamente la puerta diciendo que aquello era un “nido de rojos y subversivos que no se podía tolerar”. Taibo aguantó el tirón intentando explicar el ideario de la Unesco, pero Robles Piquer, como buen fascista que solo atendía sus razones, se fue sin escuchar. A partir de ese momento, los inconvenientes que ya había sufrido el Caum no hicieron más que multiplicarse hasta que un año y dos meses después, en febrero de 1966, se producía el primer cierre y la prohibición del Boletín, que, a pesar de sus escasos medios técnicos y profesionales, había tenido gran éxito. El Caum volvió a abrirse, pero el Boletín no volvió a ver la luz hasta después del último cierre, a finales de 1976.

El segundo suceso tiene lugar la noche del 25 al 26 de enero de 1969. El 25 por la tarde estaba señalada la asamblea anual y el club estaba a rebosar cuando, minutos ante de comenzar, se presentó la Policía de la DGS y clausuró el Caum por segunda vez. Aunque en el registro del local no se encontró material subversivo alguno, los asistentes fueron fichados a la salida y esa noche algunos socios fueron detenidos, entre otros, los miembros de la ejecutiva Eloy Terrón y María Luisa Quesada. Esa noche, varios miembros de la ejecutiva con Taibo a la cabeza enviaron un telegrama al director general de la Unesco denunciando lo sucedido y se pusieron en contacto con varios corresponsales extranjeros para informarles de la represión. A la mañana siguiente, Taibo pidió una reunión con el ministro de Exteriores y le remitieron a un subordinado al que amenazó con pedir asilo en algún país extranjero si los detenidos no eran puestos en libertad. Ese mismo día salieron en libertad. El Caum se volvería a abrir el 25 de marzo, tres meses después.

El tercer hecho al que quiero referirme se corresponde con el final del franquismo. Antonio Gómez titula este capítulo de su libro “La transición precintada”.

El 25 de febrero de 1975, de nuevo en medio de la celebración de la asamblea anual, volvieron a irrumpir los policías de la DGS con la orden de clausurar y precintar el Caum, clausura que se mantuvo inexplicablemente hasta noviembre de 1976. Cabe pensar que, en febrero de 1975, con Franco en declive, el régimen intentase silenciar a sus enemigos, pero no se entiende que, una vez muerto del dictador e iniciada la reforma política, se mantuviese clausurado el Caum.

La ejecutiva del Caum y muchos de sus socios llevaban un año movilizados contra el cierre por todos los medios a su alcance, por lo jurídico y por los pliegos de firmas sin conseguir la apertura, hasta se les ocurrió organizar una cena-homenaje a Rafael Taibo en el restaurante Biarritz como pretexto para mostrar el apoyo social que tenía la asociación. La cena estaba fijada para el 26 de mayo de 1975, pero una semana antes la Dirección General de Seguridad emitió un oficio prohibiéndola.

El 20 de diciembre, con Franco muerto hacía un mes, Rafael Taibo envió una carta al recién nombrado ministro del Interior, Manuel Fraga, pidiéndole una reunión, que el ministro convocó para el 2 de febrero. Taibo acudió acompañado del secretario general, Carlos Soto, y del jurista Luis Díez Pacheco. Según denunció Taibo, la reunión fue un acto de despotismo de Fraga a quien culpaba de haberse dirigido a ellos en “un tono de ordeno y mando que me tiene sonrojado de vergüenza”. Fraga les dijo que nadie sabía más que él de la Unesco y que el Caum debía limitarse a hablar de racismo y apartheid. “Que vengan Dios y los sucesivos directores generales de la Unesco y que lo vean”, le respondió Taibo a Fraga, quien puso fin a la reunión con la soberbia fascista que le caracterizaba: “¿Así que ustedes son perfectos? Pues con su perfección van a seguir cerrados”. Y es lo que ocurrió hasta mediados de octubre. Resulta de lo más sorprendente que ese Fraga, que mantenía cerrado el Caum, alentase como accionista la salida en esas mismas fechas del diario El País.

Nota:

  1. Este artículo está basado en la documentación que recoge Antonio Gómez en el excelente libro sobre el Caum Tantas Vidas, tantas luchas, disponible en el Caum. ↩︎

(*) Presidente del Caum

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