La movilización estudiantil continúa este jueves en Francia, después de que cientos de miles de personas salieran a las calles el martes en una nueva jornada de protestas. El movimiento, que comenzó en los institutos y se ha extendido progresivamente a las universidades, reclama un refuerzo de los recursos destinados a la educación pública y denuncia unas condiciones de enseñanza que consideran insuficientes.
Las organizaciones estudiantiles han concretado sus demandas en un paquete de diez medidas de emergencia y reclaman al Gobierno una inversión adicional de 10.000 millones de euros. «Nada nos detendrá hasta que haya 10.000 millones de euros sobre la mesa», afirmó el presidente de la Unión de Estudiantes de Secundaria, Ryad Rani.
Más profesores, menos alumnos y sustituciones garantizadas
Una de las principales reivindicaciones es el refuerzo de las plantillas docentes y administrativas. Los estudiantes reclaman la contratación masiva de personal para hacer frente a la falta de profesores y reducir unas ratios que consideran incompatibles con una enseñanza de calidad.
La sustitución de docentes ausentes ocupa también un lugar central. Según datos del sindicato Snes-FSU recogidos por EFE, al comienzo del curso faltaba al menos uno de los profesores previstos en el 53% de los centros públicos. El Ministerio de Educación calcula que durante el curso 2024-2025 no llegó a impartirse el 10% de las horas lectivas en los institutos.
Los estudiantes reclaman además reducir el número de alumnos por aula. La media en los institutos franceses alcanzó los 30 estudiantes por clase en 2025, frente a los 27 de 2010. Para las organizaciones movilizadas, el aumento de las ratios forma parte del deterioro de las condiciones materiales de la enseñanza.
Centros deteriorados y mejores condiciones materiales
La situación de los edificios educativos es otro de los puntos centrales de la protesta. Los estudiantes reclaman inversiones para rehabilitar y mantener los centros, después de que las deficiencias de las instalaciones y las dificultades para afrontar episodios de calor hayan puesto de manifiesto las carencias de numerosos institutos.
La cuestión tiene además una dimensión territorial. Las movilizaciones han tenido especial fuerza en zonas populares de la periferia parisina, donde los estudiantes denuncian peores condiciones educativas y una mayor concentración de problemas de personal y de infraestructura.
Las demandas no se limitan, por tanto, a aumentar una partida presupuestaria: el movimiento reclama que ese incremento se traduzca en más trabajadores en los centros, aulas menos masificadas y edificios en condiciones adecuadas para estudiar.
Cambiar el acceso a la universidad
La protesta también cuestiona el sistema de acceso a la educación superior. Una de las principales reclamaciones es reformar Parcoursup, la plataforma utilizada para asignar las plazas universitarias, a la que las organizaciones estudiantiles reprochan falta de transparencia y efectos selectivos.
La reivindicación se extiende también a la admisión en los estudios de máster mediante el sistema Mon Master. Las organizaciones universitarias reclaman cambios en ambos procedimientos y denuncian que el actual modelo puede reproducir desigualdades entre estudiantes en función de su procedencia educativa y social.
Las organizaciones universitarias reclaman además 250.000 plazas adicionales en las universidades y una mejora de las becas destinadas a estudiantes con menos recursos.
Un Gobierno que promete respuestas para finales de octubre
La presión de las movilizaciones ha obligado al Ejecutivo de Sébastien Lecornu a abrir negociaciones con estudiantes, docentes y familias. El primer ministro reconoció este miércoles que el malestar de los jóvenes «no surge de la nada» y anunció que las primeras decisiones para responder a sus demandas se presentarán a finales de octubre.
Lecornu ya había fijado cinco ámbitos de trabajo para intentar contener las protestas: garantizar que se impartan las clases, mejorar las instalaciones, organizar mejor las jornadas escolares, aumentar la transparencia de las pruebas de acceso a la universidad y hacer seguimiento de las reivindicaciones planteadas por los estudiantes.
Pero las organizaciones estudiantiles consideran insuficientes las promesas realizadas hasta ahora y han mantenido las convocatorias. La falta de concreción de las respuestas gubernamentales es uno de los motivos por los que los bloqueos y manifestaciones continúan esta semana. La protesta, que ya ha superado el ámbito estrictamente estudiantil con el apoyo de organizaciones sindicales de la enseñanza, mantiene así abierto el pulso con el Gobierno francés. En el centro del conflicto se encuentran demandas muy concretas: más financiación, más personal, menos alumnos por aula, sustituciones efectivas, mejores centros y un acceso a la universidad que los estudiantes consideran más justo y transparente.







