Marx y las enseñanzas de la historia

Marx escribe en una serie de cuatro artículos una interpretación de los hechos con la que quiere mostrar su concepción materialista de la historia expuesta en el Manifiesto aplicada a un proceso revolucionario en marcha.
Barricada en la rue de Soufflot, en París, 25 de junio de 1848 | Pintura de Horace Vernet
Barricada en la rue de Soufflot, en París, 25 de junio de 1848 | Pintura de Horace Vernet

Reseña de «La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850» (Renacimiento, 2026), de Karl Marx; introducción de Friedrich Engels y prólogo de Francisco Sierra Caballero.

En sólo unos pocos días, entre el 22 y 25 de febrero de 1848, las calles de París se convirtieron en el escenario de un nuevo proceso revolucionario. Los hechos tal y como los presenta la historia oficial son, resumidamente, los siguientes:

—22 de febrero: una manifestación de obreros y estudiantes se dirigen por las calles de París hacia la Asamblea Nacional, reivindicaban la dimisión de Guizot y la instauración del sufragio universal [masculino], por lo que el gobierno envió al ejército y a la Guardia Nacional para la represión de los manifestantes;

—23 de febrero: la Guardia Nacional tomó partido por los manifestantes, por lo que la insurrección empezaba a ser incontrolable para el gobierno, situación que se agravó cuando el ejército provocó una masacre sobre el pueblo;

—24 de febrero: el avance de las masas hacia las Tullerías provocó en primer lugar la caída del rey burgués y, tras la irrupción de los manifestantes en la Asamblea Nacional, la formación de un gobierno provisional y la proclamación de la II República.

Posteriormente, ese gobierno provisional, después de establecer un amplio derecho de asociación y reunión, instauró el sufragio universal y convocó elecciones con carácter constituyente, que se celebraron el 24 de abril con el triunfo de los moderados. Ese mismo gobierno provisional creó la comisión de Luxemburgo, dirigida por dos socialistas que lograron la aprobación de una legislación de carácter laboral y la creación de los Talleres Nacionales.

La lucha de clases en francia de 1848 a 1850
Karl Marx. Introducción de Friedrich Engels. Prólogo de Francisco Sierra Caballero
Renacimiento, 2026

Más tarde, el 4 de noviembre, la Asamblea Nacional aprobó la nueva Constitución republicana y el 11 de diciembre de 1848 Luis Napoleón Bonaparte (sobrino del emperador Napoleón I) fue elegido primer presidente constitucional de la II República francesa. El ciclo republicano se cerraría el 2 de diciembre de 1851, tras el golpe de Estado bonapartista —en un primer acto— y el 2 de diciembre de 1852, en el acto definitivo, con la restauración del Imperio.

En ese contexto, Marx —que había publicado unos días antes, junto con su amigo Engels, el Manifiesto [del partido] comunista, en el que afirmaban que “la historia de todas las sociedades anteriores es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos, se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; la cual terminaba siempre en una transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento común de las clases enfrentadas”—, escribe en una serie de cuatro artículos una interpretación de los hechos con la que quiere mostrar su concepción materialista de la historia expuesta en el Manifiesto aplicada a un proceso revolucionario en marcha.

El análisis del proceso revolucionario francés nos va a permitir aprender de nuestros errores, de nuestros éxitos…, no solo para tener memoria de nuestras luchas, sino principalmente para avanzar

El análisis de Marx empieza con “la derrota de junio de 1848”, ya que quiere llamar la atención sobre un hecho fundamental: el conflicto principal es una lucha entre facciones de la burguesía. En su análisis, publicado en el periódico Nueva Gaceta Renana a lo largo del año 1850 —los tres primeros en los tres primeros meses del año, el último en noviembre—, Marx identificaba en el hambre de 1845-1846 provocada por la enfermedad de la patata y en la crisis general del comercio y de la industria que había comenzado en Inglaterra —pero había tenido importantes consecuencias en Francia—, el origen de la revuelta, protagonizada por los obreros de París, junto con la pequeña burguesía, habiendo quedado al margen los campesinos. Pero, si la crisis surgiera en Inglaterra, ¿por qué estalla la revolución en Francia? Para responder a esa pregunta Marx sostiene que en Inglaterra la burguesía industrial ya estaba en el poder y disponía de mecanismos para hacer frente a la capacidad especulativa de la burguesía financiera… y esos mecanismos eran los que necesitaba la burguesía industrial francesa, que no los tenía porque —a pesar de su poder económico— no tenía el poder político —que estaba en manos de la burguesía financiera “orleanista”— y por sí sola no podía conseguirlo: esa es la razón por la cual la burguesía industrial y comercial usó al proletariado y a la pequeña burguesía para tomar el poder… y una vez que lo consiguieron los apartaron del poder en las jornadas de junio, que dejan fuera al proletariado. Empieza así la segunda fase de la lucha de clases, que habrá de concluir el 13 de junio de 1849, cuando la burguesía deja fuera a la pequeña burguesía, aprovechando el conflicto creado por la intervención en Italia contra la recién proclamada república romana; entremedias surge un nuevo elemento de confrontación: el campesinado que vota masivamente por el nuevo presidente de la República: Luis Napoleón Bonaparte. La tercera fase comienza tras el 13 de junio y conduce a la consolidación de la burguesía financiera en el poder, que ejercerá su dominio mediante el endeudamiento del campesinado, situación que los llevará a asumir posiciones “rojas”, junto al proletariado y la pequeña burguesía; ante esta amenaza, la Asamblea elimina el sufragio universal, establece una nueva ley de prensa, promueve una nueva ley de la enseñanza…, lo que la convierte en la ejecutora de la clase dominante: la revolución ha muerto.

Es ese el motivo por el cual Althusser sostenía que Marx abriera un nuevo continente historiográfico. Efectivamente, a lo largo de las páginas de La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850 (Renacimiento, 2026), Marx establece de forma precisa los siguientes fundamentos de la historia: primero, las masas son quienes hacen la historia, no las individualidades, pero las masas intervienen en la historia bajo forma de clases sociales; segundo, la articulación entre los factores económicos y las relaciones sociales en los procesos históricos; tercero, el papel que la ideología y los intereses de clase desempeñan en los conflictos de clase; y, cuarto, la importancia de las relaciones internacionales y las alianzas de clase en el desarrollo de los conflictos sociales. No obstante, Marx desarrolla esa nueva forma de hacer historia en un texto periodístico escrito, de forma ágil y concisa, para la revista teórica de la Liga de los Comunistas, la Nueva Gaceta Renana.

Ahora bien, precisamente por tratarse de un formato periodístico, un hecho a veces oscurecido debido a que esos artículos llegaron a nosotros en forma de libro, reunido y prologado por Engels en 1890, Marx no define los conceptos analíticos (clase, lucha de clases, ideología, correlación de fuerzas…) que pone en juego en su análisis de la realidad, de la que ofrece una explicación objetiva, a pesar de tratarse de un análisis de clase en el que toma partido por uno de los sujetos en lucha. Un análisis que nos va a permitir aprender de nuestros errores, de nuestros éxitos…, no solo para tener memoria de nuestras luchas, sino principalmente para avanzar.

Ahí está precisamente el valor que quiere resaltar Francisco Sierra Caballero en la introducción que realiza al libro: el hecho de constituir prosas de combate.

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