La Asamblea Nacional Francesa hace el bufón para Juan Carlos de Borbón

Qué triste y ridículo el papelón del Parlamento del país de la Revolución y la República.
Aleph / CC BY-SA 2.5

Mientras en España el retorno definitivo del rey emérito continúa siendo un debate encendido e incómodo, y la mayor parte de la ciudadanía considera que el rey corrupto es un caradura que se lo ha llevado calentito forjando una fortuna personal en base a comisiones ilegales y para nada le echa de menos desde que se fue a Abu Dabi para no pagar impuestos y esconder su fortuna millonaria, Juan Carlos de Borbón ha encontrado increíblemente el reconocimiento más inesperado en la República Francesa. ¿Por qué?

La Asociación Lire la Societé en colaboración con la Asamblea Nacional le han concedido en la 35 Jornada de la Edición del Libro Político el premio especial por su libro Reconciliación, escrito a cuatro manos (eso dicen, pero es un libro de encargo) por Juan Carlos con la periodista Francesa Laurence Debray. Sí, cosas que pasan con los hijos: la hija del revolucionario Regis Debray que pasó años en prisión por apoyar la guerrilla del Ché Guevara en Bolivia, biógrafa del rey sin méritos. Las declaraciones de Juan Carlos nada más recibir el premio (qué cachondo el campechano), han sido no por esperadas menos conmovedoras: «Nadie es profeta en su tierra». Pobrete e incomprendido, qué joyita…

Si Mundo Obrero convocara el premio al Bufón Real o al Gorro Frigio en cada número como hace la revista republicana POLÍTICA, con crítica, humor y retranca (y recordando a Robespierre), tendríamos que darle sin duda en este número de mayo el Premio al Bufón real a la Asamblea Nacional Francesa, por querer formar parte del ejército de pelotas y cortesanos de los Borbones después de haber protagonizado la Revolución Francesa. Por cierto, los Borbones son reyes de origen francés, que Francia nos exportó a España la monarquía mientras a sus reyes les cortaban la cabeza.

La imagen del rey exiliado tras sus escándalos de corrupción entrando en la Asamblea Nacional de París para ser premiado supone un giro irónico de la historia: el Borbón que en su país genera rechazo en la población y división institucional y política, en la Francia republicana, la nación que acabó con la monarquía para siempre en la guillotina, es recibido como un valor digno de elogio, a pesar de sus escándalos y sucia corrupción. Claro que también a pesar de haber sido invadida por los nazis y a pesar de sufrir el régimen de Vichy, olvidando a la heroica Resistencia, ahí ha estado la ultraderechista Marine Le Pen amenazando cada cuatro años con llegar a la presidencia de la República por las urnas. La Francia del siglo XXI tiene muy cortas las lecciones históricas, la memoria muy ligera y muy olvidadizos los principios republicanos.

Con este premio, entregado el 11 de abril, la polémica ha llegado a Francia, donde el estupor ha sido la respuesta de muchos políticos y personalidades. Al menos no les ha salido gratis. La propia presidenta de la Asamblea, Yael Braun-Pivet, se mostró estupefacta ante el otorgamiento de este reconocimiento, que sin duda contribuye patéticamente a lavar la cara de quien no se la puede lavar haga lo que haga, porque si bien es una organización independiente la que lo otorga, el acto sí se celebra tradicionalmente en instancias de la institución. Vaya papelón el de la Asamblea Nacional francesa premiando a un personaje corrupto, antipatriota y fugado al extranjero por evasor fiscal. Además, ríanse un poco: aunque el asunto tiene poquita gracia, el premio se entregó en la Sala de Fiestas de la Asamblea Nacional.

Que nadie sufra por el emérito, está muy feliz allí, adonde está educando a Froilán en el control financiero de su fortuna, y adonde le visitan Elena, su favorita, y Cristina

El libro Reconciliación por el que se premió en París al rey exiliado, tiene además escasísimos méritos en su contenido, y no muestra nada que no esté ya en las múltiples hagiografías que desde hace años presentan aburridamente al penúltimo rey Borbón como modélico, campechano, un santo lleno de virtudes, etc. Solo algunas mentiras más sobre el golpe de 23 F (del que siempre tuvo conocimiento porque se organizó en Zarzuela) presentándose como un mártir traicionado y eludiendo las explicaciones sobre su responsabilidad.

De escándalo son también las muestras de respeto y admiración con que el penúltimo Borbón habla en su libro del dictador y criminal Francisco Franco, al que blanquea y enaltece sin pudor, ofendiendo la dignidad de quienes sufrieron represión y tortura. Vamos, un libro estupendo dedicado, cómo no, al autoelogio por el importante papel del Campechano en la transición, con autojustificaciones impresentables respecto a los 100 millones de euros que recibió de Arabia Saudí, hecho al que solo califica de “error”. El error de la comisión millonaria cobrada debe estar, claro, en que esta vez no pudo ser ocultada. El segundo error fue regalárselo a Corina, claro, que de vuelta nada.

Por lo demás, que nadie sufra por el emérito, está muy feliz en Abu Dabi adonde está educando a Froilán en el control financiero de su fortuna, y adonde le visitan Elena, su favorita, y Cristina, que últimamente se arrima. Ha llevado allí todos los dineros que mantenía repartidos en diversos paraísos fiscales por todo el mundo para evitar fijar su residencia fiscal en España y tener que pagar impuestos millonarios. Pero, ya saben, es mejor decir que Leticia no le quiere y que su hijo no le deja regresar, por haber sido malote.

Y ahí va a seguir, invitado permanente de un gobierno dictatorial pero en una habitación de hotel de lujo que cuesta 11.000 euros la noche (por la que no debe pagar un euro), con la viagra a mano y el disfrute merecido del sacrificio histórico realizado por la democracia y soñando con la ingrata España que tan mal le paga. Que allí siga el rey corrupto, que al menos el pueblo sabe bien por qué ha tenido que irse tan lejos con la verguenza por los suelos y el rabo entre las piernas. Pero qué triste, lamentable y ridículo el papelón del parlamento del país que inventó la Revolución y la República, que dio lugar a la heroica lucha de la resistencia francesa contra el nazismo y que produjo el mayo francés revolucionario de 1968. Lo dicho, si Robespierre levantara la cabeza…

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