Antonio Maíllo (Lucena, Córdoba, 1966) licenciado en Filología Clásica y profesor de latín y griego en varios institutos en Sanlúcar de Barrameda, Aracena o Sevilla, su último destino tras ser elegido Coordinador Federal de Izquierda Unida, volverá a ser candidato a la Presidencia de la Junta en las elecciones autonómicas del próximo 17 de mayo. Ya lo hizo en 2015 y 2018 —como dupla en una candidatura unitaria— y esta vez encabezará la lista de la coalición Por Andalucía, integrada por IU, Movimiento Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz, y a la que a última hora se ha sumado Podemos. Maíllo, elegido por unanimidad, es el candidato de consenso que conjuga un perfil con experiencia orgánica e institucional, capacidad de articulación interna y reconocimiento público para tratar de reactivar el electorado de izquierdas.
Llevan un año trabajando para estas elecciones. En términos programáticos, la candidatura se articula alrededor de un eje claro: la defensa de los servicios públicos, la intervención pública como garante de igualdad y la respuesta a lo que consideran problemas estructurales de Andalucía, como el desempleo, la precariedad, la desigualdad territorial o el deterioro de la sanidad pública. Maíllo ha insistido en que “Andalucía tiene solución” si se aplican políticas públicas orientadas a las mayorías sociales, con participación de sindicatos, organizaciones sociales y colectivos sectoriales en la elaboración del programa. Disputan la política liberal y privatizadora de Juan Manuel Moreno Bonilla con propuestas concretas en ámbitos como vivienda, educación y transición ecológica.
El reto es grande, porque a pesar del deterioro de los servicios públicos y los sucesivos escándalos en materia de sanidad, como resultado de la jibarización de recursos y el trasvase de fondos públicos a la sanidad privada, Bonilla roza la mayoría absoluta en intención de voto. Vox espera que no lo consiga, como sucedió en Extremadura, Aragón y Castilla y León, para poder implantar sus medidas más ultras como ya lo hizo en el primer gobierno de Moreno Bonilla.
Antonio Maíllo es la figura clave para redefinir el espacio político a la izquierda en Andalucía, con el objetivo declarado de disputar la hegemonía del Partido Popular y ofrecer una alternativa basada en la defensa de lo público, la justicia social y un modelo económico más equilibrado territorialmente. Andalucía no es solo la última secuela de las últimas elecciones autonómicas. Muchos ven el 17 de mayo como la precuela de las próximas elecciones generales.
GEMA DELGADO: La campaña electoral se inicia con una buena noticia: Podemos se ha sumado a la coalición Por Andalucía, aunque desde fuera parezca que lo ha hecho arrastrando los pies después de los resultados de las elecciones autonómicas en Extremadura, Aragón y Castilla y León. ¿Es un primer paso para reestructurar la izquierda alternativa?
ANTONIO MAÍLLO: Sí, y además llega en un momento clave. La izquierda tiene que asumir que la fragmentación nos debilita y que la clase trabajadora nos exige otra cosa: cooperación, madurez y proyecto compartido.
Esto no va de tácticas, va de construir una alternativa real al modelo de Moreno Bonilla. Y para eso, cada paso en la dirección de la unidad es imprescindible.
La unidad no es un fin en sí mismo, es una herramienta para ser útiles. Y en Andalucía, con lo que está pasando en la sanidad, en la vivienda o en el empleo, la utilidad de la izquierda pasa por estar juntos y por ofrecer una alternativa creíble.
“La izquierda no está para gestionar lo existente, sino para transformarlo. Reconstruir es volver a ser reconocibles, coherentes y valientes”
G.D.: ¿Qué significa hoy “reconstruir la izquierda” en Andalucía?
A.M.: Volver a conectar con la vida real de la gente. Hablar menos de nosotros y más de los problemas cotidianos: cuánto cuesta alquilar, cuánto se tarda en una cita médica, qué futuro tienen los jóvenes.
Y también significa recuperar algo que nunca debimos perder: la ambición. La izquierda no está para gestionar lo existente, sino para transformarlo. Reconstruir es volver a ser reconocibles, coherentes y valientes.
G.D.: El pasado 19 de abril se celebró en Sevilla el segundo acto público de Un paso al frente. ¿Qué conclusiones ha sacado de este encuentro?
A.M.: Que hay un espacio político vivo y con ganas de hacer las cosas bien. Se respiró algo importante: cooperación real y leal entre las partes y dar la batalla en Andalucía.
Y también una idea compartida: si queremos ser alternativa, tenemos que ser capaces de construir proyecto, no solo reacción. Eso implica trabajo, generosidad y constancia.

G.D.: Centrándonos en Andalucía, ¿qué han supuesto estos 7 años de gobierno del PP?
A.M.: El deterioro de los servicios públicos, el debilitamiento de lo común, el incremento patrimonial de las rentas más altas y una barra libre para los fondos de inversión. Ese ha sido el modelo. Se ha cumplido de forma estricta el pacto del Partido Popular con Vox en 2019, consolidando un empeoramiento de la vida material de la mayoría.
En vivienda, la política ha sido la ausencia de política: dejar hacer al mercado y a la especulación. Y el llamado “milagro andaluz” no ha sido social, sino el de los fondos de inversión y las grandes fortunas, muy lejos de las clases populares.
G.D.: ¿Cómo ha repercutido en cuestiones como la violencia de género, el medio ambiente y la memoria histórica?
A.M.: Ha habido retrocesos claros. En igualdad, se ha blanqueado el discurso de la ultraderecha. En medio ambiente, se han relajado controles y protección. Y en memoria democrática, directamente se ha frenado el avance.
No son políticas neutras. Responden a una visión ideológica que desprotege a quienes más necesitan del amparo público.
G.D.: ¿Cuál es tu diagnóstico de la situación política actual en Andalucía?
A.M.: Hay una paradoja: empeoran los servicios públicos, pero el Gobierno mantiene apoyo. Eso tiene que ver con una derecha que ha sabido construir un relato, con fuertes coberturas mediáticas, y con una izquierda que tiene que hacer mejor su trabajo.
El diagnóstico es claro: hay un colapso en los servicios públicos que debe traducirse en una reacción también electoral. Porque, al mismo tiempo, empieza a haber una erosión en mucha gente que ya no se guía por el relato, sino por lo que ve en su vida cotidiana.
El reto es movilizar a quienes aún no han decidido votar y convencerles de que no solo hay una alternativa creíble, como la que representa Por Andalucía, sino que es imprescindible para construir un futuro común en nuestra tierra.
“Bonilla ha construido una imagen moderada que no se corresponde con sus políticas reales. Es ejecutor de su pacto con Vox en 2017”
G.D.: ¿Por qué Moreno Bonilla tiene tanto apoyo de la ciudadanía y qué representa dentro del Partido Popular?
A.M.: Hay que tener en cuenta las coberturas y apoyos mediáticos que han acompañado la construcción de su relato. Ha proyectado una imagen de moderación que no se corresponde con sus políticas reales: actuaba con supuesta tranquilidad mientras ejecutaba los recortes más grandes.
Representa un PP que evita el ruido y el exceso de exposición, pero que, en la práctica, ha ido cambiando el modelo para favorecer cada vez más a los intereses privados. Aun así, su figura empieza a erosionarse, porque cada vez más gente deja de guiarse por el relato y se fija en lo que ve en su vida cotidiana.
No es casual tampoco que en campaña se intente evitar la sobreexposición de perfiles como Ayuso, Aznar o Rajoy; del mismo modo que se diluye la marca del PP, también se busca tomar distancia de sus expresiones más duras.
G.D.: ¿En qué situación está Vox en España y por qué le vota tanta gente?
A.M.: Parece que se observa que Vox tiene un techo, pero sigue teniendo un suelo importante. Se alimenta del miedo, de la frustración y del abandono de determinadas zonas. Por eso haceN falta más recursos públicos y también la determinación de que al odio se le combate en la cotidianidad, en lo cotidiano, en la fila del pan, en la puerta del colegio o en el trabajo. Ni un respiro para el odio.
Combatirlo no es solo señalar sus barbaridades, que hay que hacerlo, sino ofrecer seguridad material: empleo, servicios públicos, horizonte de vida.
G.D.: Andalucía ha sido tierra de migrantes. ¿Cómo vive hoy la migración y cómo ha cambiado en los últimos años?
A.M.: Andalucía sabe lo que es emigrar. Por eso duele especialmente cuando se intenta enfrentar a quienes llegan con quienes están.
La migración debe abordarse con derechos, con políticas de integración y con rigor. Lo contrario solo genera conflicto y beneficia a quienes viven del odio. Estos días además hemos puestos las más de 150 sedes de IU Andalucía a disposición de las ONGs que quieran ayudar al proceso de regularización.
G.D.: Pasando a la parte propositiva, ¿qué ofrece Por Andalucía y cuáles son las tres prioridades principales de su programa?
A.M.: Reforzar la sanidad pública, garantizar el acceso a la vivienda y combatir la precariedad laboral. Tres prioridades claras que inciden directamente en la vida de la gente.
Hablamos de una sanidad que funcione, con más inversión, atención en 48 horas y fin de la privatización; de vivienda asequible, limitando precios y frenando la especulación; y de empleo digno, subiendo salarios y acabando con la precariedad estructural.
Sobre esos tres pilares se sostiene todo lo demás: igualdad, cohesión social y un modelo económico al servicio de la mayoría.
G.D.: Moreno Bonilla habla de la insostenibilidad del sistema sanitario público. ¿Cuáles son vuestras propuestas para recuperar su calidad?
A.M.: Recuperar la inversión pública, revertir los conciertos privados y acabar con el trasvase de recursos a la privada. La sanidad no puede ser un negocio, tiene que volver a ser un derecho garantizado en condiciones de calidad.
“La salud no puede ser un negocio. Tiene que volver a ser un derecho subjetivo y que salve vidas. Vamos a recuperar la inversión pública, reducir listas de espera y acabar con el trasvase de recursos a la privada”
Nuestra propuesta pasa por reforzar la red pública: garantizar el acceso a un hospital en todo el territorio, reducir las listas de espera y asegurar la atención en un máximo de 48 horas en atención primaria.
También es clave ordenar el sistema: incompatibilidad de directivos entre la pública y la privada y transparencia total en crisis como la del cribado de cáncer de mama. Solo así podremos reconstruir una sanidad pública fuerte y de la que volver a sentirnos orgullosos.
G.D.: El problema de la vivienda se agudiza con la gentrificación y los pisos turísticos. ¿Cómo afrontarán el acceso a la vivienda?
A.M.: Ni un piso turístico más y reorientación del parque hacia vivienda habitual. Las ciudades solo se recuperan si reducimos los pisos turísticos a la mínima expresión y garantizamos el derecho a la vivienda.
Planteamos una moratoria de estos alojamientos en las zonas tensionadas que identifiquemos, reducir de 10 a 5 viviendas el umbral para considerar a un gran tenedor y aplicar una tasa turística con criterios ya existentes en otros territorios, tanto en España como en Europa.
Además, defendemos que toda la vivienda protegida en Andalucía tenga carácter permanente, para evitar que acabe saliendo al mercado especulativo y garantizar que cumpla su función social a largo plazo. Esta será una prioridad si llegamos al Gobierno andaluz, algo que empezaremos cumpliendo con la ley de Vivienda que el PP ha estado boicoteando estos años.
G.D.: ¿Qué modelo económico proponen para reducir la precariedad laboral y el desempleo estructural?
A.M.: Apostamos por diversificación, industria y empleo de calidad. Andalucía no puede seguir dependiendo de sectores precarios.
Para nosotros es muy importante el sector primario de la agroindustria que debe seguir conformando una red que sostenga el equilibrio territorial en Andalucía y una industrialización vinculada a la transición ecológica que garantice puestos de trabajo con salario digno.
La reversión del sector de la hostería en un sector que sustituya la precariedad estructural existente por una sostenibilidad salarial y de condiciones laborales en las que la intervención pública sea determinante para un cambio de paradigmas en el compartimento de esto.
G.D.: ¿Cómo se afronta el reto de la industrialización en Andalucía?
A.M.: Con planificación pública, inversión y aprovechando nuestras potencialidades, especialmente en energías renovables y en la agroindustria. Pero con una condición clara: que la riqueza se quede en Andalucía y genere empleo digno. Apostamos por una estrategia de reindustrialización vinculada a la transición ecológica, el impulso a pymes y cooperativas y herramientas como una banca pública andaluza que oriente el crédito hacia la economía real.
“Los servicios públicos son el principal mecanismo de igualdad. Cuando se debilitan, crece la desigualdad. Cuando se fortalecen, mejora la vida de la mayoría”
G.D.: ¿Qué papel deben tener los servicios públicos en el modelo social?
A.M.: Central. Son el principal mecanismo de igualdad. Cuando se debilitan, crece la desigualdad; cuando se fortalecen, mejora la vida de la mayoría. Por eso planteamos blindar la sanidad pública —con más inversión, atención primaria fuerte y fin de los conciertos—, reforzar la educación pública con más recursos y ratios más bajos, y reducir drásticamente los tiempos de dependencia. Recuperar lo público es recuperar derechos.
G.D.: ¿Cómo se combate la desigualdad territorial entre provincias?
A.M.: Con inversión pública equilibrada y planificación. No puede haber andaluces de primera y de segunda según donde vivan. Eso implica garantizar servicios públicos en todo el territorio —como el acceso a un hospital—, mejorar el transporte público para vertebrar Andalucía y apostar por un modelo productivo que fije población, especialmente en el ámbito rural. No puede haber andaluces de primera y de segunda según el territorio en el que vivan.
G.D.: ¿Cuál es la propuesta de su candidatura para la transición energética en Andalucía?
A.M.: Tiene que ser justa. Andalucía tiene un enorme potencial, pero no puede ser solo un lugar donde se instalan proyectos sin retorno social. Apostamos por renovables, sí, pero con planificación pública, evitando que ocupen tierras productivas, impulsando el autoconsumo y garantizando empleo, industria y beneficios para la población. La soberanía energética tiene que servir a la mayoría social, no a unos pocos.
G.D.: ¿Cómo trabajarán para movilizar a su electorado tradicional y a nuevos votantes?
A.M.: Con cercanía y presencia. Barrio a barrio, calle a calle, hablando con la gente, escuchando y explicando las propuestas de forma clara y directa. Es ahí donde se construye la confianza, cuando puedes aterrizar qué significa en la práctica una vivienda asequible, una sanidad que funcione o un empleo digno.
La movilización pasa por conectar con la vida cotidiana, resolver dudas y demostrar que hay una alternativa creíble. Cuando la gente ve que las propuestas tienen que ver con su día a día, es cuando decide dar el paso.
G.D.: Si tuviera que definir en una frase la Andalucía que quieren construir, ¿cuál sería?
A.M.: Una Andalucía donde vivir con dignidad no dependa del código postal ni de la cuenta bancaria. Porque de eso va la política: de garantizar derechos y de construir futuro.







