Donde dije digo, digo diego

Brindis al sol

A mediados del mes de noviembre, los dos partidos que han gobernado más tiempo en España, PSOE y PP, se reunieron sin llegar a un acuerdo para intentar poner solución a uno de los mayores dramas que vive la sociedad: los desahucios. PP y PSOE aceptaron ocuparse de este tema después de 400.000 ejecuciones hipotecarias realizadas en España desde 2007 y, sobre todo, después de todos los suicidios derivados de este drama.

Las reuniones, protagonizadas por la cúpulas de ambos partidos, Soraya Saénz de Santamaría por parte del Gobierno y PP y Soraya Rodríguez por parte del PSOE se llevaron a cabo sin invitar a ningún otro grupo parlamentario, ni organización de lucha contra estos abusos bancarios como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca o ‘Stop Desahucios’.

Tras varios días de encuentros y, sobre todo, desencuentros entre PP y PSOE, no hubo acuerdo y el Gobierno decidió modificar muy levemente la ley con unos cambios que la dejan más cerca de la caridad que de la justicia y que suponen simplemente una tirita para una herida muy profunda.

Los desahucios por impago de hipotecas comenzaron a ser un drama desde el inicio de la crisis causada por la avaricia de los bancos y la burbuja inmobiliaria, como hemos dicho, ese drama golpeó a 350.000 hogares de 2007 a 2011, años en los que gobernó el PSOE y en los que el ahora líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba tuvo un papel muy importante en el partido del Gobierno.

Durante esos años tuvimos que escuchar a Elena Salgado, por entonces ministra de Economía, decir que el Gobierno no se podía permitir cambiar la ley hipotecaria porque eso podría afectar al sistema financiero español. Al mismo tiempo, el PSOE, con Rubalcaba en el sillón de la vicepresidencia nunca escuchó las propuestas sociales que hizo Izquierda Unida sobre la solución para las hipotecas desde el inicio de la crisis.

Así, una vez más, el PSOE y Rubalcaba llegan tarde, mal y nunca. Porque cuando estuvieron en el Gobierno tenían en sus manos la posibilidad de legislar de manera justa hacia los ciudadanos y eligieron seguir engrosando las cuentas de resultados de los bancos y sus accionistas.

La postura política del PSOE y Rubalcaba vuelven a dejar al desnudo a la socialdemocracia española, que en este caso ni siquiera ha querido ponerse un disfraz de lucha por la justicia social ya que los bancos mandan demasiado para hacerlo.

PP y PSOE se pusieron a negociar porque los desahucios y los suicidios derivados de ellos han creado una alarma social en el país. Pero su negociación, que no fue tal, fue simplemente un brindis al sol, una manera de intentar engañar a los ciudadanos haciéndoles creer que realmente ambos partidos se preocupan más por las personas desahuciadas que por los efectos que pueda producir en el sector financiero la dación en pago o la utilización de las viviendas vacías en manos de los bancos para destinarlas a alquiler social.

Sólo las asociaciones de defensa de los afectados para las hipotecas, los movimientos sociales y las fuerzas de izquierda real lucharon desde el principio para asegurar el derecho a la vivienda y para buscar la justicia contra la práctica rapaz de la banca.

Rubalcaba y el PSOE han querido enarbolar ahora la bandera de la lucha por ese derecho, pero más de 300.000 desahucios mientras ese partido estuvo en el Gobierno pesan demasiado como para que dicha bandera ondee en sus manos.

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