Los centros educativos públicos en Madrid llevamos un principio de curso muy clarificador. A los habituales recortes de profesorado y «oferta» educativa —el derecho a la educación gestionado bajo lógicas empresariales— y las privatizaciones en forma de conciertos y convenios de todo pelaje, se suma ahora el ahogamiento financiero de la Universidad Complutense. ¿Qué lógica perversa es esta que normaliza que una Universidad pública tenga que pedir un crédito a la Administración que debería financiarla de mano?
Quizá para ocultar todo lo anterior, que es lo importante, estamos estos días recibiendo desde la Administración en los centros educativos no universitarios varias ocurrencias ideológicas que vergüenza nos darían si, en los mismos días, no se tratara de censurar el funcionamiento democrático de los claustros y la libertad de cátedra a la hora de denunciar el genocidio en Gaza.
Estamos denunciando que se nos ha prohibido explicar a nuestros estudiantes el genocidio de Israel en Palestina —por la prensa, nunca por escrito en una instrucción formal, son ladinos— y así ejercer el mandato de la ley educativa en vigor (ley orgánica 3/2020, capítulo 1. Principios y fines de la educación. Artículo 2. Fines) según el cual debemos educar en «el respeto a los derechos humanos» y la «solidaridad entre los pueblos».
Corrieron a poner banderas de Ucrania en todos los centros educativos por mandato directo de la Administración del PP, porque esa es una guerra en la que la OTAN arma a Zelensky y los ucranianos son blanquitos de ojos azules, pero ahora prohíben la exhibición de banderas palestinas en los centros educativos en solidaridad con el sufrimiento de este pueblo, porque esta vez la OTAN arma a Israel y los palestinos son morenos de ojos oscuros. Y lo hacen bajo amenazas intimidatorias difusas, que se aprestan a seguir los «indiferentes», que diría Gramsci, y acusaciones tramposas de «adoctrinamiento».
Pues después de esto, la Administración de Ayuso nos ha propuesto celebrar «el día de la Hispanidad», cuando en España el 12 de octubre se llama legalmente «día de la Fiesta Nacional». Ya es cuestionable que el día del país conmemore el inicio de un imperio que, como todos, se construyó sobre la barbarie ejercida a sangre y fuego contra la población americana. Pero es que, además, tiene claras intenciones legitimadoras de la dictadura renombrarlo en Madrid en 2025 como Día de la Hispanidad, porque así se denominaba en tiempos de Franco, para reivindicar sin empacho el imperialismo español.
La última ocurrencia nos ha llegado esta semana a los centros educativos de Madrid: la Administración del PP pretende que realicemos actividades «sobre la Monarquía». En noviembre precisamente: Exactamente cuando el rey fugado heredó del dictador recién enterrado hace cincuenta años. No es casualidad, sino programa.
La derecha acusa sistemáticamente a la Escuela Pública de «adoctrinar», cuando ha sido la escuela católica la que históricamente ha adoctrinado en una única concepción del mundo. La Escuela Pública educa en la pluralidad ideológica, el ejercicio de la autonomía intelectual y el espíritu crítico. Como eso no les gusta, es peligroso para sus intereses, nos acusan de adoctrinar. Entonces, ¿qué suponen estas instrucciones sobre la hispanidad y la monarquía sino una voluntad expresa de adoctrinar ideológicamente en SUS valores?







