
Tú y yo
Bernardo Bertolucci
Título: Tú y yo. Título original: Io e te.
Dirección: Bernardo Bertolucci.
País, año: Italia 2012.
Intérpretes: Jacopo Olmo Antinori (Lorenzo), Tea Falco (Olivia), Sonia Bergamasco, Veronica Lazar, Tommaso Ragno, Pippo Delbono.
Guión: Niccolò Ammaniti, Umberto Contarello, Francesca Marciano y Bernardo Bertolucci, según la novela de Niccolò Ammaniti.
Producción: Mario Gianani y Lorenzo Milei.
Música: Franco Piersanti.
Fotografía: Fabio Cianchetti.
Distribuidora: Betta Pictures.
Estreno Italia: 25 Octubre 2012.
Estreno en España: 26 Julio 2013.
Bernardo Bertolucci, autor de un puñado de excelentes películas (El conformista, 1970; La luna, 1979; El último emperador, 1987; Soñadores, 2003) y algunas inolvidables obras maestras (El último tango en París, 1972; Novecento, 1976) llevaba casi diez años alejado del cine, cautivo y desarmado, deprimido y postrado en una silla de ruedas y el año pasado en el festival de Cannes (donde recibió en 2011 un merecidísimo homenaje a toda su carrera), la sonrisa recuperada, presentó su última criatura: Io e te. Tú y yo, coescrita con el autor de la novela, Niccoló Ammaniti, representa, pues, el retorno al mundo de los vivos de una figura imponente, el director a quien el que esto suscribe atribuiría, de ser necesario, la condición de favorito e imprescindible.
Poco importa que en España Tú y yo se estrene con “agostidad”, casi de tapadillo, con una cobertura publicitaria acorde con la humildad de su distribuidora local, Bettapictures, y que quienes lean este artículo podrán verla con suerte en dvd u otros procedimientos de pantalla menor (pese a todo, estrenada en tan sólo ocho salas en toda España el viernes 26 de julio, consiguió la segunda mejor media por copia de los estrenos y la quinta mejor del top 20, con una recaudación en el fin de semana de 19.000 euros). Y digo “poco importa” con ironía porque, pese a lo anterior, la buena noticia es que a sus 73 años Bertolucci, cuyo cine siempre fue y permanece joven, vuelve a regalarnos una obra luminosa, esperanzada, generosa en su visión amigable de la juventud.
El filme (dicho con total propiedad, pues se rodó en celuloide, cosa cada vez más rara) convoca de nuevo a sus protagonistas a una experiencia vitalista y vigorizante en un espacio cerrado, un cuarto trastero de un apartamento romano en el barrio del Trastevere. De nuevo, como en El último tango en París, como en Asediada (1999), como en Soñadores, el director parmesano convierte el espacio a puerta cerrada en una protectora matriz en el que los personajes se protegen, llevan a cabo un ejercicio de catarsis reconociéndose en el otro y finalmente descubren que la vida en realidad está afuera. Y cuando salen al exterior la experiencia les ha cambiado para siempre.
En Tu y yo son un adolescente de catorce y una chica diez años mayor, hermanastros por parte de un padre desatento, quienes por azar coinciden en el encierro. Entre ellos se desarrolla una delicada relación que no tiene en apariencia un sustrato erótico pero que alcanza niveles de intensidad emocional, eso sí, infinitamente más sutiles, comparables al terremoto que sacude a Marlon Brando antes de su tango final con Maria Schneider, o a Michael Pitt en su desfloramiento mutuo con Eva Green, también en París, soñadores de un mundo por venir en mayo del 68.
La mirada de Bertolucci es la propia de un padre comprensivo y en absoluto paternalista, se emociona con la belleza de sus criaturas, no las compadece, ni critica, ni sermonea, ni les exige explicaciones de sus filias o fobias, les deja a su libre albedrío y permite que el calor de su refugio se alimente con el calor de su contacto. De una anécdota argumental mínima extrae el artista italiano –que también vuelve a rodar en lengua italiana, otro retorno- con la inestimable ayuda de dos actores debutantes en el cine en estado de gracia, Jacopo Olmo Antinori y Tea Falco- joyas preciosas de intenso brillo. Como la escena en la que la joven pareja baila al son de la canción Space Oddity de David Bowie, en la insólita adaptación al italiano de Mogol, Ragazzo solo, ragazza sola, con una letra romántica que se diría escrita ex profeso para el guión de esta película. Resulta difícil sacársela de la cabeza. Y resulta difícil sustraerse al embrujo de la escena, y de la película entera, maravillosa en su simplicidad.
RECOMENDACIONES
Trilogía PARAÍSO, de Ulrich Seidl. Este agosto nos ha deparada la sorpresa de descubrir a un autor austríaco casi desconocido en España y la distribuidora Golem ha tenido el acierto de estrenar sus tres películas consecutivamente, para poder contemplarlas como lo que son: una única obra en forma de tríptico. Paraíso Amor, Paraíso Fe y Paraíso Esperanza, un título paradójico; no confundirlo con sarcástico, pues el autor es muy respetuoso con sus desgraciadas criaturas. Una visión desgarradora del paraíso que la sociedad occidental más “avanzada”, la que no padece el azote de la crisis, ofrece a algunas de sus ciudadanas.
ELYSIUM, de Neill Blomkamp. Ciencia ficción con un enfoque social nítidamente progresista, a favor de los oprimidos –mayoritariamente hispanos- a favor de la igualdad de todos los ciudadanos, incluso de los que “entran” ilegalmente, a favor de la asistencia sanitaria para todo el mundo… y además entretenida sin pagar demasiados peajes.
COLOSIO: EL ASESINATO, de Carlos Bolado. Investigación policial de un caso de asesinato y denuncia política. Algo confuso e irregular en el primer aspecto y valiente en el segundo, no duda en señalar con el dedo a los más altos estamentos políticos y policiales del estado mejicano como inductores y ejecutores de toda una serie de asesinatos que comienza por el del candidato a la presidencia del país por el PRI. Basada en los hechos acontecidos en 1994.
SÓLO EL VIENTO, de Benedek Fliegauf. El estilo narrativo, con la cámara continuamente pegada a los personajes, es tan áspero y desagradable como la historia narrada: masacre de familias gitanas en Hungría, en 2008. Muy recomendable con el estómago vacío y a prueba de golpes.







