El protagonismo en las últimas tres décadas de los pueblos indígenas, afrodescendientes, del feminismo, de las muchachadas de las barriadas populares y otros movimientos sociales nos condujeron a nuevos caminos unitarios
Era la segunda o tercera reunión a la que asistía como militante recién ingresado a la Juventud Comunista Colombiana por allá en el año 1972. Las reuniones se realizaban en una vieja casona colonial de la “Calle de las trampas”, llena de adoquines y de historias misteriosas que engrandecen a Honda, “La ciudad de los puentes”, ubicada a orillas del río Magdalena.
Armando Robledo, el sagaz tinterillo que dirigía el partido, planteó una campaña de expectativas que fuera creando ambiente para las elecciones presidenciales de 1974. La idea era realizar unas pintas que dijeran UNO-74. No creo que en esos momentos a los militantes recién llegados nos haya quedado muy claro de qué se trataba y solo lo vinimos a comprender algunos años más tarde, incluso después de las elecciones del 74 cuando llenamos la ciudad de carteles, murales y panfletos de la Unión Nacional de Oposición (UNO), y elegimos dos concejales. Años después tendríamos claro que la UNO había sido la primera y más importante coalición programática de la izquierda, protagonizada por dos partidos que durante la última década se habían enfrentado fieramente en el marco de la ruptura chino-soviética, pero que tenían clara la idea del poder y lo de la “misión histórica” de la que tanto se hablaba en aquellas épocas en medio de duros debates sobre tácticas y estrategias. Sin embargo, en ese momento la unidad, la campaña, la consigna y el objetivo era ser oposición. Seguramente era más algo de realismo electoral que encasillamiento reformista.
Ha pasado exactamente medio siglo desde aquellos tiempos en que se preparaba la campaña de expectativas de la UNO, y esos recuerdos nos vienen cuando ahora con el Pacto Histórico avanzamos hacia la posibilidad de pasar de ser eterna oposición y una terca resistencia a ser gobierno, rompiendo dos siglos de dominio bipartidista.
Mucha agua y muchos peces han pasado bajo los puentes de Honda, pero hay una línea muy clara en los posicionamientos políticos del Partido Comunista Colombiano y ha sido el de la unidad de los revolucionarios, la unidad de la izquierda e incluso un poco más allá, el encuentro con los sectores democráticos, especialmente con quienes Gilberto Vieira llamaba “las reservas democráticas del país”. El protagonismo en las últimas tres décadas de los pueblos indígenas, afrodescendientes, del feminismo, de las muchachadas de las barriadas populares y otros movimientos sociales nos condujeron a nuevos caminos unitarios con denominaciones hasta poéticas como las de “movimiento de movimientos” o “el encuentro de todas las luchas y de todos los sueños”.
Tras la estela del Pacto Histórico hay una larga historias de proyectos unitarios: el fugaz Frente Unido, la UNO, la UNO-ANAPO-MIL, el Frente Democrático y la Unión Patriótica. Llegaría luego la guerra sucia y el asesinato de los candidatos presidenciales Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro y algo nos alejamos de las urnas. Intentos hizo la AD-M19 en 12 años de imposibilidades, hasta que surgieron el Polo Democrático Independiente y luego el Polo Democrático Alternativo, y finalmente el reciente 2018 en el que Gustavo Petro pasó a la segunda vuelta con 8 millones de votos. Ha sido un recorrido largo y tortuoso con más tristezas que alegrías. Pero un camino de terquedad y de búsquedas, de aprendizajes de unidad.
Cómo han cambiado las cosas desde aquellas épocas de “La calle de las trampas”.
¡Cómo está cambiando Colombia!








