Autores: Miguel Casanova (guion), Carlos Esquembre (dibujo), Julián Casanova (ensayo histórico original). Blanco y negro, 160 páginas, cartoné con guardas. Publicado en marzo de 2026 por Planeta Cómic-Crítica.
Miguel Casanova (Zaragoza, 1993). Guionista y profesor de guion. Como guionista es coautor de La azotea, nominado en 2017 al Goya como mejor guion, y a La Berlinale, premio de la SGAE en el Festival de Sitges. Ha participado en el desarrollo y producción de las películas Lo dejo cuando quiera, Mientras dure la guerra, La hija; y las series El día de mañana, La fortuna, y Los Farad. Es autor y director de los cortometrajes Vergüenza, No te verán correr, y Quemarlo todo.
Carles Esquembre (Valencia, 1985). Autor de cómics, ilustrador y músico. Especializado en cómic histórico, atesora una gran experiencia y es autor de Cronicones (2012), The Body (2013), Visiones del Fin (2015), Lorca. Un poeta en Nueva York (2016), La Brigada Lincon (2018), Diferente (trabajo colectivo, 2019), Las tres heridas de Miguel Hernández (2022), Rock, la novela gráfica (2024), Los hermanos Machado (2025), Las voces caídas. Poetas de la República (Recopilación de las obras de los 3 grandes poetas republicanos, 2025) y España partida en dos.
Julián Casanova (Valdealgorfa, Teruel. 1956). Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y profesor visitante en la Central European University de Viena. Uno de los principales historiadores españoles del siglo XX y reconocido internacionalmente por sus estudios sobre la Guerra Civil. Asesor histórico y tertuliano. En 2021 obtuvo el Premio de las Letras Aragonesas. Autor de, entre otros ensayos históricos, Una violencia indómita. El Siglo XX europeo (2020) y Franco (2025).
El cómic consta de prólogo, introducción, 7 capítulos, epílogo, dos capítulos finales titulados Vencidos y Vencedores, y una breve biografía de los autores. La longitud de cada una de las partes del cómic va desde las 3 a las 25 páginas, menos las biografías, que ocupan 1 página. El cómic no intenta contentar a todo el mundo, sino ofrecer una base sólida desde la que entender los orígenes de la guerra civil. Explica desde la imparcialidad los profundos orígenes internos del conflicto y, lo sitúa en un contexto europeo marcado por los convulsos cambios que se produjeron entre la Primera y la Segunda guerra mundial, con el ascenso del fascismo y el nazismo. Recorre los antecedentes a la guerra civil: la llegada de la Segunda República, las tensiones sociales, económicas y políticas que fueron preparando el país hasta romperlo en dos. El cómic sirve para que entendamos que la guerra no estalla de la nada, sino que es el resultado de una acumulación de factores que se van encajando como piezas de un puzle. La estructura narrativa es un continuo ir hacia adelante y hacia atrás tanto en el tiempo como en el espacio.
Estamos ante una obra íntegramente de encargo, hecho que no le quita ni interés ni calidad. De encargo ya lo es el ensayo original de Julián Casanova, titulado A Short History of the Spanish Civil War, de 240 páginas y publicado originalmente en inglés en el año 2012. Al año siguiente la Editorial Crítica lo publica en castellano, en una edición ampliada a 272 páginas, pero ya con el título de España partida en dos. La adaptación al cómic es también un encargo de Planeta Cómics. Además, este cómic aparece en un momento muy importante, el del 90 Aniversario del golpe de Estado que dio comienzo a la Guerra Civil española. España partida en dos es la adaptación en novela gráfica del ensayo histórico homónimo de Julián Casanova, uno de los libros de referencia sobre la guerra civil española.
Es un cómic que causó un gran interés en el momento de su publicación, agotándose en muy poco tiempo su 1ª edición. Yo, por ejemplo, en la librería en la que compro mis cómics, la Librería Joker de Bilbao, una de las más importantes a nivel estatal y depositaria de premios y reconocimientos por su labor divulgativa, cuando este trabajo llegó a la librería, ya no llegó la 1ª edición, y los amantes del cómic histórico tuvimos que conformarnos con la 2ª.
Según su propio autor, esta obra “tiene como objetivo acercarse a una generación que cada vez lee menos —o al menos, lee diferente— y ganar la batalla a la ola de bulos y revisionismo histórico que se expande por las redes sociales”, y espera que “la obra sea una herramienta más para transmitir la historia reciente de España en institutos y universidades, y si esto sirve para que los jóvenes aprendan o se interesen, yo encantado. De hecho, si mañana me dicen que hay que hacer una ópera, yo, adelante”. Por lo tanto, estamos ante una idea que desde esta sección hemos defendido desde el principio, el cómic puede ser un medio de transmisión de la historia muy eficaz y con la ventaja de que tiene la capacidad de llegar a sectores más jóvenes de la población, a los que acerca de una forma sencilla, pero rigurosa, nuestra historia. Y por ello, a mi juicio, España partida en dos es una de las novelas gráficas históricas más importantes publicadas en los últimos años y una herramienta educativa tan poderosa como cualquier manual de historia.
Por lo tanto, este trabajo tenía dos retos muy importantes. El primero resumir un ensayo de 272 páginas en un cómic de 752 viñetas, muchas de ellas sin texto, o con un texto muchísimo menor que el del ensayo que adapta. Del primero se ha encargado su guionista, Miguel Casanova, que ha hecho un trabajo de síntesis excepcional, pero sin dejar que los acontecimientos históricos más importantes aparezcan en el cómic. Un trabajo que ha contado con la supervisión final de su padre, que es la garantía de que lo que en este cómic se cuenta, sea rigurosamente histórico.
El segundo reto, y más tratándose de un cómic, es combinar texto y dibujo para darle sentido y profundidad a la narración, expresando visualmente lo que en el ensayo se cuenta, pero que en el cómic es necesario resumir, incluso a una viñeta; de ahí la fuerza y los detalles del dibujo para contar muchas cosas. Para ello Carles Esquembre utiliza muchas metáforas visuales, como por ejemplo, la de las diferentes puertas que aparecen en las viñetas, por las que pasan los poderes fácticos, o Manuel Azaña que a través de una de esas puertas entra en una habitación de la que sale humo, o la de los militares golpistas reflejados en una baraja que, para el juego del mus, representa las 31 de juego y cómo se queman hasta consumirse las cartas que representan a los militares que se mantuvieron fieles a la República. O la firma falsa del Acuerdo de No intervención por parte de Mussolini y Hitler. O el rostro de Santiago Casares Quiroga cuando se niega a entregar las armas al pueblo para la defensa de la República. O la que utiliza para la entronación en el poder de Franco, en la que podemos ver al Franco del presente, junto con el Franco anciano viviendo sus últimos días, o un Franco retratado de diferentes formas. Y así un sinfín de metáforas por descubrir.
Además, algunas de las escenas que aparecen en el cómic son de una gran belleza, como por ejemplo cuando explica todo lo relacionado con las Brigadas Internacionales, pero a la vez inserta la carta que escribe un brigadista internacional a su hija, explicándole las razones de su marcha para participar en una guerra ajena, precisamente para defenderla a ella. O la conversación que años después mantienen una abuela, testigo del ambiente revolucionario de Barcelona, con su nieta; en una conversación en la que le va explicando los acontecimientos más importantes vividos en la ciudad, y la fuerza e influencia del movimiento anarquista, sobre todo en lo referido al papel de la mujer, aunque curiosamente y como referente, aparece la viñeta que reproduce la famosa fotografía de Marina Ginestá, destacada militante comunista. Otras, sin embargo, son muy violentas, como lo fue la propia guerra civil, como por ejemplo la escena de la persecución, captura y muerte de Federico García Lorca, cuyo asesinato se refleja en los ojos de un gato negro, y la luna de esa noche trágica en la propia sangre de Federico. Y todo esto mientras escuchamos de fondo Los cuatro muleros, canción popular que Federico recogió en su disco Canciones Populares Españolas, y que las milicias republicanas adaptaron como Los cuatro generales, también llamadas Coplas de la Defensa de Madrid.
El capítulo titulado “Guerra santa y odio anticlerical” es uno de los capítulos más importantes del libro y también del cómic. En el libro es el último capítulo, mientras que en el cómic es el tercero; a juicio de Julián Casanova es un capítulo muy complicado, y en él se pone de manifiesto tanto la persecución de las manifestaciones religiosas, como el papel de una Iglesia cómplice con los militares golpistas, donde sus prelados más destacados firman sendos manifiestos de apoyo al golpe militar y a la represión que vino después, y consideran la guerra civil como una guerra santa, una cruzada, siendo muchos de sus curas delatores y cómplices de las ejecuciones y represión que acompañó a la guerra civil. Una Iglesia históricamente acostumbrada al empleo de la violencia para su propio proceso de evangelización y dominación de los pueblos. Pero a su vez también vemos la represión que sobre la Iglesia se ejerce desde el radicalismo republicano, con la quema de iglesias y objetos litúrgicos, y el asesinato de curas y monjas. La escena final de este capítulo es de las más lograda del cómic, fundamentalmente por la capacidad de transmitir todos los sentimientos encontrados entre los dos puntos de vista de los protagonistas, que son testigos de lo que está sucediendo y, a la vez, adivinando lo que va a suceder. Muestra la intolerancia de los dos bloques ante el tema religioso.
Vemos la violencia que en esa época influía en el conjunto de la sociedad, con un ejército golpista que desde el principio practicó una extrema violencia contra el “enemigo”, asesinando a todas las personas defensoras del republicanismo, con sucesos como el de la Plaza de toros de Badajoz. O cómo se organizaron partidas de fascistas para practicar los “paseos” destinados a asesinar opositores, con una escena en el cómic sobrecogedora; o las palabras de Manuel Azaña diciendo que “Nosotros hacemos la guerra porque nos la hacen” y “Ninguno de nosotros hemos querido este destino. Hemos cumplido el terrible deber de ponernos a su altura”.
El cómic nos explica la ayuda alemana e italiana a Franco, y cómo es Franco quien tiene la interlocución directa con Mussolini y Hitler para recibir ese apoyo militar y material, circunstancia que es decisiva para su elección como jefe de los militares sublevados. A la vez nos cuenta la soledad de la República a la hora de recibir ayuda por parte de las democracias europeas, y la decepción que eso supone, sobre todo con Francia y el Reino Unido, hecho que dejó a la democracia española en manos de unos sublevados fortalecidos por la ayuda nazi y fascista. Y, entre otras muchas cosas, nos da los datos del coste económico que la guerra supuso para los dos bandos enfrentados, muy similar para ambos. 805 millones de dólares, de la época, para la República, pagados en parte con el famoso “oro de Moscú”, y 716 millones para el bando fascista, financiados a base de préstamos bancarios.
Nos revela un hecho histórico decisivo, como fue el fracaso del golpe militar de los sublevados, que ha sufrido importantes derrotas, sobre todo en las grandes ciudades y zonas industriales. Situación que lleva a Franco a hablar con Mola para decirle que hay que prepararse para un triunfo lento. En ese momento, Franco decide ocultar sus rasgos físicos para no ser reconocido, montar en el Dragon Rapide y volar hasta Tetuán para dar comienzo al traslado, con la ayuda de la aviación italo alemana, del Ejército de África a la Península, y con ello dar comienzo a la Guerra Civil española. Una guerra que además sirvió para poner a prueba el nuevo armamento alemán e italiano que después se utilizaría en la II Guerra Mundial.
El cómic comienza con la escena del traslado de los restos de Franco desde Cuelgamuros al cementerio de Mingorrubio y la conversación entre dos trabajadoras de la limpieza del Congreso de los Diputados, una conversación en la que una de ellas le dice a la otra: “¿Té has enterado de lo que han votado?. La que se va a liar…”. Y finaliza con una ujier del Congreso de los Diputados llevando agua a un diputado de derechas que desde la tribuna habla de que hay que dejar de profanar tumbas, de traer plagas y desenterrar odios. Mientras interviene este diputado, la ujier mira hacia el techo del Congreso y ve las marcas de los impactos de balas del golpe del 23-F, una bonita forma de conectar el pasado con el presente, y otras dos metáforas visuales de este excelente cómic.
El trabajo de Carles Esquembre es muy bueno. Realista, potente, muy expresivo y de construcción sólida. Al tratarse de un texto histórico hay que añadir la dificultad que tiene hacer reconocibles los personajes históricos que pueblan este trabajo, algo que consigue con creces. Utiliza el blanco y negro porque son los colores que mejor se adaptan a los hechos históricos que narran. Carles domina a la perfección el blanco y negro, y la mayoría de sus trabajos están hechos utilizando esos colores, salvo La Brigada Lincon, que es a color, pero que el color no lo aplica él, sino Ester Salguero. Estos dibujos son como fotografías de la época en blanco y negro. Contiene dibujos a página completa y a doble página que son impresionantes, como por ejemplo los del mapa de España cuando se va partiendo por la mitad; la página inicial de cada capítulo, en la que vemos al águila franquista cómo rompe el huevo y va saliendo del cascarón hasta que en el capítulo 7 echa a volar, dejando en el epílogo el huevo completamente vacío; o los retratos de Alfonso XIII, y los retratos en el bando de los vencidos de Manuel Azaña, Juan Negrín y Vicente Rojo; y por el bando de los vencedores a José Antonio Primo de Rivera, Emilio Mola y Francisco Franco. El ritmo narrativo que consigue es ágil y ameno, con una composición de las páginas muy dinámicas y variable, precisamente para establecer un ritmo adecuado a la escena que narra, que sirve para complementar perfectamente los textos, contribuyendo con ello a que el lector o lectora tenga una explicación más completa del hecho o contexto histórico que narra. La edición es de calidad, con un tamaño adecuado para su lectura, y una portada muy acertada.
La lectura de este cómic invita a hacerse preguntas, a leer más, a cuestionar más, a pensar más. Por ello no puedo más que recomendar su lectura, una lectura que espero que os guste.







