Tensión en la frontera entre Polonia y Bielorrusia

Echar balones fuera en materia de protección internacional

Foto: gpk.gov.by

Desde hace unos días la atención en el plano migratorio vuelve a concentrarse en la frontera oriental europea, concretamente entre Polonia y Bielorrusia. Miles de personas acampan ante la línea divisoria, erigida en alambre de espino y guardias fronterizos, con la esperanza de entrar en Polonia.

Desde Polonia señalan que se trata de una maniobra de Bielorrusia en respuesta a las sanciones que la Unión Europea ha impuesto a dicho país, con el objetivo de forzar una presión migratoria. Si bien carezco de datos para corroborar o desmentir dicha teoría, sí puedo señalar que hay una serie de elementos que no se pueden pasar por alto y que a todos los efectos esta estrategia de enmarcar políticamente la crisis fronteriza no hace más que desviar la atención sobre hechos fundamentales que no se están teniendo en consideración.

En primer lugar, cabe resaltar una precisión geográfica. En la divulgación de la actual crisis migratoria entre Polonia y Bielorrusia se ha repetido con frecuencia que las personas aguardan su oportunidad para entrar a Europa. Pero, ¡oh sorpresa!, Bielorrusia está en Europa. Aguardan para entrar a la Unión Europea. Y esto, aunque parezca una cuestión semántica menor, es de vital importancia, dado que Bielorrusia no está sujeta a la misma legislación en materia migratoria, más concretamente en materia de asilo y refugio que es la cuestión de fondo que también se intenta eludir. Polonia, en cambio, se ha adscrito a unos compromisos en materia de protección a los que ha de responder, no sólo ante su legislación sino también ante el resto de la Unión Europea. Este es el primer balón que se intenta echar fuera del campo de la protección que ¡ojo! no solo Polonia sino la Unión Europea en su conjunto debe garantizar.

En segundo lugar, aparece una cuestión terminológica. Desde que ha estallado este conflicto se habla de ‘migrantes’ y, si bien stricto sensu está bien empleado en tanto que se trata de personas que “migran”, “se desplazan” de sus países de origen hacia otros, no termina de ser del todo explicativo en el caso concreto al que pretenden referirse. Las personas que aguardan en la frontera de Polonia y Bielorrusia provienen de zonas de conflicto y han manifestado su intención de solicitar asilo, por lo tanto son posibles solicitantes de protección internacional y, según la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y el posterior Protocolo de Nueva York de 1967, son refugiados. Ante los cuales, una vez más, la Unión Europea tiene responsabilidades ineludibles.

En tercer lugar, nos encontramos con que la OTAN ha mostrado su preocupación y su interés en participar en esta escalada de la tensión entre Polonia y Bielorrusia. Resta esperar que no sea ni la misma preocupación ni el mismo interés que motivó su participación en las guerras de Irak y Afganistán, “casualmente” origen de las actuales condiciones de inseguridad y falta de protección que motivan el desplazamiento forzado de miles de personas que hoy buscan asilo en la Unión Europea.

En cuarto lugar, dentro del discurso que intenta responsabilizar de la situación únicamente a Bielorrusia, presentando a Polonia como víctima, se acusa a Bielorrusia de ser un régimen que viola los derechos humanos y que utiliza a las personas como arma de presión, obviando que sería precisamente este hecho el que habría de permitir la entrada de esta población que, recordemos, busca protección.

Una de las cuestiones centrales que se está pasando por alto en esta tensión fronteriza es la práctica de externalización de las fronteras y de presión hacia un control de los flujos migratorios y de solicitantes de asilo que se quieren alejar cada vez más de Europa o, mejor dicho, de la frontera de la Unión Europea. Ya en 2018 se propuso por parte de la Comisión Europea la creación de centros de “clasificación de migrantes” [1] y en la actualización de la política de asilo europea se propone el “control previo a la entrada” [2]. Ya vemos cómo se desarrollan las políticas de externalización del control fronterizo en Marruecos y Mauritania.

Asistimos una vez más a una práctica de utilización política de una realidad sangrante que desciende a lo más hondo de las contradicciones europeas. Mientras tanto el invierno amenaza, tanto como las tropas movilizadas para “proteger” la frontera.

Notas:

1. rtve.es

2. europarl.europa.eu

Investigadora sobre asilo y refugio

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