Queridos Reyes Magos:
No sé si este año, con la que está cayendo, vais a poder venir cargados de regalos. Es posible que os tengáis que quedar a mitad de camino por falta de presupuesto. También puede ocurrir que un mercader sin escrúpulos os haya birlado los camellos en una de esas famosas estafas piramidales. Quizás pensáis que lo que nos merecemos es un saco lleno de carbón.
Estas son las tres cosas que un emigrante en Alemania pide este año:
– Regularización masiva de personas migrantes. En España y en Alemania. Sabemos que los países tienen el derecho a regular las migraciones pero también que el sistema actual no respeta los derechos humanos y sirve para condenar a la semiesclavitud a centenares de miles de personas. No parece ser una aspiración inalcanzable cuando países tan cercanos cultural, económica, política y socialmente como Portugal e Italia lo han hecho.
– Que las vidas de todas las personas valgan lo mismo, con independencia del lugar de nacimiento, el sexo, el color de la piel, la religión y el tener papeles o no tenerlos. Los migrantes vivimos en nuestra propia piel la exclusiòn de este derecho.
– Una ciudadanía activa que se implique en la vida de sus comunidades, que genere redes de solidaridad con quienes se encuentran en una situación más vulnerable, que acompañe la soledad y el miedo de sus vecinos aunque sea a base de aplausos y música, que se organice para exigir y controlar a los gobiernos.
La desigualdad y la economía
Nadie ha salido indemne de 2020. Por un motivo u otro, todos los ciudadanos del mundo hemos resultado afectados por un nuevo virus que nos llevó, en el mejor de los casos, a estar encerrados en nuestras casas y, en el peor, al duelo de la pérdida de seres queridos. Intentar abarcar todos los aspectos en los que la pandemia ha marcado nuestra vida es imposible. Por eso nos centramos solo en dos: la desigualdad y la economía.
El COVID-19 ha profundizado las desigualdades. La Organización Internacional del Trabajo advierte que 2.000 millones de trabajadores del sector informal son especialmente vulnerables. “Esto ya no es sólo una crisis de salud mundial, también es una crisis mayúscula económica y del mercado laboral que tiene un gran impacto en las personas migrantes”, dijo el director general de la OIT, Guy Ryder, al plantear sus recomendaciones para mitigar el daño a los medios de vida, como la protección de los empleados en el lugar de trabajo, los programas de estímulo económico y laboral y el apoyo a los ingresos y al empleo.
En abril del 2020, la magnitud del sufrimiento mundial quedó patente en un informe de la ONU que mostró que la pobreza y el hambre estaban empeorando y que los países ya afectados por crisis alimentarias eran muy vulnerables a la pandemia: “Debemos mantener en funcionamiento las cadenas de suministro de alimentos para que las personas tengan acceso a la comida que les permita vivir”.
El estudio realizado en noviembre del 2020 por GAD3 evidencia el desastre social que se avecina porque de las familias emigrantes con hijos que estaban en situación de pobreza casi la mitad perdieron su trabajo con la pandemia. Save the Children hizo una proyección del incremento de la pobreza infantil severa apuntando a una subida de diez puntos entre 2020 y 2021, respecto a la cifra actual del 13% de los niños emigrantes en Europa en riesgo de exclusión. Se les ha inoculado el virus de la pobreza contra el que no hay tanto empeño económico y social por inyectar una vacuna. El 80% de las familias emigrantes en Alemania en situación de pobreza que tenemos hijos menores hemos visto reducidos nuestros ingresos.







