La guerra de Yemen activa el Pacto de la Meca y debilita a Donald Trump

El avispero que azuzó Trump en Oriente Próximo al agredir a Irán puede tener consecuencias en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.

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Combatiente Yemení | Wael Al-Absi
Combatiente Yemení | Wael Al-Absi

La agresión de Donald Trump contra Irán precipitó una desestabilización en la región de Oriente Próximo con graves consecuencias para la economía global sin que sus objetivos marcados en su guerra iniciada se hayan cumplido: Ni cambio de régimen de los ayatolas, ni control del estrecho de Ormuz, ni garantías del desarrollo del arma nuclear (resuelto en 2015 con el Plan de Acción Integral Conjunto). Al día de hoy, Irán es un país que ha sufrido la devastación criminal contra su población, contra sus infraestructuras, empeorando así las condiciones de vida de su sociedad civil y contribuyendo a una crisis energética a nivel mundial que repercute también en el bienestar de la sociedad mundial.

Esa acción militar que nunca se debió producir ha precipitado una escalada bélica en la región que afecta directamente a los aliados de Estados Unidos como Arabia Saudí, Emiratos, Qatar, Bahréin o Kuwait.

En Yemen, el caso más llamativo es la reciente escalada militar dirigida por Abdelmalik Al Hutí (hutíes) contra las fuerzas del gobierno reconocido internacionalmente. Las operaciones militares, concentradas en las provincias occidentales de Taiz y Hodeida pretendían conquistar posiciones estratégicas para conquistar la ciudad de Moca y hacerse con el control del estrecho de Bab el Mandeb, la puerta sur del Mar Rojo. El estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el sur del mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico, canaliza aproximadamente el 12% del comercio marítimo mundial. El recrudecimiento de la guerra civil ha agravado la crisis humanitaria provocando cerca de 200.000 desplazados de los cuales, la mitad son niños y niñas[1].

La ofensiva de los hutíes hicieron retroceder las fuerzas del gobierno de Rashad al-Alimi (presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial del Yemen) que, con apoyo de Arabia Saudí, intentaron evitar el control de los hutíes del estrecho de Bab el Mandeb. Aunque en Occidente se les conoce como «hutíes» o «rebeldes», en realidad este grupo ejerce como el gobierno efectivo de la zona donde reside el 70 % de la población yemení. Llevan en el poder unos doce años, desde que las fuerzas de Ansar Alá conquistaron la capital, Saná, y las tierras altas que dominan la costa del mar Rojo.

La escala de violencia aumentó a partir de julio, cuando los hutíes señalaron que responderían al supuesto cerco saudí sobre la capital de Yemen mediante incursiones contra navíos del país vecino en el mar Rojo e infraestructuras en su territorio. Dichas ofensivas cobraron mayor fuerza al bombardear el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad, el episodio más sangriento registrado en Arabia Saudí en más de diez años, dejando 13 fallecidos y más de 300 heridos. Hutíes y saudíes intercambiaron bombardeos sobre infraestructuras energéticas de ambos territorios llegando los hutíes a alcanzar la sede de la petrolera estatal del reino, Aramco[2].

En este contexto, y ante los ataques hutíes contra Arabia Saudí, el 5 de octubre se reunían en la capital Riad representantes de Arabia Saudí, Turquía y Pakistán para activar el pacto firmado el 7 de agosto, el llamado Pacto de la Meca, que determina que una agresión contra uno de sus miembros se considerará un ataque contra todos[3].

Es más que cuestionable que Turquía y Pakistán participen de forma directa en el conflicto con los hutíes más allá de contribuir a poner fin a la guerra civil en Yemen buscando una solución política que resuelva las controversias sobre la soberanía, el reparto de recursos y la organización territorial de Yemen.

La vulnerabilidad de Arabia Saudí ha puesto de manifiesto que el despliegue militar de los EE.UU. en la región (Arabia Saudita, Bahréin, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Iraq, Israel, Jordania, Kuwait, Qatar y Siria) con cerca de 40.000 efectivos[4], no sólo no está sirviendo para proteger a esos países, sino que les ha convertido en blanco de los ataques iranies y, en este caso, de los ataque hutíes.

El avispero que azuzó Trump en Oriente Próximo al agredir a Irán puede tener consecuencias, espero, en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre. El ala socialista del partido Demócrata, Socialistas Democráticos de América, ha encabezado la oposición a la guerra imperialista contra Irán[5] y, con esa posición, está obteniendo buenos resultados en las elecciones locales y estatales.

Notas:

[1] https://elpais.com/internacional/2026-10-15/la-escalada-de-la-guerra-en-yemen-agrava-la-crisis-humana-mas-olvidada-del-planeta.html

[2] https://cnnespanol.cnn.com/2026/10/13/mundo/arabia-saudita-deposito-combustible-yemen-huties-trax

[3] https://www.dw.com/es/arabia-saudita-turqu%C3%ADa-y-pakist%C3%A1n-activan-pacto-de-defensa-contra-hut%C3%ADes-en-medio-de-escalada-de-enfrentamiento-en-yemen/a-79556989

[4] https://www.bbc.com/mundo/articles/c36xek5ywylo

[5] https://www.dsausa.org/statements/dsa-stands-against-imperialist-war-and-with-the-iranian-people/

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