Sánchez Guerra, republicano conservador, último presidente electo del Madrid C.F. antes de que comenzara la contienda civil, pudo ver cómo el club merengue derrotaba al Barcelona en la final de copa por 2 a 1. Era el 21 de junio de 1936. Semanas más tarde, los militares golpistas se levantaron en armas contra el legítimo gobierno de la República y comenzaba la Guerra Civil. Este hecho tuvo un impacto inmediato en la vida del país y el fútbol no fue ajeno a ello. Sánchez Guerra dejó la presidencia del club y el 4 de agosto de 1936 se produjo la incautación del Madrid para salvar las instalaciones y la entidad quedando en manos de Juan José Vallejo, un joven deportista dirigente de la Federación Cultural Deportiva Obrera y un pequeño grupo de representantes de organizaciones sindicales, políticas, sociales y del propio Madrid, todos ellos afines a la causa republicana. Un par de días después el diario El Sol reproducía en sus páginas el acuerdo adoptado por el nuevo órgano rector del club blanco por el que “acuerdan la incautación de dicho Club, asumiendo todas las funciones que los reglamentos conceden a la junta directiva, incautación que se verifica para orientar la marcha del Club en un sentido popular, que sin desvirtuar la organización tipo profesional del mismo, permita la extensión de los beneficios deportivos que puedan proporcionar todas sus instalaciones a las masas populares que en estos momentos están defendiendo heroicamente la República democrática de nuestro país”.
Juan José Vallejo González vivió en Toledo antes de marchar a Madrid y debido a la estrecha vecindad que sus padres tenían con el profesor y político socialista Julián Besteiro, éste fue su padrino. Participó en la organización de las Juventudes Comunistas y en la constitución de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) así como en la organización del Quinto Regimiento. También fue vicepresidente de la Federación Española de Fútbol. Como buen deportista que era, intervino en la organización de las Olimpíadas Obreras de 1936 y 1937. La Olimpiada Popular de 1936 debió inaugurarse el 19 de julio de 1936 en Barcelona pero el golpe de Estado fascista lo impidió. Estos juegos se organizaron en respuesta a la no participación de España en los juegos olímpicos de Berlín donde ya imperaba el terror nazi. En realidad eran unas contraolimpíadas con la idea de unir a deportistas antifascistas de todo el mundo. Muchos de los deportistas que les cogió en Barcelona la sublevación pasaron a engrosar más tarde las Brigadas Internacionales. Los siguientes juegos alternativos tuvieron lugar en Amberes en agosto de 1937 y Juan José Vallejo fue presidente de la delegación madrileña.
El nuevo Madrid C.F. colaboró inmediatamente con la República cediendo sus instalaciones para el adiestramiento del recientemente creado Batallón Deportivo, siendo el estadio de Chamartín su campo de entrenamiento y adiestramiento y las oficinas del número 4 de la calle de Recoletos su cuartel general. La inscripción de deportistas de distintas modalidades permitió formar dentro del Batallón Deportivo tres compañías, llevando una de ellas el nombre del recientemente asesinado presidente del Barcelona, José Suñol (Josep Sunyol), de Esquerra Republicana de Catalunya.

El devenir de la Guerra Civil imposibilitó que se jugase el Campeonato Superregional de fútbol formado por los clubes de la Federación Valenciana, Murciana y Zona Centro. El Madrid F.C., ante esta situación, pidió participar en el campeonato catalán, ya que, en un principio, el frente de guerra estaba lejos de esa zona. La propuesta recibió la oposición frontal del Barcelona a pesar de que el club merengue renunció al título en el caso de que lo ganara. El 3 de octubre de 1936 la Federación Española de Fútbol suspendía la temporada de juego de todas las competiciones oficiales. Mientras tanto, en el estadio de Chamartín no sólo se jugaron partidos entre aquellos jugadores que les cogió el Golpe de Estado en la capital de España y unidades militares, sino también festivales gimnásticos. Actividades deportivas todas ellas que tenían en común el apoyo a la causa republicana.
Juan José Vallejo dejó la presidencia del club blanco parece ser que en el año 1937. Y debió ser a principios porque participó en la organización del Quinto Regimiento y se integró en el mismo siendo capitán del Ejército de la República. Es el año en el que se tienen noticias de que la presidencia del Madrid pasa a manos del coronel Ortega. Durante ambas etapas destacó la labor realizada dentro de la directiva del club por su secretario técnico, Pablo Hernández Coronado. Exfutbolista del Madrid y exseleccionador de fútbol de la selección española en tiempos del régimen franquista, aparte de otros cargos en el ámbito deportivo. Tuvo la rara habilidad de mantener su vinculación con el Madrid F.C. durante la Monarquía, la Dictadura de Primo de Rivera, la República y la Dictadura de Franco. Falleció con más de 100 años.
Terminada la Guerra Civil, Juan José Vallejo es detenido en Extremadura y llevado al campo de concentración de Rota (Cádiz). Entonces era comandante. Estuvo en la cárcel de Sevilla de donde se fugó en mayo de 1940. Fue juzgado en un consejo de guerra bajo la acusación de rebelión militar. Su proceso fue instruido mediante el procedimiento sumarísimo número 3290/41. Una vez fugado de la cárcel vivió escondido una temporada en Madrid hasta que se trasladó a Barcelona, donde se casó y tuvo cuatro hijas y un hijo. Estos se criaron en un ambiente de libertad en la que la participación de familiares y amigos en las frecuentes tertulias sobre las experiencias sufridas durante la República y la Guerra Civil así como los temas conectados con la realidad de la represión franquista, eran el objeto de sus debates. Ingresó en el PSUC (Partido Comunista de los Catalanes) y fue presidente de la Cooperativa Paz y Justicia de Poblenou.
Juan José Vallejo falleció el 27 de enero de 1978 a los 65 años de edad. Muerto ya el dictador y en los albores de la nueva democracia conquistada tras años de lucha, sacrificio y esfuerzo. El día 28 de enero aparecieron tres necrológicas sobre su fallecimiento en el diario La Vanguardia correspondientes al PSUC, la Cooperativa Paz y Justicia y al Grupo de Agentes Comerciales Colegiados del que era miembro.
A mediados del 1937, no se sabe con exactitud, ya dimitido de su cargo el anterior presidente del Madrid C.F., Juan José Vallejo, se hace cargo de la presidencia el coronel Antonio Ortega Gutiérrez, miembro también del partido comunista y que fue continuista en la dirección de la sociedad deportiva. Un reflejo de su interés por el Club al que representaba está en las declaraciones hechas al suplemento del ABC, “Blanco y Negro” de 15 de noviembre de 1938: “El fútbol no se parecerá en nada al que se practicaba antes del 18 de julio. Me refiero a su organización, naturalmente. No se comerciará con las fichas ni con los “ases”… “El Madrid, y yo estimaré mucho que así sea, debe conseguir el mejor campo deportivo de España, el más importante estadio. Madrid, que ha ganado su capitalidad, debe tener todo aquello que poseen otras ciudades que han sido más frívolas con relación a la guerra. Todos, entonces, debemos ayudar al gran Club”…
El coronel Ortega nació en la localidad burgalesa de Rabé de las Calzadas, el 17 de enero de 1888 y fue fusilado en Alicante, el 15 de julio, de 1939, tras juicio sumarísimo que lo condenó a la pena capital. El 13 de abril de 1939 ingresaba en el Reformatorio de Adultos de Alicante, junto con Rafael Henche de la Plata, alcalde de Madrid y el coronel Emilio Bueno y Núñez de Prado, comandante en jefe del II Cuerpo de Ejército de la zona Centro, entre otros dirigentes militares y políticos de la República. Yace enterrado en la fosa común fila 9, cuadro 19 del cementerio de Alicante en donde hay un total de 52 víctimas del franquismo enterradas. En la actualidad se está a la espera de su exhumación como resultado del trabajo llevado a cabo por la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo del Cementerio de Alicante y el Ayuntamiento de Aspe. Y que han contado con la subvención de 50.000 euros otorgada por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, así como con el compromiso del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos del Gobierno Vasco que asumirá el coste de los análisis de identificación genética y pruebas de ADN de todas las víctimas localizadas en la fosa 9.
El coronel Ortega fue un hombre de ideas progresistas que tuvo una dilatada carrera militar. Ya antes del advenimiento de la República se le juzgó por su participación en el asalto al Gobierno Civil de San Sebastián como parte de la acción militar de la sublevación de Jaca. Estando en la cárcel, el 14 de abril de 1931, proclamación de la Segunda República, fue puesto en libertad. El alzamiento fascista le cogió en Irún dónde jugó un papel destacado en su defensa. Fue nombrado Gobernador Civil de Guipúzcoa el 6 de agosto de 1936. Los sucesivos bombardeos de los fascistas sobre la población civil de San Sebastián creó una situación insostenible por lo que en represalia fueron fusilados, tras dos consejos de guerra, 13 militares sublevados. Aunque en principio pudo paralizar la ejecución de la sentencia no pudo evitar que al final se llevara a efecto. En los archivos del embajador de Francia en España, Jean Herbett, que veraneaba en la capital guipuzcoana, pone en valor la labor humanitaria del coronel Ortega que salvó la vida de cientos de personas de derechas. El 2 de noviembre de 1936 cesó como Gobernador Civil de Guipúzcoa y se incorporó a las Milicias Vascas Antifascistas que estaban luchando en la defensa de Madrid, desempeñando un papel relevante. De mayo a julio de 1937 fue nombrado Director General de Seguridad y terminó siendo comandante en jefe del III Cuerpo de Ejército de la zona Centro.
En la actualidad, se han conocido el hijo y la biznieta de ambos presidentes del Madrid durante la Guerra Civil, Carles Vallejo y Gabriela Echeverría. Ella vivió el exilio de su familia en México y actualmente trabaja como abogada en Nueva York. Carles Vallejo fue líder sindical en CC.OO. de la SEAT en la década de los 70. En esa época fue apresado y llevado a la Comisaría de Vía Laietana, lugar en el que estuvo 20 días y fue torturado. Presentada una querella contra sus torturadores, ésta fue archivada. Lleva muchos años liderando el Movimiento memorialista en Cataluña. En noviembre de 2019, Ada Colau, alcaldesa del Ayuntamiento de Barcelona, le hizo entrega de la Medalla de Honor de la ciudad. En cuanto a Gabriela Echeverria, interesada en conocer y profundizar en la historia de su bisabuelo, el coronel Ortega, ha hecho varias visitas a España y no sólo está participando activamente en recuperar los restos de su bisabuelo sino que al entrar en contacto con Carles Vallejo y, no prosperar la querella presentada contra sus torturadores, ha decidido formar parte del equipo jurídico que lleva su caso por torturas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Los dos presidentes “rojos” del Madrid F.C. durante la Guerra Civil, ignorados en los libros oficiales del Club, no serán borrados por el viento del olvido.







