Como era de esperar, la cumbre de la OTAN celebrada en Bruselas con la presencia del Presidente norteamericano Biden, se convierte en la institución multinacional menos dispuesta a buscar una vía de negociación rápida para conseguir un alto el fuego y cese de hostilidades en Ucrania por parte de la Federación Rusa.
Aprovechando el ataque injustificado de la Federación Rusa a Ucrania, la OTAN aprieta el acelerador para su rearme y despliegue en los estados limítrofes con la Federación Rusa.
El despliegue de cuatro batallones a Rumania, Hungría, Eslovaquia y Bulgaria, sumados a los ya desplegados en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, 40.000 soldados de la OTAN, más 100.000 soldados norteamericanos, abunda en la idea de rodear militarmente a la Federación Rusa, todo lo contrario, a la necesidad de construir un Espacio de Seguridad Continental Compartido.
Por si fuera poco, acordaron el envío a Ucrania de misiles antibuques de guerra, drones y armas antitanques, en un intento de retrasar al máximo la salida negociada del conflicto.
Dentro de la política cínica a la que nos tienen acostumbrados la OTAN, se dirigió a la República Popular China “a defender el orden internacional, incluidos los principios de soberanía e integridad territorial, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, a abstenerse de apoyar el esfuerzo bélico de Rusia de cualquier manera y a abstenerse de cualquier acción que ayude a Rusia a eludir las sanciones.” Los mismos que atacaron, bombardearon y asolaron Yugoeslavia, Iraq, Afganistán y Libia en contra de los principios de soberanía e integridad territorial consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, se dirigen ahora a China a defender el orden internacional pisoteado por la OTAN y los EEUU.







