Irán nuevamente en la encrucijada

Un sistema teocrático que ha perseguido e ilegalizado al partido comunista histórico de Irán, el TUDEH y al mismo tiempo en el ámbito internacional juega un papel de enemigo del imperialismo y del sionismo.
Recientes protestas en Irán | @gghamari / wikimedia commons / CC0 1.0
Recientes protestas en Irán | @gghamari / wikimedia commons / CC0 1.0

Esta encrucijada estriba en que Irán, por un lado, juega  un papel en el ámbito internacional de enemigo del imperialismo y del sionismo y ha apoyado y defendido abiertamente la causa palestina, los procesos revolucionarios de Cuba, Venezuela y otros países de la órbita antiimperialista, y tiene acuerdos estratégicos de cooperación con Rusia y con China, habiendo sido por ello atacada militarmente, tanto por el régimen sionista como por el imperialismo estadounidense, además de sufrir un bloqueo económico que ha afectado gravemente a las condiciones de vida de la población iraní.

Pero, por otro lado, es un régimen teocrático, basado en una interpretación del Corán, y con unas estructuras políticas donde el papel fundamental no lo juegan la representación política elegida para el Parlamento, sino la estructura religiosa, encabezada por un ayatola o dirigente supremo. Su marco de modelo social económico, igual que la mayoría de los partidos islamistas de distintas corrientes, es el capitalismo, habiendo asumido y aplicado el modelo neoliberal. Este sistema de gobierno no tolera la disidencia política y, por ejemplo, el partido comunista histórico de Irán, el TUDEH, está ilegalizado y perseguido. Este sistema de gobierno, en sus cerca de 50 años de historia, ha ejecutado a numerosas personas por su actividad política, sindical o social, o las ha encarcelado, siendo actualmente numerosas las personas encarceladas por ello.

Nacionalización de petróleo

Que el sistema político tenga estas características, no significa que el imperialismo y el sionismo no quieran acabar con él. El pueblo de Irán tiene una larga lucha contra el colonialismo y el imperialismo que saquearon, como a la gran mayoría de la humanidad, sus riquezas energéticas. El 19 de agosto de 1953 fue derrocado por un golpe de Estado el primer ministro democráticamente electo, Mohammad Mossadeq. El golpe fue orquestado por la CIA y el M16 inglés, como reacción a la nacionalización de la industria petrolera. Mossadeq fue sustituido por el Sah (rey) Mohammad Reza Pahlavi como monarca absoluto. Este volvió a entregar la industria petrolera a las potencias imperialistas. 

La revolución de 1979, donde durante meses la población se enfrentó a la policía y al ejército del Sah, acabó con el exilio del Sah en EE.UU., y la proclamación del Ayatola Jomeini. Éste, apoyado por el imperialismo, como mal menor frente a los comunistas e islamistas de izquierda, ganó en referéndum, en abril de 1979, proclamando una República teocrática y asumiendo el papel de Guía de la Revolución. La industria petrolera fue nuevamente nacionalizada y EE.UU. utilizó todos los medios posibles parta acabar con la República Islámica naciente.

A partir de su posicionamiento en la esfera internacional, como enemigo principal de EE.UU. y del régimen de Israel, y aliado de países de izquierdas y antiimperialistas, una parte de la izquierda internacional considera que cualquier  movimiento de masas que cuestiona el poder político de la República Islámica es un montaje del imperialismo, similar a las revoluciones de colores que han desalojado del poder político a gobiernos no sumisos al imperio y sustituidos por otros gobiernos más sumisos, siempre bajo el manto sacrosanto de la lucha por la libertad.

Pero los datos objetivos indican que las movilizaciones en los últimos 25 años han sido recurrentes y cada vez más masivas.

Del 26 de diciembre al 9 de enero de 2018 hubo protestas masivas contra los altos precios y las políticas del gobierno, que fueron también reprimidas por la policía con fuego real. Las protestas populares que comenzaron el 15 de noviembre de 2019, por el aumento de la gasolina en un 200%, se extendió a 29 provincias y cientos de ciudades del país. La represión fue tan dura que se popularizó como Bloody November (noviembre sangriento).

En septiembre de 2022, a partir de la muerte de Mahsa Amini en el centro de detención de la policía moral en Teherán, hubo movilizaciones masivas durante más de cuatro meses. La policía alegó que no la habían matado, sino que murió accidentalmente por un paro cardiaco. Pero el problema de fondo, y lo que movilizó a la gente, era la propia existencia de una “policía moral” dedicada a vigilar la vestimenta de las mujeres.

Objetivamente también las manifestaciones de protestas populares estaban justificadas, como así lo han reconocido máximos dirigentes políticos iraníes. El 3 de enero, el líder supremo de Irán, el Ayatola Ali Khamenei, se dirigió a una reunión pública, reconociendo que las preocupaciones económicas de los manifestantes eran válidas, aunque la mano del enemigo estuviera detrás.

Irán sufre un bloqueo económico que recae sobre las condiciones de vida de la población. Casi 40 millones de iraníes, prácticamente la mitad del país, viven por debajo de la línea de pobreza

Según estadísticas oficiales, casi 40 millones de iraníes (del total de 90 millones) viven por debajo de la línea de pobreza definida por el gobierno.

La desregulación del mercado laboral ha dado lugar a una precariedad escandalosa. En 2020, el 97 % de los trabajadores tenían contratos que duraban menos de seis meses.

El desempleo de jóvenes con estudios era en 2020 del 42% y el 20% de la población con más ingresos tenía el 50% de los ingresos totales, mientras el 20% más pobre solo tenía el 5,5% del total de los ingresos, reflejando una creciente desigualdad social.

Pero es cierto que la situación económica no solo es negativa por la gestión neoliberal de esta. El bloqueo de EE.UU. hacia Irán es culpable también. El encarecimiento de las importaciones y la debilidad de la moneda iraní frente al dólar, tiene mucho que ver con la congelación de 120.000 millones de dólares depositados en cuentas extranjeras, a los que no puede acceder Irán por el bloqueo. El colapso del poder adquisitivo, causado por la devaluación monetaria y la inflación, afecta no solo al consumo de los hogares, sino también a la capacidad del Estado para mantener el gasto social.

Y también es cierto que, si bien las manifestaciones populares tienen un sentido de protesta en defensa de sus derechos sociales y económicos, la intervención de potencias imperialistas y sionistas y grupos de oposición iraní, intentan impulsar éstas hacia un cambio de sistema político, mediante intervención armada de esas potencias y con alternativas como la restauración de la monarquía con el hijo de Sah Reza Pahlavi.

Figuras iraníes muy conocidas han pedido por carta a Trump la intervención militar en Irán.  Entre estas se encuentran, Shirin Ebadi, abogada y ganadora del Premio Nobel de la Paz;  Mohsen Makhmalbaf, escritor y cineasta; Abdullah Mohtadi, secretario general del Partido Komala del Kurdistán iraní.

Donald Trump emitió una declaración amenazando a Irán con que EE.UU. intervendría si las fuerzas iraníes reprimían violentamente a los manifestantes pacíficos: «Si Irán dispara y mata violentamente a manifestantes pacíficos… los Estados Unidos de América vendrán a rescatarlos. Estamos apuntando, cargados y listos para atacar».

Si se renuncia a luchar contra un sistema político opresor, por el carácter antiimperialista que tiene, es probable que se pierdan las dos peleas, la lucha contra la opresión y la lucha contra el imperialismo

Que el Mossad y la CIA están infiltradas en los movimientos de protesta es evidente. Sima Shine, exdirectora del Departamento de Irán en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel criticó a los agentes israelíes y estadounidenses: «¡Nos estamos exponiendo y hemos confirmado la narrativa de que los disturbios en Irán son obra del Mossad y la CIA!».

The New York Times informó el 15 de enero que activistas en Irán habían superado el cierre de internet efectuado por el gobierno para impedir la comunicación de los manifestantes. Con el apoyo de la CIA se introdujeron de contrabando unos 50.000 dispositivos Starlink en Irán, por un valor equivalente a 40 millones de dólares. No obstante, el gobierno iraní consiguió a su vez, a través de un ataque electrónico inesperado, dejar si comunicación a los aparatos de Elon Musk.

Que el imperialismo y el sionismo intentan utilizar las movilizaciones de masas en su propio proyecto para derrotar a Irán es cierto. Pero que las clases populares en Irán tienen motivos para manifestarse y luchar contra un sistema que los oprime económica y políticamente, también es cierto. La salida a esa encrucijada es la de superar, a través de la movilización a ese sistema y al mismo tiempo defender el carácter antiimperialista y antisionista de un nuevo Irán. No sabemos si eso es posible y si las fuerzas de izquierda iraníes podrán conseguirlo. Pero si eso no es así, si se renuncia a luchar contra un sistema político opresor, por el carácter antiimperialista que tiene, es probable que se pierdan las dos peleas, la lucha contra la opresión y la lucha contra el imperialismo.

(*) Responsable del PCE para Oriente Próximo

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