Ser izquierdista y no ser antiimperialista es una contradicción hasta biológica.
Salvador Allende
Desde el triunfo de Gabriel Boric en Chile, se viene especulando con por lo menos tres suposiciones en torno a su gestión del próximo gobierno.
La primera es de esperanza: un gobierno de ayuda para los sectores más necesitados. La segunda es la de los que están esperando para “ver”. Y la tercera la de los que no ven en Boric nada de lo prometido sino más bien una especie de gestión socialdemócrata.
Algunos señalan que por lo menos perdió la derecha neoliberal, expresada en el gobierno de Sebastián Piñera, reivindicándose la larga lucha de años en Chile buscando bienestar para todos los sectores de la sociedad y el legado de Salvador Allende. Otros tienen dudas sobre la destrucción de la Constitución de Pinochet.
En este mar de supuestos, dudas y argumentaciones, deseamos presentar algunas consideraciones. Veamos primero que ha sido Chile en estos últimos años.
No es cierto que Chile siempre haya sido una especie de barómetro para Latinoamérica, catalogándola como la panacea en el logro de reivindicaciones económicas, cuando la realidad ha sido la implementación de políticas neoliberales.
Y así, según el escritor Omar Rafael García Lazo, el neoliberalismo llegó a América Latina de la mano de Pinochet. Desde entonces, Chile se consolidó como un gran aliado de Estados Unidos y el mejor ejemplo de democracia y crecimiento económico sostenido, obviamente sin mirar los efectos sociales “colaterales”.
Durante décadas, Chile fue acumulando una deuda social que amenazó con estallar en varias ocasiones, desde la revuelta de octubre 2018. Y en 2019 se produjo una masiva protesta que estremeció los cimientos neoliberales del país.
En los dos últimos años se dirime un pulso entre las fuerzas progresistas y la derecha que tuvo su primera señal de cambio en las grandes protestas sociales que derivaron en la elección e instalación de una Asamblea Constituyente, comicios en los que la derecha tradicional no obtuvo un buen resultado mientras que sectores independientes, progresistas y de izquierda lograron la mayoría de constituyentes.
Sin embargo, nada aún está definido. La dictadura, el terror consustancial y la exclusión provocada por el neoliberalismo profundizaron la enajenación y el hastío en una sociedad cada vez más fragmentada.
El plebiscito que resultó de la crisis social con vistas a aprobar la Constituyente solo movilizó al 50 % del electorado, a pesar del movimiento que generó la crisis social e institucional que atraviesa ese país. Aunque fue una participación y una votación históricas, en lo adelante la indiferencia podría favorecer los esfuerzos de la derecha radical.
¿Cómo Salvador Allende o como Felipe González?
Segundo, veremos quién es Gabriel Boric según su actuar y decir.
Gabriel Boric no es un bastión de la izquierda latinoamericana.
1. Boric firmó, durante la concertación hacia la Constituyente, las condiciones de la misma, denominada constituyente amarrada, ya que hubo y hay muchos condicionamientos.
2. Boric, desde los tiempos como diputado, fue acusado de tener doble moral, ya que acusaba a Colombia de violación de los derechos humanos pero lo veía en su propio país.
3. También se le ha criticado por estar alineado con las políticas de Estados Unidos, incluso utilizando el mismo discurso de Trump.
4. En algún momento Boric se atrevió a hablar de “la dictadura en Cuba”, cuando algunos de sus predecesores presidentes como Lagos y Bachelet (supuestos de izquierda) ninguno lo hizo.
5. En algún momento se definió como socialdemócrata.
6. En su primer discurso como ganador de las elecciones, habló de ir “poco a poco” en su gestión de gobierno y posibles cambios, como para no incomodar a la oligarquía chilena.
7. Cuando ocurrió el Golpe en Bolivia, enmudeció y no dijo nada al respecto.
8. Su programa de gobierno en nada se parece al de Allende.
9. Lo fuerte de Chile es la minería y en ningún momento Boric ha mencionado la nacionalización.
10. La última perla de Boric es que se ha conocido que el espacio político de la concertación que Boric firmó fue financiado por la NED estadounidense.
11. Hay dudas y vacilaciones sobre las posturas de Boric en la primera y en la segunda vuelta electoral:
En la primera vuelta, Boric se alió con un grupo heterogéneo formado por el Partido Comunista, el Frente Amplio (compuesto por diversos partidos y movimientos de izquierda con excepción del Partido Socialista) y una variedad de grupos ambientalistas, feministas y LGBTQ.
Pero en la segunda vuelta Boric amplió todavía más esta coalición con el agregado de los socialistas, el centroizquierdista Partido por la Democracia, los democristianos y algunas organizaciones centristas. Cabe pues hacerse la misma pregunta que el politólogo chileno Patricio Navia: ¿cuál de las dos alianzas gobernará y en qué plataforma se basará el gobierno de Boric?
Boric moderó (juega a la moderación) sus posturas en la segunda vuelta, cuando pasó de culpar a la coalición política que gobernó el milagro económico de Chile, la Concertación, a buscar el apoyo de sus ex presidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. La plataforma de la segunda vuelta todavía era muy reformista e incluía muchas de las promesas originales modificadas pero ya no era tan radical.
Ante estos datos reveladores, tanto los/as chilenos/as, como los/as latinoamericanos/as de izquierda es posible que terminemos llevándonos una decepción con Boric.
Además es significativo que los sectores de la derecha latinoamericana y global piensen que con Gabriel Boric no habrá un típico gobierno de la izquierda latinoamericana sino más bien del estilo de la socialdemocracia europea, a la manera de Felipe González.
Chile necesita un presidente como Allende, con un programa de gobierno socialista y muy cercano a los más necesitados y a los intereses de la nación. Por eso lo eliminaron. Un Allende que no tuvo miedo al imperio ni a ser de izquierda. Chile necesita un Salvador Allende.







