Los ministros de Finanzas y gobernadores de los bancos centrales del G7 —integrado por Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá— han lanzado una advertencia conjunta sobre el deterioro de la economía mundial a causa de la crisis en Oriente Medio y las tensiones sobre las rutas marítimas internacionales. El bloque reconoce un aumento de la incertidumbre global y alerta de una nueva oleada inflacionaria si no se logra estabilizar el comercio internacional.
El comunicado, de tres páginas y sin medidas concretas, admite explícitamente “los altos riesgos sobre el crecimiento y la inflación” derivados del conflicto en Oriente Medio, especialmente en sectores estratégicos como la energía, la alimentación y los fertilizantes. Los países firmantes se comprometieron a “mitigar los impactos negativos” y reclamaron la reapertura del estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte mundial de petróleo y gas.
Los gobernadores de los bancos centrales del G7 anunciaron además su disposición a coordinar medidas para “mantener la estabilidad de los precios y asegurar la resiliencia del sistema financiero”, ante el temor de que la crisis energética termine trasladándose de forma más intensa al consumo y al coste de vida de los ciudadanos.
La situación energética y sus efectos sobre la población ocuparon el centro de la reunión de las siete economías más industrializadas, que contó además con la participación de representantes de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. El objetivo prioritario fue abordar el restablecimiento de la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, en un contexto marcado por el aumento de la tensión entre Washington y Teherán.
En paralelo, el ministro francés Roland Lescure trató de rebajar las fricciones comerciales con la Administración de Donald Trump, especialmente tras las recientes disputas por los aranceles a los automóviles europeos. Lescure mantuvo un encuentro con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, que definió como una conversación “franca” entre gobiernos con diferencias importantes pero dispuestos a mantener el diálogo.
El responsable francés insistió también en la necesidad de corregir “los desequilibrios globales”, señalando tanto el déficit estadounidense como la falta de inversión europea frente al “exceso de capacidad industrial” de China. Aunque Pekín no forma parte del G7, su peso como segunda economía mundial estuvo muy presente durante las conversaciones.
Lescure hizo además una referencia indirecta a China al defender la creación de mecanismos internacionales que garanticen el acceso a minerales críticos y tierras raras, evitando que un solo país controle el suministro mundial de estos recursos estratégicos para la industria tecnológica y energética.
El anfitrión francés reivindicó asimismo “la utilidad del multilateralismo” y pidió replantear las ayudas al desarrollo destinadas a los países más vulnerables. Delegaciones de India, Brasil, Corea del Sur y Kenia participaron en una sesión abierta junto a representantes de África, Asia y América Latina.
La reunión del G7 coincidió además con una cumbre internacional sobre la lucha contra la financiación del terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado, en la que participaron delegaciones de 75 países. El presidente francés, Emmanuel Macron, clausuró el encuentro y se prepara ya para la próxima cumbre de líderes del G7, que se celebrará en Evian a mediados de junio y a la que se espera la asistencia de Donald Trump.







