Los liberales alemanes han llegado a un acuerdo con los socialdemócratas y los verdes para formar gobierno. El pacto incluye aumentar el salario mínimo a más de 1.900 euros, construir 400.000 pisos al año –una cuarta parte de ellos con fondos públicos–, reducir la edad mínima para votar a los 16 años, legalizar el consumo de cannabis y alcanzar un 80% de energías renovables para 2030.
¿Se imaginan a estos supuestos liberales patrios aprobando que el SMI suba a niveles europeos?
¿Se imaginan a estos presuntos liberales aprobando la legalización del consumo de cannabis?
¿Se imaginan a estos aparentes liberales aprobando la construcción de más de 100.000 viviendas con fondos públicos?
¿Se imaginan a estos ficticios liberales aprobando la edad mínima para votar a los 16 años?
Ni en el mayor de los imaginarios posibles se es capaz de pensar que pudiera haber ocurrido con los autodenominados liberales de Ciudadanos. A pesar de que dicen que los liberales alemanes son el espejo en el que se miran. Será, como algunos dicen, con los ojos cerrados.
¿Cuál es la diferencia entre los liberales alemanes y los españoles? Mientras que en Alemania los liberales ejercen de liberales, en España los supuestos liberales pugnaron por sustituir a la derecha con sus mismos postulados para terminar abocados a la irrelevancia política tras servir de meras muletas de la derecha y de la ultraderecha.
En esto último esta la más palpable diferencia. Los liberales alemanes mantienen un ‘cordón sanitario’ sobre la extrema derecha, según manifiestan, por mera cuestión de higiene democrática. Dicen que no se puede pactar con partidos que no respetan el orden constitucional y democrático, que es una línea roja que nunca se puede cruzar.
Algo que, como todos sabemos, no ocurrió con los Ciudadanos de Rivera ni con los de Inés Arrimadas. El primero no tuvo problemas en participar en aquella aciaga, para sus intereses, foto de Colón y Arrimadas no pone reparo alguno a que la extrema derecha les mantenga en los gobiernos de Murcia, Madrid y Andalucía. Lo de la higiene democrática les viene al pairo, si de ostentar cargos de gobierno se trata.
El caso más paradigmático es el de Juan Marín en Andalucía que ha terminado ejerciendo de tonto útil, propiciando el auge de la ultraderecha en la comunidad autónoma, y va a dejar a su partido en la irrelevancia política. Ahora clama al PP que le incluya dentro de sus listas electorales, posibilidad que negaba hace algo más de un año. Con el agua al cuello, no ven otra posibilidad para seguir subsistiendo en política. El portazo del PP a la petición no ha sonado a signo de interrogación.
Más que un partido liberal, Ciudadanos está situado en la veleidad de la oportunidad. Y la oportunidad ha quedado tan manoseada, de tanto usarla, que ya no puede utilizarla para manipular la realidad.
Cuando a un liberal le cuesta bien poco pasar a formar parte de un partido de derecha, no es que haya visto la luz como San Pedro sino que de liberal tenía bien poco y sí mucho de oportunista. Lo fue Rivera, lo es Arrimadas, así como Marín también, hasta una lista bien larga.







