Este 26 de julio de 2026, el pueblo de Cuba celebra, como hace todos los años, el asalto a los cuarteles Moncada y Céspedes, acontecimiento más trascendente de la historia contemporánea porque marcó el período final de la lucha emancipadora por la independencia iniciada en 1868, iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, continuada por José Martí en 1895 y concretada finalmente el 1 de enero de 1959 por los nuevos mambises de la patria.
Esa primera acción de extrema valentía y sacrificio realizada por 135 jóvenes ansiosos por acabar con la dictadura batistiana que los sojuzgaba y asesinaba, se selló con el asesinato a mansalva de 55 asaltantes, pues en la acción para tomarlos militarmente solo murieron seis en combate.
La prisión fecunda
Los cuarteles no pudieron ser ocupados, y los 74 que quedaron vivos fueron apresados y confinados en el penal de Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, conocida como la prisión fecunda porque sirvió para fortalecer el patriotismo y el conocimiento de los asaltantes de aquellas luchas emancipadoras contra los colonialistas españoles, la cruel intermediación de Estados Unidos cuando ya los peninsulares estaban liquidados y la imposición de la Enmienda Platt y la arbitraria instalación de la base naval de Guantánamo.
Allí terminaron de forjarse los ideales martianos de los asaltantes, que fueron la sustancia fundacional de la revolución y constituyeron el material básico con el cual se moldeó el Programa del Moncada en cumplimiento de los objetivos del asalto, ya adelantados por Fidel en su alegato en el juicio del Moncada conocido como La Historia me Absolverá.
Los giros de la historia
Es asombroso cómo los giros de la historia convergen en las dimensiones de espacio y tiempo, como si las acciones medulares generaran raíces para no dejar secar el árbol y brotaran a la superficie con la fuerza y el poder que les da la tierra bendita y parir los pinos nuevos de los que hablara tanto José Martí.
La reflexión viene porque fue la generación del centenario la heroína de aquella gesta del 26 de julio de 1953 en la mañana de la Santa Ana, que se convirtió en la chispa que provocó el fuego libertador con la expedición del yate Granma desde Tuxpan, México, el 25 de noviembre de 1956 con 82 valientes a bordo, y el desembarco unos días después en Playa Las Coloradas, Niquero, el 2 de diciembre, para iniciar la guerra necesaria en la Sierra Maestra.
Pese al revés de Alegrías del Pío, las bajas en la emboscada que les tendió el ejército de Batista, la dispersión de los expedicionarios y la pérdida de casi todo el armamento, los revolucionarios se sobrepusieron y el memorable 18 de diciembre, después de una agonía de 13 días de sobrevivencia y esfuerzos para la reagrupación, tuvo lugar el legendario encuentro de Fidel y su hermano Raúl, y allí surgió la famosa frase de Fidel que explica por sí misma la decisión de vencer.
Antes de abrazarse por estar ambos vivos, Fidel le preguntó a Raúl cuántos fusiles tenía, y su hermano le respondió que cinco. «¡Y dos que tengo yo, siete! «¡Ahora sí ganamos la guerra!», respondió.
Ese fue el espíritu eterno de la generación del centenario, y fueron ellos los admirados por el pueblo de Cuba como los mambises del siglo XX.
De la generación del centenario de Martí a la de Fidel
Exactamente 73 años después de los ataques a los dos cuarteles batistianos y a 67 años del triunfo el 1 de enero de 1959, y a 19 días del cumpleaños 100 de Fidel Castro, la patria cubana vuelve a tener otra generación del centenario como la tuvo con Martí.
En el juicio del Moncada, Fidel dijo: Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre; era tanta la afrenta... Pero vive, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno… Hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darles su sangre y sus vidas para que él siga viviendo en el alma de la patria».
Ahora habría que parodiarlo y decir que, ante todos los crímenes, amenazas y agresiones, la brutal campaña que intensifican contra los líderes de la revolución a fin de intentar una deshistorización del tiempo, se empina hacia las alturas una nueva generación del centenario, la de Fidel Castro, que enarbola las banderas de su ideario y los martianos, uncidos a la enseña nacional como un lábaro patrio.
La generación fidelista libra sus propias batallas
La generación del centenario de Fidel libra sus propias batallas con tanto heroísmo y voluntad de vencer como aquellos sobrevivientes del Granma que se encontraron en Cinco Palmas con siete fusiles y derrotaron al bien dotado ejército del dictador Batista rearmado por Estados Unidos.
Hay un paralelismo extraordinario entre ambas generaciones, más allá de que la primera haya parido a la segunda, y es el espíritu de victoria, la grandeza de sus ideales y la convicción de que están librando también “su guerra necesaria” contra el bloqueo y las amenazas de agresión, para ganarla, no para doblegarse, sino para resistir hasta las últimas consecuencias si el enemigo lo impone y gritarle como Juan Almeida en Alegría de Pío a los soldados de Batista: ¡Aquí no se rinde nadie!
La nueva generación, protagonista de la época actual
Y este 73 aniversario de los asaltos al Moncada y Céspedes se conmemora bajo esa impronta de heroicidad con esa nueva generación del centenario de Fidel, protagonista principal que ya trasciende por su extraordinaria capacidad de resiliencia, su espíritu de sacrificio y su conmovedora resistencia tan significativa en las condiciones de escasez de todo tipo impuestas por el gobierno fascista de Estados Unidos.
El 26 de julio no es una fecha cualquiera para los cubanos y para la nación, y cerramos este homenaje a los héroes y mártires de esa gesta con algunas valoraciones expuestas por Fidel Castro en diversos momentos y situaciones, recogidas por el Equipo Editorial Fidel Soldado de las Ideas el 20 de julio de 2020.
La batalla que libra es tan importante y trascendente como la del centenario de Martí, con la gran diferencia de que enfrenta a un enemigo brutal, desquiciado por el poder, guerrerista para el cual no existe el diálogo, abusivo, deshonesto, criminal e inhumano, y con un poder extraordinario que se hace sentir muy duramente en la guerra económica total y de exterminio contra el pueblo cubano.
Esta generación revela un heroísmo tan extraordinario, que voces en el mundo como la del expresidente de México Andrés Manuel López Obrador han propuesto que se declare a la isla, por su tremenda resistencia y sin dejarse quebrar por el mal vecino del norte, patrimonio de la humanidad. Es importante destacar que el 26 de julio se celebra en muchos países de todos los continentes, lo cual marca un hito en la historia universal.
Fidel y el Moncada
Justo al triunfar la Revolución, Fidel expresó en concentración campesina, el 26 de julio de 1959:
“Al verla hoy, al ver el sitial tan alto en que hemos situado nuestra bandera, me sentí tan feliz que vi en ese minuto premiados todos los sacrificios que hemos hecho y todos los sacrificios que tengamos que hacer en lo adelante”.
Un año después, recordando este mismo día, en Las Mercedes, estribaciones de la Sierra Maestra, rememoró:
“(…) 26 de julio y Sierra Maestra; son dos nombres que han de pesar muy hondamente en el corazón de cada uno de nosotros”.
“Y así, aquel 26 de julio fue para nosotros un minuto, en que cuando parecía culminar una lucha, cuando parecía culminar un esfuerzo para iniciar la batalla por la liberación de nuestro pueblo, no era el fin, sino el comienzo”.
“Pero no fue así siempre y, por contraste, venían también a nuestras mentes los recuerdos de aquel primer 26, aquella tarde en que todo era amargura y dolor, en que sobre nuestro ánimo pesaba el dolor de los compañeros que habían muerto y el dolor de la derrota que obligaba a la patria a una espera, cuyos límites era imposible imaginarse en aquel instante”.
“Y nuestro pueblo es uno de esos pueblos que no tembló nunca ante el sacrificio, es uno de esos pueblos que no tembló nunca ante el precio que le obligasen a pagar por su dignidad y por su libertad; un pueblo que no tembló ni temblará nunca ante el precio que tenga que pagar por su felicidad”.
Al cumplirse 30 años, en acto en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1983, el Comandante dijo como si lo estuviera diciendo en este de 2026:
En una sola cosa somos iguales al 26 de julio de 1953: la misma fe en los destinos de la patria, la misma confianza en las virtudes de nuestro pueblo, la misma seguridad en la victoria, la misma capacidad de soñar con todo aquello que serán realidades de mañana por encima de los sueños ya realizados de ayer.
Sobre los nuevos tiempos, la revolución y la decisión de rectificar, también hablaría un 26 de julio de 1987, como haría ahora de forma muy similar:
Rectificar fue, el 26 de julio de 1953, luchar para borrar lo viejo, para abrir un cauce, para hacer una revolución, para crear una nueva vida; eso es también hoy rectificar. Rectificar tiene un sentido realmente muy amplio, y yo estoy en realidad satisfecho, estimulado por lo que veo, los resultados que veo, a pesar de que sabemos que estamos muy distantes todavía de todas nuestras posibilidades, que hay muchas más posibilidades por delante.
Sobre la significación de la fecha, en la celebración de su aniversario 49, en el 2002, en Ciego de Ávila, expuso:
¿Qué son este 26 de julio? Vía indestructible que une el pensamiento, el heroísmo y la voluntad de lucha del baluarte inextinguible con cuya independencia Martí quiso impedir e impidió que el vecino poderoso y expansionista del norte se extendiera por las Antillas y cayera, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.
De la vigencia del ideario revolucionario y su efecto en el pueblo, rememoró en el aniversario 50 de los asaltos:
Deseo asegurarles algo parecido a lo que dije ante el tribunal espurio que me juzgó y condenó por la lucha que iniciamos hace hoy cinco décadas, pero esta vez no seré yo quien lo diga; lo afirma y augura un pueblo que llevó a cabo una revolución profunda, trascendente e histórica, y supo defenderla: ¡Condenadme, no importa! ¡Los pueblos dirán la última palabra!”
Fuente: almaplus.tv







