Muchas de las personas que han propiciado la convocatoria de la inminente huelga general, ni siquiera recuerdan la última vez que en este país se convocó una. Catorce años son muchos, sobre todo para todas esas jóvenes que hemos estado en las acampadas y manifestaciones por la vivienda y por la educación pública, para todas aquellas que nacimos después de la promesa del capital de que viviríamos mejor que nuestros padres si nos esforzábamos lo suficiente, que somos todas aquellas cuya infancia, adolescencia y juventud están marcadas por la crisis constante, por la incertidumbre y por el señalamiento público que nos ha tildado de generación de cristal, flojas y desclasadas, hasta ahora.
Estamos ante una movilización popular sin precedentes en los últimos quince años. Las jóvenes hemos tomado las plazas y las calles al grito de “que viva la lucha de la clase obrera”, defendemos las acampadas frente a los voceros de la ultraderecha cantando al unísono “aquí están las antifascistas”, y toda esa rabia, que no es otra cosa que lucha de clases, debe desembocar en el éxito de la huelga, entendiendo que ni las acampadas ni la propia huelga son el fin, sino una de las piezas que deben hacer girar los engranajes del proceso de acumulación de fuerzas.
La huelga debe ser multitudinaria, transversal e intergeneracional si queremos que sea un paso más en este proceso de agitación social que va creciendo desde el 26 de septiembre y que debe trasvasar el ámbito institucional. Y para ello, el trabajo previo a la huelga, así como la participación de todos los actores sindicales, sociales y políticos es imprescindible.
Debe trasvasar el ámbito institucional porque, a pesar de que CC.OO. y UGT hayan convocado por el derecho a la vivienda y la necesidad de una subida salarial que nos permita vivir, que puede traducirse como una exigencia laboral, esta huelga es profundamente política. Porque señala al sistema capitalista que todo lo transforma en bien de mercado y a quienes se lucran del rentismo en particular y del capitalismo en general, como el causante de unas condiciones de vida inhumanas, que ha provocado que una tienda de campaña y una habitación en muchas ciudades de España tengan condiciones de habitabilidad similares.
Por ello, organizar una huelga general centrada en alcanzar mejores condiciones en nuestros contratos de alquiler, paralizar desahucios a familias vulnerables y arrancar la promesa al Partido Socialista de que va a construir parque público de vivienda, es importante pero no es suficiente.
La Juventud Comunista es consciente del momento histórico que le ha tocado vivir como movilizador de una juventud que ha salido a la calle a exigir un techo
La Juventud Comunista tiene la tarea de organizar la huelga en sus centros de trabajo, en sus centros de estudios, en sus asociaciones vecinales y allí a donde vaya con el objetivo de conseguir una participación alta, y de que todas aquellas que participen de la misma, vuelvan mañana a la asamblea, a la que sea.
En esta huelga los piquetes deben ir acompañados de plazas llenas de cuidados y de rabia compartidas, de movilizaciones estudiantiles, pensionistas y feministas por el derecho a vivir, y deben tomarse los espacios públicos para la celebración de asambleas donde se decida qué vamos a hacer mañana, sin caer en el izquierdismo, paso a paso, sabiendo que la revolución no va a llegar mañana, pero tampoco la vamos a hacer solas. En esta huelga debemos ser capaces de señalar la cuestión de clase como un condicionante vital que atraviesa a la mayoría de la población, más allá del tópico del hombre en mono de trabajo.
La Juventud Comunista es consciente del momento histórico que le ha tocado vivir, también como movilizador de una juventud que ha salido a la calle a exigir un techo y no puede permitirse volver a casa sin él, de igual forma que no puede permitirse que cuando tras la huelga no llegue el triunfo de la revolución socialista y todo acabe en escisiones de escisiones en búsqueda del purismo más puro, muchas jóvenes se vayan desencantadas a casa. La Juventud Comunista ha estado desde el minuto uno en las acampadas y en las movilizaciones, porque ya estaba en el movimiento por la vivienda a nivel estatal, y por ello sabe que la importancia de la huelga está en las semanas anteriores, durante el paro de 24 horas y en las semanas siguientes para que esta movilización haya tenido sentido, para no dejar que se apague la llama del poder popular.







