El debate en torno al papel de Europa en el mundo es constante entre la ciudadanía. El principal estudio que se difunde es el eurobarómetro, realizado por la Comisión Europea, y, por supuesto, siempre sale que los europeos están muy contentos de ser europeos y de la Unión Europea. Sin embargo, las críticas son constantes y los ejemplos que fundamentan esas críticas, muy numerosos. Vamos a repasar algunos solo con noticias de los últimos días.
La primera muestra de ridiculez europea es que de las ayudas europeas por cultivar en suelo comunitario, 71 millones de euros se los han dado a la familia real de Emiratos Árabes por cultivos en España, Italia y Rumanía, que luego se fueron a su país, los euros y los cultivos.
Buena parte de estas ayudas proceden de la Política Agraria Común (PAC), y la mayoría de estos fondos se asigna en función de la superficie cultivada, lo que favorece a los grandes propietarios. Solo entre 2018 y 2021, diecisiete multimillonarios recibieron 3.300 millones de euros en ayudas.
En el caso de los Emiratos Árabes, el dinero público europeo termina beneficiando a una autocracia en la que, según las principales organizaciones internacionales de derechos humanos, se restringen las libertades políticas, los derechos de las mujeres y se encarcela a numerosos activistas.
La familia Al Nahyan está considerada la segunda más rica del mundo, con un patrimonio de 270.000 millones de euros procedentes de sus reservas de petróleo, entre otros.
En cuanto a la coordinación y solidaridad entre los países europeos, todos recordamos las peleas por las mascarillas durante la pandemia, mientras cubanos y rusos vinieron enviados por sus gobiernos a ayudar a Italia, primer país afectado.
Ahora hemos sabido que por enfrentamientos comerciales entre Alemania y Francia se ha paralizado el proyecto de desarrollo conjunto del futuro avión de combate europeo que tenía un presupuesto de 100.000 millones. La pelea era entre Airbus (que representa a Alemania) y Dassault (en representación de Francia) por ver quién se hacía cargo del desarrollo y fabricación de las partes más importantes del caza. No se han puesto de acuerdo y Europa no tendrá un caza propio.
Del doble rasero de su política exterior también se ha hablado y denunciado mucho. Quizá el ejemplo más elocuente es que mientras están dejando que se hunda Eurovisión empeñados en la presencia de Israel, siguen castigando a deportistas rusos solo por su nacionalidad.
En la última edición del Festival de Eurovisión, la audiencia cayó un 21% según los datos de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), debido a que España, Países Bajos, Islandia, Irlanda y Eslovenia rechazaron participar en la competición, denunciando la grave situación humanitaria en Gaza, así como la existencia de un doble rasero entre el país hebreo y Rusia. Además, estos cinco países tampoco emitieron el festival en sus televisiones.
En cambio, a la rusa Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros 2026, se le prohibió la bandera y el himno de su país en la ceremonia. Incluso cuando un espectador intentó desplegar una bandera rusa en el momento de celebrar la victoria de Andreeva, el servicio de seguridad intervino rápidamente para impedirlo.
El último capítulo de ridículo y doble rasero ha sido en torno a drones de la guerra entre Rusia y Ucrania.
Cuando un dron supuestamente ruso se estrelló contra un edificio de apartamentos en Rumanía, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo que la «guerra de agresión (de Rusia) había cruzado otra línea más», mientras que la OTAN condenó «la temeridad de Rusia» y el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, avisó de que está lista para defender «cada centímetro» de territorio aliado.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, apuntó: «Condeno enérgicamente esta violación del espacio aéreo nacional de Rumanía y del Derecho internacional. La UE se mantiene unida para intensificar la presión sobre Rusia mediante sanciones y el refuerzo de las capacidades de defensa, en particular a lo largo de nuestra frontera oriental». Por su parte, la jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, calificó el incidente de «una violación flagrante y grave de la soberanía de Rumanía y del espacio aéreo europeo».
Sin embargo, cuando el dron que explosiona en Rumanía es ucraniano, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dice que es «consecuencia directa de la guerra de Rusia contra Ucrania» y demuestra la «amenaza directa» que supone para los países en la frontera oriental de la Unión.
Porque los drones ucranianos han golpeado Rumanía, Estonia y Letonia, pero nunca la UE lo ha condenado. Von der Leyen, califica los sucesos como “consecuencia directa” del conflicto, pero evita señalar a Kiev.
Lo más gracioso de todo eso es que esos drones los habremos pagado seguro los europeos con el dinero para armamento que enviamos a Ucrania.
Y, por último, la falta de contundencia de la UE la hemos vuelto a comprobar en una noticia de The Guardian. Mientras que las ciudades y municipios europeos son sancionados por la ausencia de tratamiento de aguas residuales, la prensa británica reconoce que las aguas residuales sin tratar procedentes de casi 40.000 personas y empresas de Gibraltar se vierten directamente al mar porque ese territorio británico de ultramar no tiene, ni ha tenido nunca, una planta de tratamiento para esas aguas.
A todo ello le unimos que Europa ni se está ni se le espera en las grandes negociaciones de conflictos mundiales: Ucrania-Rusia, Israel-Gaza-Irán-Líbano, EE.UU.-Cuba-Venezuela, Taiwán, Sahel, Sáhara…
La Comisión Europea puede ir preparando eurobarómetros de lo contentos que están los europeos, pero la realidad es claramente tozuda.








