Entrevista

«China ha convertido la agresión externa en motor de desarrollo interno acelerando su soberanía industrial»

Pedro Barragán, economista y autor del libro “Por qué China está ganando: La economía china y la nueva guerra comercial norteamericana”.

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Pedro Barragán | Trabajo propio / Wikimedia commons / CC BY-SA 4.0
Pedro Barragán | Trabajo propio / Wikimedia commons / CC BY-SA 4.0

Pedro Barragán (Logroño, 1954) economista de formación, está especializado en el estudio de los mercados internacionales y en el análisis del desarrollo de la economía china. El pasado mes de mayo publicó el libro “Por qué China está ganando: La economía china y la nueva guerra comercial norteamericana”. En esta obra analiza el espectacular desarrollo económico, tecnológico y social del gigante asiático y su impacto en el orden económico global. Su trabajo invita a una reflexión de fondo sobre el cambio de ciclo histórico que atraviesa la economía mundial y sobre la dificultad de seguir interpretándolo con categorías del pasado. Estados Unidos, por ejemplo, ya no impone valores liberales globales en sus intervenciones militares, va al grano, a asegurarse el control y el expolio de los recursos y a alejar del acceso a esos recursos a los que considera sus rivales, el número uno, China.

Uno de los ejes centrales del trabajo de Barragán es la comparación entre China y Estados Unidos. Analiza la evolución del peso relativo de ambas economías en el PIB mundial, el impacto de la guerra comercial y las limitaciones de la política estadounidense para frenar el desarrollo chino mediante sanciones, aranceles o restricciones tecnológicas.

Barragán es asesor de la Fundación Cátedra China, entidad española dedica al análisis y divulgación sobre China y su interacción con el entorno internacional. Escribe en medios de comunicación españoles e internacionales sobre cuestiones relacionadas con China, la globalización, el comercio internacional y la reconfiguración del poder económico mundial. Sus artículos suelen centrarse en desmontar lugares comunes sobre la economía china y en alertar sobre los riesgos de una lectura simplificada del nuevo escenario multipolar. En esta entrevista en Mundo Obrero hablamos entre otras cosas de la reacción de China ante las agresiones imperialistas de Estados Unidos que para controlar los recursos del planeta está presionando todas teclas a su alcance para alejar a China de los escenarios que Donald Trump decide controlar.

Por qué China está ganando: La economía china y la nueva guerra comercial norteamericana
Pedro Barragán
El Garaje Ediciones, 2025

GEMA DELGADO: En el prólogo de tu libro, Marcelo Muñoz nos advierte que para conocer la realidad de China “hay que hacer un esfuerzo por salirse de los marcos habituales con los que Occidente interpreta el mundo”. Hace ya mucho tiempo que nadie bromea con chistes simplones de chinos, pero el desconocimiento ha mutado en desconfianza y en un abstracto sentimiento de “amenaza china”, que no se sabe en qué consiste. ¿Cómo debemos acercarnos a China para entender lo que es y lo que representa en el mundo en un momento clave de reconfiguración del orden mundial?

PEDRO BARRAGÁN: Occidente no entiende China porque se niega a salir de sus propios marcos ideológicos. Durante décadas se nos ha dicho que China fracasaría si no se sometía al dogma neoliberal. Hoy, cuando China demuestra que ese dogma es falso, el desconocimiento de Occidente se ha transformado en miedo.

“China demuestra que el socialismo, adaptado a las condiciones concretas de cada país, es más eficaz para el desarrollo que el capitalismo”

Para entender China hay que romper con la mirada colonial y eurocéntrica. Hay que aceptar que existen otras vías de desarrollo, que no pasan por la privatización salvaje, la financiarización ni la subordinación al capital transnacional. China representa precisamente la demostración histórica de que el capitalismo occidental no es el fin de la historia y de que el socialismo, adaptado a las condiciones concretas de cada país, es más eficaz que el capitalismo para el desarrollo.

“Estamos ante la respuesta de un imperialismo en declive que ya no puede imponer su hegemonía por medios económicos normales y recurre cada vez más abiertamente a la coerción, la amenaza y la fuerza”

G.D.: En tu libro, de máxima actualidad, publicado en mayo de 2025, explicas detalladamente la guerra de aranceles que Trump utiliza como arma económica contra el mundo. La última amenaza ha sido contra los países europeos que apoyan a Groenlandia frente a sus deseos imperialistas de apropiarse deese territorio rico en petróleo y recursos ¿Cuál es el resultado que está dando la política arancelaria del gobierno de Estados Unidos?

P.B.: La aceleración confirma cada una de las tesis del libro. Lo que estamos viendo no es una improvisación ni una locura personal de Trump, es la respuesta de un imperialismo en declive que ya no puede imponer su hegemonía por medios económicos normales y recurre cada vez más abiertamente a la coerción, la amenaza y la fuerza.

Aranceles, sanciones, bloqueos tecnológicos, presión militar, chantaje diplomático. Nada de esto es nuevo. Es el manual clásico del imperialismo cuando pierde ventaja estructural.

G.D.: En realidad, a pesar de esa guerra comercial, Estados Unidos y China tienen una gran y mutua dependencia comercial. ¿Cómo está afectando este castigo arancelario a China y cómo el empeño en bloquear y tratar de impedir su desarrollo tecnológico está repercutiendo tanto a los Estados Unidos como a China?

P.B.: Ha fracasado. No ha detenido el desarrollo chino, no ha reindustrializado Estados Unidos y no ha mejorado las condiciones de vida de la clase trabajadora norteamericana.

Lo que sí ha hecho es mostrar el verdadero rostro del “libre comercio” occidental, que sólo es libre cuando beneficia al centro imperial. Cuando deja de hacerlo, se sustituye por proteccionismo agresivo y sanciones.

China ha respondido reforzando su mercado interno, diversificando exportaciones y acelerando su soberanía industrial. Estados Unidos, en cambio, se ha aislado y ha deteriorado su propia base productiva.

Estados Unidos intenta frenar a China porque ya no puede competir limpiamente con ella. El bloqueo tecnológico no busca proteger a los trabajadores estadounidenses, sino mantener monopolios y rentas extraordinarias de sus grandes corporaciones.

El efecto ha sido exactamente el contrario al deseado. China ha invertido masivamente en educación, ciencia y tecnología propias. Ha convertido la agresión externa en motor de desarrollo interno. Ese es uno de los grandes errores estratégicos de Washington.

G.D.: Mientras Trump, con su política de “Make America Great Again”, parte de que en el comercio no hay amigos y que “América es lo primero”, se va quedando aislado, y se permite despreciar y hasta ridiculizar a sus socios europeos, da golpes de fuerza en el tablero mundial y dinamita el derecho internacional, China va tejiendo alianzas por el mundo. ¿Cómo está desarrollando su diplomacia y alianzas el gigante asiático? ¿Y cómo su política exterior diverge con la de Estados Unidos?

P.B.: Estados Unidos impone. China negocia.
Estados Unidos bombardea. China construye infraestructuras.
Estados Unidos exige alineamiento político. China ofrece cooperación económica.

“China entiende que el poder duradero se construye creando desarrollo compartido, no destruyendo países ni saqueando recursos a sangre y fuego”

No estamos hablando de altruismo, sino de una diferencia radical de estrategia histórica. China entiende que el poder duradero se construye creando desarrollo compartido, no destruyendo países ni saqueando recursos a sangre y fuego.

G.D.: El mundo se escandaliza porque en poco tiempo hemos ido viendo que todo lo que “no podía pasar” está pasando: el genocidio en Gaza y los planes para convertirlo en un resort para turistas, una guerra en Europa, el rearme mundial desde Alemania a Finlandia y Japón, el secuestro del presidente de un país como Venezuela para quedarse con lo que el presidente de Estados Unidos considera que es su petróleo, sus mapas provocadores con la bandera estadounidense sobre Canadá, México y Groenlandia… de momento. Tiene el poder de la fuerza: la superioridad militar, y le gusta mostrarla. ¿Alguien puede parar hoy la agresión imperialista estadounidense? ¿Quién y cómo?

P.B.: No existe una fuerza única, pero sí un proceso histórico imparable, que no es otro que la descomposición del orden imperial unipolar. Cada agresión de Estados Unidos acelera ese proceso.

Estados Unidos sigue teniendo una enorme superioridad militar y no duda en utilizarla. Ese es su principal instrumento de poder, y también su principal debilidad. Cuando un sistema necesita recurrir cada vez más a la fuerza bruta es porque ha perdido la capacidad de liderazgo económico, político y moral. El imperialismo estadounidense ya no puede ofrecer prosperidad compartida ni estabilidad y se sustenta en la obediencia, el miedo y la subordinación.

China no busca una guerra directa porque sabe que el tiempo juega a su favor. El imperialismo estadounidense se debilita cuanto más muestra su verdadera naturaleza violenta y depredadora.

“Los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái, el Nuevo Banco de Desarrollo son instrumentos de emancipación económica frente al chantaje permanente del FMI, el Banco Mundial y la dictadura del dólar”

G.D.: El Sur global, la organización de Cooperación de Sanghái, los Brics, la creación del Nuevo Banco de Desarrollo y el Acuerdo de Reservas de Contingencia son polos de las alternativas del multilateralismo. ¿Qué presente y futuro tiene ese multilateralismo y cómo se puede impulsar para que cobre más fuerza y protagonismo?

P.B.: Los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái, el Nuevo Banco de Desarrollo o los acuerdos de reservas son instrumentos materiales de emancipación económica frente al chantaje permanente del FMI, el Banco Mundial y la dictadura del dólar, que durante décadas han funcionado como mecanismos de disciplina imperial sobre el Sur Global.

Estas iniciativas permiten financiar infraestructuras, estabilizar economías en crisis y facilitar el comercio sin imponer programas de ajuste, privatizaciones forzosas ni recortes sociales. No prometen “buen gobierno” al estilo occidental; ofrecen margen de maniobra, soberanía y capacidad de decisión. Eso, para muchos países, ya supone una ruptura profunda con la lógica de subordinación heredada.

No sustituyen de golpe al sistema imperial porque ese sistema sigue teniendo una enorme inercia, poder financiero y capacidad coercitiva. Pero lo erosionan desde dentro, reducen su monopolio y multiplican las opciones. Y eso es precisamente lo que más teme Estados Unidos, que sin una confrontación frontal se imponga la pérdida progresiva de su capacidad de aplicar reglas, castigos y obediencia en un mundo cada vez más plural y menos controlable.

“China sigue siendo un socio imprescindible para Europa, pero Bruselas ha renunciado a defender sus propios intereses y ha optado por la obediencia atlántica en lugar de la autonomía estratégica”

G.D.: Parece ser que a Trump le estorba la Unión Europea, una Unión Europea desnortada y débil pero con capacidad, si quisiera, de actuar de acuerdo a sus propios intereses ¿Cuál es la relación de la Unión Europea con China y cómo está evolucionando?

P.B.: La Unión Europea ha renunciado a defender sus propios intereses. Actúa como protectorado político y militar de Estados Unidos, incluso cuando esa subordinación perjudica gravemente a su industria, a su energía y a su posición internacional.

China sigue siendo un socio imprescindible para Europa, pero Bruselas ha optado por la obediencia atlántica en lugar de la autonomía estratégica.

“España mantiene una relación con China más abierta y pragmática que la de otros países europeos, y eso se debe en buena medida a la posición diferenciada del gobierno de Sánchez dentro de la Unión Europea”

G.D.: ¿Y cuál es la relación bilateral que mantienen algunos de los países europeos como España?

P.B.: España mantiene una relación con China más abierta y pragmática que la de otros países europeos, y eso se debe en buena medida a la posición diferenciada que ha defendido el gobierno de Pedro Sánchez dentro de la Unión Europea. Frente a una línea cada vez más alineada con la estrategia de confrontación impulsada por Washington, España ha apostado por el diálogo, por el mantenimiento de los canales económicos y por una relación basada en intereses concretos más que en consignas geopolíticas.

Esta posición no supone una ruptura con el marco europeo, pero sí introduce el matiz importante de reconocer que China es un actor imprescindible y que una política de aislamiento o de choque frontal es irreal y profundamente perjudicial para los intereses económicos europeos. España ha entendido que no se puede hablar de autonomía estratégica europea mientras se asume sin discusión la agenda estadounidense hacia China.

Ahora bien, esa postura sigue teniendo límites claros. España continúa moviéndose dentro de una Unión Europea cuya política exterior y de seguridad está fuertemente condicionada por la OTAN y por la relación transatlántica. La crítica a Estados Unidos existe, pero es todavía parcial y prudente. Para avanzar realmente, España necesitaría consolidar esa línea propia, dotarla de mayor coherencia y traducirla en una estrategia económica e industrial más ambiciosa con China, basada en la diversificación de alianzas y en la defensa de su soberanía en un mundo cada vez más multipolar.

G.D.: Muchos analistas señalan que tras la incursión militar en Venezuela para quedarse con el petróleo, y las amenazas sobre Colombia, México, Groenlandia, lo que Estados Unidos está haciendo, como ya realizó en previas ocasiones, es asegurarse los recursos energéticos para preparar una guerra, en este caso contra China en un intento de no perder la hegemonía mundial que va haciendo aguas. ¿Cómo interpretas esos análisis? Taiwan y el Mar de China meridional son los puntos de conflicto para un enfrentamiento promovido por Estados Unidos ¿Hasta dónde pueden llegar?

P.B.: En este contexto, Taiwán y el mar de China Meridional son los principales puntos de fricción porque concentran intereses militares, tecnológicos y comerciales fundamentales. En el caso de Taiwán, Estados Unidos utiliza a la isla como instrumento de presión, no porque le preocupe el bienestar de la sociedad taiwanesa, sino porque le sirve para provocar, desgastar y contener a China en su entorno inmediato. Es una política deliberada de tensión controlada, que juega con el riesgo de escalada.

China, por su parte, defiende su integridad territorial y considera Taiwán una cuestión interna e irrenunciable. Al mismo tiempo, actúa con cautela estratégica y evita una escalada militar que solo beneficiaría a Washington. Pero esa contención no es infinita. China no aceptará indefinidamente provocaciones militares, ejercicios navales hostiles o intentos de alterar el statu quo en su periferia. El peligro no reside en una supuesta agresividad china, sino en la voluntad estadounidense de empujar los límites del conflicto para frenar un declive hegemónico que ya no puede ocultarse.

G.D.: Martin Wolf, uno de los analistas de política económica más influyente desde su columna en el Financial Times, explicó que según unos informes filtrados que amplían lo publicado en la Estrategia de Seguridad Nacional, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro iba a firmar, en 15 días, un acuerdo con China para la venta del petróleo a Xi Jinping. De hecho, en el momento de la incursión militar estadounidense en Caracas, el pasado 3 de enero, estaba en Venezuela un alto cargo del gobierno chino. Tras el bombardeo de Caracas y el secuestro de su presidente electo, Nicolás Maduro, Trump ha exigido el control y la venta exclusiva del petróleo venezolano a Estados Unidos y la ruptura de relaciones comerciales con China. ¿Qué relación tiene China con América Latina y en concreto con Venezuela, Colombia, Cuba, México y Argentina?, ¿y cómo ha reaccionado China ante este ataque al continente latinoamericano?

P.B.: La relación de China con América Latina es hoy estratégica y estructural. En las últimas dos décadas, China se ha convertido en uno de los principales socios comerciales y financieros de la región, desplazando en muchos casos a Estados Unidos. Su presencia no se limita a la compra de materias primas e incluye inversiones en infraestructuras, energía, transporte, financiación y cooperación tecnológica. Esta relación responde a una lógica de complementariedad económica y de diversificación de alianzas por parte de los países latinoamericanos.

En países como Venezuela, China ha sido un socio clave, especialmente en el sector energético, además de un apoyo financiero importante frente a las sanciones occidentales. Con Cuba mantiene una cooperación histórica que ha resistido décadas de bloqueo estadounidense. En Argentina y México, China ha incrementado su peso en el comercio, la industria y la energía, mientras que en Colombia su presencia ha crecido de forma más gradual, sobre todo en infraestructuras y comercio.

La agresión militar estadounidense contra Venezuela y la exigencia de controlar en exclusiva su petróleo confirman que el verdadero objetivo de Washington no es la supuesta “democracia”, sino el control de recursos estratégicos y la expulsión de China de lo que considera su “patio trasero”. Ante estos hechos, China ha reaccionado con condenas diplomáticas firmes, apelando al respeto de la soberanía y del derecho internacional, pero evitando una confrontación militar directa.

China no busca disputar a Estados Unidos la hegemonía militar en América Latina, ni está en condiciones de poder hacerlo. Su estrategia es distinta y busca consolidar su presencia económica, reforzar el multilateralismo y ofrecer a los países de la región alternativas reales al chantaje imperial. Precisamente por eso su influencia preocupa tanto a Washington y se ha convertido en uno de los ejes centrales de la disputa geopolítica global.

G.D.: ¿Cuál es la respuesta que está desarrollando China frente a las maniobras de Estados Unidos para expulsarle no sólo de lo que considera su patrio trasero sino también de Groenlandia y del cobalto y coltán de la República Democrática del Congo?

P.B.: La respuesta de China a las maniobras de Estados Unidos no es militar ni inmediata, sino estratégica y de largo plazo. Frente al intento de Washington de expulsarla de América Latina, de disputarle espacios como el Ártico o de bloquear su acceso a minerales críticos como el cobalto y el coltán en África, China apuesta por diversificar los suministros, reforzar las alianzas económicas y reducir las dependencias.

“En lugar de apostar por la confrontación directa con EE.UU., China está acelerando su autosuficiencia tecnológica, invirtiendo en acuerdos a largo plazo con múltiples países y fortaleciendo el multilateralismo en el Sur Global”

En lugar de apostar por la confrontación directa, está acelerando su autosuficiencia tecnológica, inviertiendo en acuerdos a largo plazo con múltiples países y fortaleciendo el multilateralismo en el Sur Global. Estados Unidos recurre a la presión y la fuerza mientras que China responde construyendo alternativas. Esa diferencia de estrategia explica por qué la contención estadounidense está perdiendo eficacia y por qué el orden unipolar se está erosionando.

G.D.: La desdolarización es otro de los problemas que preocupan a Estados Unidos. Quienes lo han intentado lo han pagado caro. Gadafi impulsó la idea de instituir un dinar paneuropeo o panafricano respaldado en oro, para evitar la dependencia del dólar. En Iraq, Saddam Hussein intentó fijar el precio del petróleo en euros en lugar de dólares. Y Nicolás Maduro abogó públicamente por la desdolarización y por mecanismos alternativos de pago internacional. La intervención militar de Estados Unidos derrocó a los tres. ¿Que supondría para Estados Unidos la desdolarización?

P.B.: Para Estados Unidos, la desdolarización supondrá un golpe directo al corazón de su poder. El dominio del dólar es más que una cuestión monetaria, es el pilar que le permite financiar déficits enormes, vivir por encima de su base productiva y utilizar las sanciones económicas como arma política global. Por eso, quienes han intentado romper esa dependencia —de Gadafi a Saddam Hussein o Nicolás Maduro— han sido aniquilados o secuestrados con extrema dureza.

“La desdolarización significará el inicio del fin de la hegemonía unipolar estadounidense y la apertura de un sistema monetario más plural, algo que Washington percibe como una amenaza existencial”

El avance real de la desdolarización reducirá la demanda global de dólares, encarecerá la financiación del Estado estadounidense y limitará su capacidad de chantaje financiero. No implicará un colapso inmediato del dólar, pero sí una pérdida progresiva de su “privilegio exorbitante”. En términos históricos, significará el inicio del fin de la hegemonía unipolar estadounidense y la apertura de un sistema monetario más plural, algo que Washington percibe claramente como una amenaza existencial.

G.D.: El tercer y último bloque de tu libro lo titulas “La guerra de Estados Unidos contra China” en forma de sanciones, aranceles, prohibición de venderle alta tecnología para su desarrollo tecnológico… y concluyes que China ha tenido que acelerar su desarrollo tecnológico y que va ganando. Cuéntanos cómo ha sido ese proceso, cómo está invirtiendo China en educación y en I+D + innovación y cómo está dando sus frutos.

P.B.: Ese tercer bloque es fundamental y, de hecho, recomiendo leerlo bien en el libro. En “Por qué China está ganando” explico que la guerra de sanciones, aranceles y bloqueos tecnológicos lanzada por Estados Unidos no ha frenado a China, sino que la ha obligado a acelerar su propio desarrollo tecnológico.

“China ha respondido con planificación estatal, con inversión masiva en educación científica y técnica y con un fuerte aumento del gasto en I+D+i, concentrado en sectores estratégicos”

China ha respondido con planificación estatal, con inversión masiva en educación científica y técnica y con un fuerte aumento del gasto en I+D+i, concentrado en sectores estratégicos como semiconductores, inteligencia artificial, energías renovables o telecomunicaciones. No ha dejado este proceso al mercado y el Estado ha fijado prioridades y movilizado recursos, mientras las empresas públicas y privadas están innovando y compitiendo.

El resultado es que China ha cerrado brechas tecnológicas mucho más rápido de lo esperado y, en muchos ámbitos, ya lidera el mercado. Esa es la idea central del libro, que la agresión estadounidense ha actuado como catalizador de un proceso que China ya tenía en marcha, y por eso sostengo que, en esta guerra económica y tecnológica, China va ganando.

G.D.: El desarrollo económico y tecnológico de China ha sido espectacular. En pocas décadas ha conseguido sacar de la pobreza a millones de personas y ha creado una enorme clase media ¿Cuál es el éxito de la receta del “socialismo de mercado”?

P.B.: El éxito chino no está en el mercado ni en el socialismo por separado, sino en su articulación bajo la dirección política. El Estado planifica la economía y los objetivos sociales, mientras que el mercado asigna los recursos y el Partido Comunista garantiza que el desarrollo sirva al interés nacional y social y no al capital especulativo.

Esa combinación explica cómo China ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas mientras Occidente ha estado empobreciendo a su clase trabajadora.

G.D.: ¿Cuál es el papel del Estado, de las empresas públicas, de las empresas privadas y el rol del Partido Comunista de China en este desarrollo en el que China pasó de ser un país pobre a convertirse en la segunda mayor economía del mundo?

P.B.: El desarrollo chino se explica por una combinación organizada de factores. El Estado planifica a largo plazo, define los sectores estratégicos y orienta la inversión. Las empresas públicas aseguran el control de áreas clave como energía, finanzas, transporte o telecomunicaciones y garantizan la soberanía y la estabilidad.

Las empresas privadas juegan un papel importante en la producción, la exportación y la innovación, pero operan dentro de un marco político claro y subordinadas a los objetivos nacionales. Y cuando el capital entra en conflicto con el interés colectivo, el Estado interviene.

Todo el sistema está coordinado por el Partido Comunista de China, que asegura la coherencia, la continuidad y el control político del proceso. Esta arquitectura explica cómo China ha pasado de la pobreza a convertirse en la segunda mayor economía del mundo, como desarrollo en “Por qué China está ganando”.

G.D.: China se ha volcado hacia el desarrollo del país y a abrirse al mundo a través de la diplomacia y el comercio, con la Franja y la ruta de la Seda. Pero tampoco ha descuidado su defensa militar. ¿Cuál es el poder militar de China hoy?

P.B.: El poder militar de China ha crecido de forma muy significativa en las últimas décadas, pero China no ha construido un aparato militar de proyección imperial comparable al de Estados Unidos. Su desarrollo militar responde, sobre todo, a una lógica defensiva y disuasoria, coherente con su estrategia general de desarrollo económico y estabilidad interna.

Hoy China cuenta con las mayores fuerzas armadas del mundo en número de efectivos y ha modernizado profundamente su ejército, su marina y su fuerza aérea. Ha invertido en capacidades clave como misiles hipersónicos de largo alcance, defensa antiaérea, guerra electrónica, ciberdefensa y, especialmente, en una marina capaz de operar en su entorno regional. El objetivo no es patrullar el planeta, sino impedir que fuerzas externas actúen impunemente en su periferia.

A diferencia de Estados Unidos, China no mantiene una red global de bases militares ni interviene de forma sistemática en conflictos lejanos. Su gasto militar, aunque elevado en términos absolutos, sigue siendo muy inferior al estadounidense y, si lo comparamos como porcentaje del PIB, inferior al de muchos países, y está centrado en garantizar la integridad territorial —Taiwán, el mar de China Meridional— y en disuadir cualquier intento de coerción militar.

En ese sentido, el poder militar chino es el complemento de su estrategia económica y diplomática. No busca dominar el mundo por la fuerza, sino proteger su proceso de desarrollo frente a un entorno cada vez más hostil. Precisamente por eso resulta tan incómodo para Washington.

G.D.: ¿Hacia dónde va China y cuáles son los posibles escenarios del nuevo orden global que se está gestando?

P.B.: China avanza hacia un papel central en un mundo multipolar, sin pretender sustituir a la potencia imperial, pero como uno de los ejes del nuevo orden global. Su prioridad sigue siendo el desarrollo interno y la autonomía tecnológica, combinadas con una política exterior basada en el comercio, la diplomacia y la cooperación con el Sur Global.

Como explico en “Por qué China está ganando”, su ascenso no es coyuntural, es el resultado de décadas de planificación estratégica. El mundo entra en una fase de transición marcada por la pérdida de hegemonía de Estados Unidos, el aumento de la rivalidad internacional y la aparición de instituciones y mecanismos alternativos al orden unipolar.

Los escenarios posibles van desde una convivencia tensa hasta conflictos regionales provocados por un imperialismo en declive. China tratará de evitarlos, porque sabe que el tiempo juega a su favor. El resultado no será un mundo más estable de inmediato, pero sí menos unipolar y con mayor margen de soberanía para muchos países, que es el cambio histórico de fondo que analizo en el libro.

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