Las elecciones del pasado 24 y 25 de febrero han iniciado un nuevo capítulo en la profunda crisis del sistema político y económico italiano. En Italia, la crisis económica y social ha profundizado la eterna crisis institucional, acabando con la escasa legitimidad del sistema político italiano. La victoria del “centro-izquierda” de Pier Luigi Bersani, con el 29,55% de los votos le deja en minoría en el Senado. Los grandes triunfadores han sido Silvio Berlusconi, con el 29,18%, y el Movimiento 5 Estrellas del Giuseppe Grillo, con el 22,55%. El ex presidente Mario Monti sólo ha obtenido el 10,56%. La coalición de izquierdas Revolución Cívica, en la cual participaban los comunistas, sólo ha obtenido el 2,25% de los votos.
Los resultados electorales marcan además un horizonte de ingobernabilidad. La experiencia del gobierno tecnocrático, cada vez más al margen de los instrumentos de legitimación de la democracia representativa, no ha servido para dotar de la estabilidad necesaria al sistema para llevar a cabo las políticas de ajuste neoliberal promovidas por la Troika y las clases dominantes italianas.
La coalición liderada Bersani se ha beneficiado del sistema electoral para obtener una artificial mayoría en la Cámara de representantes: con el 29,55% de los votos cuenta con el 55,11% de los de los diputados. Sin embargo la trampa del sistema electoral se encuentra en el Senado, donde la derecha de Berlusconi cuenta con una mayoría de veto gracias a su mayoría en regiones claves. El sistema electoral, definido como “una cerdada” por su creador, combina varios elementos en una casi perfecta obra de ingeniería electoral para favorecer a la coalición liderada por Berlusconi. El sistema electoral fue preparado en vistas de la segunda victoria electoral de Prodi con vista a fortalecer el peso de Berlusconi dentro de la derecha y de crear un contrapoder en el Senado.
Veamos cómo funciona el sistema electoral porque se trata de una de las claves de la actual crisis institucional: El sistema proporciona una mayoría del 55% a la coalición más votada en la Cámara de representantes. Cada coalición, de uno o varios partidos, presenta a un candidato o candidata a la Presidencia del Gobierno. Con esto se refuerza la personificación del debate, lo cual siempre supone una ventaja para Berlusconi, gracias a su control de los medios de comunicación, a su “carisma” personal y porque erosiona las estructuras partidarias, punto fuerte de sus adversarios. El sistema impone una barrera del 4% para entrar en la Cámara y beneficia a las grandes coaliciones. Esto refuerza el poder de Berlusconi en la derecha, porque salir de su coalición puede tener un alto coste al significar quedarse fuera del parlamento. Sin embargo, ¿por qué Berlusconi promueve un sistema mayoritario en vísperas de una derrota electoral? La clave está en el Senado, donde el sistema mayoritario se aplica en cada región. De esta forma Berlusconi, gracias a su fuerza en un número suficiente de regiones, se garantiza una fuerte presencia en el Senado, a pesar de no llegar al 30% de los votos. Pero no culpemos en exclusiva a Berlusconi de los perjuicios al propio sistema político italiano provocados por el sistema electoral: el presidente de la republica Napolitano y el presidente de gobierno Monti, a pesar de sus promesas, no han querido impulsar una reforma proporcional del sistema.
Los resultados de las elecciones han dado un nuevo paso en la liquidación del sistema de partidos, en que sólo resiste el Partido Democrático como organización política clásica. El resto de formaciones son organizaciones personalistas, en torno a líderes más o menos carismáticos, en que los militantes sólo juegan un papel de voluntarios. En eso coinciden las formaciones de Berlusconi, Monti y Grillo. Este cambio se ha llevado por delante los restos de las grandes formaciones políticas italianas, desde los neofascistas a los comunistas, pasando por la democracia cristiana. El terremoto que ha supuesto estás elecciones sólo es comparable al producido en 1994. Se habla de “americanización” del sistema político, aunque el resultado se parece más a la vuelta al sistema de partidos de notables del siglo XIX.
Como decíamos, el Partido Democrático es el único partido clásico que resiste. Pero su evolución ideológica es realmente sorprendente. Como sabemos el heredero del PCI, del que proceden la gran mayoría de sus líderes. Lo que se destaca en menor medida es que también es el heredero de la Democracia Cristiana, a través del Partido Popular Italiano, y de la mayoría de las pequeñas formaciones existentes a antes de la crisis de comienzos de los noventa. Esta batiburrillo ideológica ha dado como resultado una formación que ni siquiera se encuentra inscrita a la Internacional Socialista y que quiere superar el eje izquierda-derecha. La ambigüedad tampoco les ha llevado en la senda del éxito electoral: Esta formación que agrupa a los restos de los grandes partidos tradicionales ha sido superada por el Movimiento 5 Estrellas del cómico Grillo. El Partido Democrático se mira constantemente en su homólogo americano y organizó unas exitosas primarias, en las que participaron 3 millones de personas y que refrendaron al candidato oficial Bersani. Pero no nos dejemos engañar por este modelo de participación, tan al gusto de los medios oficiales: La gente puede participar en el refrendo del candidato pero ni si quiera los militantes o los órganos del partido han sido consultados sobre las graves medidas de ajuste que han apoyado sus diputados y diputadas. La democracia representativa acaba donde empiezan los intereses de la clase dominante.
Berlusconi y Grillo
El gran triunfador de las elecciones ha sido Berlusconi. Ha controlado perfectamente los tiempos políticos y ha aparecido en escena justo cuando era necesario. Fue expulsado del gobierno en el peor momento de la crisis y toda la clase dirigente, grandes empresas, políticos e incluso la propia Iglesia se conjuraron para acabar con su carrera política. Se retiro tácticamente, engañando a sus adversarios, y supo mantenerse al margen de las políticas de ajuste más anti-populares, sin oponerse a ellas ni al gobierno Monti. En el momento justo volvió liderando la gran coalición de derecha, con un discurso nacionalista y crítico con “la política”. A punto ha estado, por poco más de 100.000 votos, de ganar las elecciones. Además ha conseguido liquidar a sus grandes enemigos de la derecha, Fini y Casini, ha limitado la presencia siempre molesta de la Liga Norte y, en definitiva, ha conseguido hegemonizar la derecha italiana.
El otro gran triunfador de las elecciones ha sido el cómico Grillo. Lidera un movimiento personalista, en torno a su figura, pero que ha sabido conectar con la protesta frente a las políticas de ajuste y la corrupción. Su movimiento rompe con las formas clásicas de participación de la democracia representativa, pero sin cuestionar el liderazgo personal de Grillo. Ha impuesto un rígido código ético a sus representantes, el cual ha impedido al propio Grillo ser diputado debido a sus antecedentes penales. No es el primer país en que la crisis económica y política, las duras políticas de ajuste neoliberal, hacen aparecer movimientos de este tipo. Pero nunca tan cerca. Deberemos analizarlo con detenimiento para tener en cuenta la dura lección de que la crisis no beneficia necesariamente a quién con más coherencia y decisión se ha opuesto a las políticas que la han provocado.
La lista de derrotados es larga, pero sin duda el principal ha sido la coalición liderada por Monti. Intentaba formar una gran formación de centro-derecha, asimilable a otras europeas, que pudiese recomponer el sistema político bipartidista, tan necesario para dar una forma de apariencia democrática al consenso neoliberal. Su éxito era el éxito de toda la clase dirigente, incluso de sus adversarios electorales. Sin embargo, el 10,56% de los votos representan un fracaso con importante trascendencia: Terminan por mucho tiempo con la posibilidad de recomponer el llamado “centro”. Significan también el fin de la carrera política del democristiano Casini y del ex neofascista Fini, enemigos declarados de Berlusconi.
Las elecciones también han supuesto otra nueva derrota para los referentes comunistas en Italia. El proyecto estratégico de formar un polo político anti neoliberal de la izquierda quizás ha tomado demasiados nombres sin consolidar una forma concreta durante estos últimos años. La Revolución Civil, liderada por Antonio Ingroia, y en que participaba Italia de los Valores de Antonio Di Pietro, la Federación de los Verdes y las dos principales formaciones comunistas, Refundación Comunista y el PdCI, ha obtenido sólo el 2,25% de los votos, quedándose lejos del 4% necesario para entrar en la Cámara. Las dos formaciones comunistas, en las cuales ha dimitido en pleno sus respectivas direcciones, han iniciado un profundo debate para reconstruir la formación comunista.






