El desahucio de Maricarmen: cuando la Villa ocupa las calles, la Corte tiembla

Para este capitalismo salvaje cualquier brizna de vida, cualquier bien, por pequeño que sea, es susceptible de ser carne de especulación.
Desahucio Maricarmen | Foto: Olmo Calvo
Foto: Olmo Calvo

El desahucio de Maricarmen ha mostrado todas las costuras de un capitalismo salvaje, que prima el derecho a tener sobre el derecho a ser. Maricarmen es la muestra de que el rentismo depredador no tiene escrúpulos, devora vidas, y de que la Justicia es más ciega que nunca cuando se trata de meter en vereda a la clase trabajadora, que lucha por sus derechos. En España tenemos un problema, que viene de lejos, con la alianza del Partido Rentista con el Partido Judicial, que han sabido crear a lo largo de la historia una arquitectura legal para proteger los derechos de los poderosos, los derechos de los propietarios, por encima de la propia vida en paz y digna de las personas.

Esto hay que cambiarlo, porque la sociedad está agotada, y como hemos visto en multitud de manifestaciones de protesta estos días hay una ciudadanía consciente que exige respuestas. Una democracia avanzada como la española naufragará si no se aborda con valentía el problema de la vivienda, ofreciendo una legislación que articule cambios estructurales que garanticen ese derecho. Y como ahora la situación declarada es de emergencia, urgen actuaciones que impidan más desahucios, y la expropiación con carácter de beneficio social es una opción de urgencia que se puede utilizar, tal como está proponiendo Sumar a su socio de Gobierno, el PSOE.

Hay muchas, muchísimas personas agobiadas por la inminencia de ser expulsadas de sus hogares, arrancadas de sus vidas: mujeres con hijos a su cargo, ancianos y ancianas, personas enfermas o con problemas de diversidad funcional que necesitan cuidados

Por desgracia, Maricarmen no es un caso aislado. Estos días ha sido la cara más visible de este problema por la inhumanidad, la violencia y el trato vejatorio que toda la sociedad española ha contemplado en directo desde las emisiones de televisión, pero hay muchas, muchísimas personas agobiadas por la inminencia de ser expulsadas de sus hogares, arrancadas de sus vidas: mujeres con hijos a su cargo, ancianos y ancianas, personas enfermas o con problemas de diversidad funcional que necesitan cuidados. En España hay multitud de personas que enfrentan desahucios en estos días y eso tiene que acabarse. El decaimiento del decreto de protección antidesahucios de personas vulnerables que tiraron en el Congreso de los diputados PP, Vox y Junts antes del verano, ha agravado extraordinariamente esta situación, que se ha convertido en socialmente insostenible sobre todo en Comunidades Autónomas gobernadas por la derecha y la ultraderecha que se desentienden de las necesidades y derechos humanos de las personas que las habitan.

Comunidades como la madrileña de la pepera Ayuso, una persona que tiene el corazón helado y que desprecia a su ciudadanía, dedican sus esfuerzos a poner la alfombra roja al rentismo especulativo. Mientras desahuciaban a Maricarmen, Ayuso se dada besos en la boca con los representantes de los fondos buitre, en una feria obscena de exhibición de poder de los liquidadores de vidas humanas. Porque la existencia de estos fondos especulativos está demostrado que cuestan vidas. Para este capitalismo salvaje cualquier brizna de vida, cualquier bien, por pequeño que sea, es susceptible de ser carne de especulación. Y las viviendas lo son. Las Administraciones madrileñas del PP han vendido edificios enteros de viviendas sociales a los fondos de inversión, que están expulsando de sus hogares a miles de familias vulnerables. Quieren esclavizar a las personas de clase trabajadora, convirtiendo la vivienda en un yugo que impida que caminen con la cabeza alta y enfrenten la vida con libertad para ser. 

Madrid, una ciudad que se ha convertido en invivible por culpa de la derecha, que expulsa a la clase trabajadora de sus barrios y pone las viviendas en manos de empresas dedicadas a la especulación salvaje

Esto es lo que pasa en Madrid, una ciudad que se ha convertido en invivible por culpa de la derecha, que expulsa a la clase trabajadora de sus barrios y pone las viviendas en manos de empresas dedicadas a la especulación salvaje como el fondo Urbagesa de los hermanos Alonso, que se hizo con la propiedad en la que residía Maricarmen y le quintuplicó la renta de la noche a la mañana a una mujer pensionista. Imposible hacer frente a algo así, como no sea organizándose en una lucha colectiva, como ha hecho esta anciana que lleva 7 años peleando contra estos salvajes inhumanos con el apoyo de sus vecinas del Sindicato de Inquilinas de Madrid.

Símbolo de resistencia

Maricarmen se ha convertido en un símbolo de resistencia social ante el poder del dinero. Su extrema fragilidad es la fuerza arrolladora que se va a convertir en el huracán que terminará de una vez por todas con esta injusticia mayúscula.

Si este país es una de las democracias más ricas de Europa, esa riqueza tiene que revertir en su ciudadanía y necesariamente garantizar la protección de un techo sobre las cabezas de las y los comunes. Esta es la batalla ahora. Una batalla que viene de antiguo. Desde que la humanidad existe sobre la tierra ha buscado refugio. Como el alimento y los afectos que ofrece la comunidad, obtener refugio seguro es una característica plenamente humana necesaria para poder desarrollar vidas dignas y en plenitud. Trabaja contra la propia evolución humana que en pleno siglo XXI, en un país rico como España, el Partido Rentista se siga empeñando en acaparar sin medida, sin importar el sufrimiento que infringe al cuerpo social.

Escribo impelida por la urgencia sobre un acontecimiento que me ha sacudido, al igual que al resto de la ciudadanía española, por la deshumanización y la violencia institucional ejercida para echar de su casa a una anciana de 87 años con una discapacidad del 50%. Una mujer que lleva viviendo en ese inmueble desde 1955, cuando sus padres alquilaron esa vivienda en lo que eran las afueras de Madrid. Una vivienda que han pagado durante 71 años, todos los meses de sus vidas sin dejarse ni uno, primero sus padres y después ella. Hemos visto, que frente al poder de compra del mercado, nada importa. Y están equivocados. Las vidas importan, la vida de Maricarmen importa, las vidas de todas las personas importan. Somos muchas más que ellos.

Tenemos que mostrar los dientes, como ha hecho Maricarmen y como sigue animando a hacer desde su fragilidad postrada por tantos años de pelea, hay que pelear por lo que es justo, ha dicho, aunque una pueda perder…hay que seguir, porque la razón está del lado de los más.

El Partido Rentista está en guerra contra la clase trabajadora, y considera que tiene el poder, porque el Partido Judicial va a acudir en su rescate sin miramientos

Maricarmen ha sido víctima de un escarmiento social que envía un mensaje a la clase trabajadora: el Partido Rentista está en guerra contra la clase trabajadora, y considera que tiene el poder, porque el Partido Judicial va a acudir en su rescate sin miramientos, como ha sucedido en este caso. La empresa propietaria del edificio se ha negado a negociar la permanencia de esta mujer en su casa de forma intransigente. La jueza Elena Cortina, que ha dictado ese desahucio, también ha sido implacable en su fallo. Sorprende que no haya sido capaz de encontrar un mínimo resquicio legal para proteger el derecho constitucional a una vivienda digna de Maricarmen (artículo 47 de la Constitución española de 1978). Me sorprende mucho, pero es evidente que el desahucio de Maricarmen debía producirse el 23 de septiembre de forma indiscutible por múltiples razones.

Un dispositivo policial exagerado, 25 furgones para proteger el derecho de propiedad de Urbagesa, frente a la protección del derecho a un techo digno de una persona vulnerable. Esta foto ha sido socialmente insoportable

Toda España vio en directo cómo se desplegaba un dispositivo policial exagerado, 25 furgones para proteger el derecho de propiedad de Urbagesa, frente a la protección del derecho a un techo digno de una persona vulnerable. Esta foto ha sido socialmente insoportable. Marca un antes y un después.

La parte socialista del gobierno progresista debe dar pasos. Las propuestas de Sumar son de justicia social. Hasta las Naciones Unidas han reaccionado, cuyo Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) puso el grito en el cielo con este caso. Solicitó la suspensión cautelar del desahucio mientras se estudiara el caso o se garantizara un alojamiento adecuado, y se han desoído sus resoluciones.

El trato salvaje, la violencia administrativa y judicial desmedida que ha sufrido Maricarmen, comprometiendo su salud al extremo, han golpeado tanto el cuerpo social que se ha producido una reacción. Nos ha agitado una por una y nos ha puesto en pie de lucha. La solución a los problemas sociales nunca está en la resignación. Está en la lucha. Y tenemos muchas herramientas para presionar, desde las calles con las asociaciones vecinales, desde los sindicatos, y desde dentro del gobierno. Hay que aprovecharlas todas para cambiar esta situación tan injusta.

Este hecho parece que ha estado pensado y medido para crear efectos indeseados de todo tipo que pueden favorecer los intereses del fascismo: frustración social, desafección hacia la democracia que parece inútil ante problemas reales de la gente, intentar que se rompa el gobierno de coalición progresista, crear desánimo social y apatía política, que la clase trabajadora piense que no se puede y abandone… y, por supuesto, dejar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en paños menores ante la ONU, porque la cerrazón de sacar a Maricarmen de su casa justo el 23 de septiembre seguro que no es una casualidad.

La sociedad organizada en torno a todo aquello que es justo estamos en disposición de demostrar que la razón está de nuestro lado y que el miedo ahora ha cambiado de bando. El movimiento protagonizado por el Partido Rentista y el Partido Judicial ha sido tan excesivo y brutal, cebándose en el frágil cuerpo de una anciana, que ha devuelto la conciencia de su poder a un cuerpo social que se ha puesto de pie. Ese cuerpo social tiene el rostro de Maricarmen, lleva toda la fuerza de su extrema fragilidad como estandarte y apela a una ciudadanía que debe entender que la pelea por derechos humanos es bella e indiscutibles, y es contra los poderosos que quieren eliminarlos.

La brutalidad gratuita ejercida contra Maricarmen es un síntoma de que algo está cambiando entre la sociedad madrileña, que no soporta ya las obscenidades que muestra el poder del dinero a cara descubierta. Mientras Ayuso se compra un aticazo de seis millones y pico de euros, se desahucian maricarmenes por doquier en esta Comunidad. Y ya está bien. Un magma de cambio bulle bajo las aceras de Madrid. La Villa respira hondo y coge fuerzas cuando ocupa las calles, mientas la Corte suspira y tiembla de miedo. Madrid será la tumba del rentismo.

(*) Escritora y fotoperiodista

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