Experiencias y debates en la izquierda latinoamericana

A 40 años del golpe de Estado contra el gobierno de la Unidad Popular

Los militantes fogueados en esa época histórica hemos aprendido que llegar al gobierno no es tener el Poder, que no se debe minusvalorar a la oligarquía.

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Palacio presidencial de la Moneda, Santiago de Chile, bombardeado por los golpistas

“…Son los pueblos, todos los pueblos al sur del río Bravo, que se yerguen para decir ¡basta!, ¡basta! a la dependencia, ¡basta! a las presiones, ¡basta! a las intervenciones; para afirmar el derecho soberano de todos los países en desarrollo a disponer libremente de sus recursos
naturales…”
Salvador Allende, discurso en la ONU, diciembre 1972

La experiencia del gobierno de la Unidad Popular en Chile generó numerosos y enriquecedores debates en la militancia de izquierda especialmente la de Latinoamérica y el Caribe.

Salvo la experiencia cubana, en América Latina ningún otro proceso que pretendiera transformar el país en socialista había conseguido llegar al gobierno.

Hubo intentos de corte nacionalista o reformador burgués, algunos con cierto grado de éxito como México, pero en general los cambios rápidamente fueron revertidos merced a la intervención norteamericana con la complicidad de las oligarquías nativas. Véase, entre otros, los casos de Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina.

Por ello cuando el 4 de septiembre de 1970 la Unidad Popular vence electoralmente, se reabre el debate entre Reforma y Revolución. Pese a que socialistas y comunistas chilenos tenían muy claro que el objetivo, y no a largo plazo, era la transformación revolucionaria del país. El modo y la temporalidad en que los cambios serían llevados a cabo, se basaban en algunas tesis que el analista francés Frank Gaudichaud[1] resume en cuatro, cuyos pilares serían la confianza en que el Estado burgués sería leal con los resultados democráticos, y por tanto sus instituciones (las fuerzas armadas entre ellas) serían sumamente respetuosas con el pueblo, la ley y la constitución. Por tanto si el pueblo democráticamente cambia las leyes y hasta la constitución, al Estado no le quedaría otra opción que acatar los resultados.

El debate no era menor, ya que implicaba una vuelta de tuerca al concepto expresado en El Estado y la Revolución, donde Lenin afirma que es necesaria la destrucción del aparato estatal ya que el objetivo de ese Estado es lograr la pervivencia de la clase dominante.

También se debatía sobre el proceso para poder llegar al gobierno. Señala Gladys Marín[2], que “El triunfo de la Unidad Popular el 4 de septiembre de 1970 y el proceso revolucionario encabezado por Salvador Allende no hubieran sido posibles sin el desarrollo previo de un poderoso movimiento popular. La constitución de la Unidad Popular y su victoria solo fueron posibles por el desarrollo de movimientos sociales y la unidad de fuerzas políticas que confluyeron en una gran demanda democrático-revolucionaria general”[3]. La Unidad Popular brinda un gran impulso a la actividad política unitaria en todo el continente, se estudia y se sigue el día a día de la construcción social y política que deviene herramienta real de transformación.

Gracias a la experiencia de Chile con la Unidad Popular surge la idea de que “se puede”. Ya Cuba no está sola en la construcción socialista. Esa idea recorrió el continente de norte a sur, alegrando y esperanzando a millones de personas, que veían día a día cómo podía ser posible que un gobierno decidido a construir el socialismo triunfara en las urnas, y luego efectivamente emprendiese ese camino.

Claro que esa misma idea de que “se puede” preocupa seriamente a unos cuantos miles de oligarcas, latifundistas, gerentes de transnacionales, y llegando al corazón del Imperio hizo que sonaran las alarmas e inmediatamente se pusieran en práctica cuantos medios fuesen posibles para desestabilizar al gobierno de Salvador Allende. Pero como esos medios (huelgas patronales, sabotajes, boicots, bloqueos comerciales, etc.) no logran hacer caer al gobierno, los sectores que detentaban el poder en Chile decidieron pasar a la acción directa total y desenmascarada mediante la instauración del Terrorismo de Estado con el golpe encabezado por Pinochet, financiado por la CIA y monitoreado por Kissinger y el Departamento de Estado de EEUU.

La tragedia del pueblo chileno, origina un nuevo e intenso debate. ¿Sirven las urnas? ¿Se puede construir el socialismo sin recurrir a una revolución armada? ¿Llegar al gobierno garantiza llegar al poder?

Con las vivencias de la última década, podemos afirmar que buena parte de la izquierda latinoamericana y caribeña hemos aprendido sobre la imperiosa necesidad del trabajo unitario, sin sectarismos ni vanguardismos. Tenemos que aprender a profundizar el trabajo que hacemos conjuntamente los movimientos sociales y agrupaciones políticas.
Gladys Marín señala que hemos aprendido que “… lo que traba la construcción de alternativas a la crisis del capitalismo es ante todo la despolitización, división, la competencia, las desconfianzas, la falta de organización y unidad en torno a proyectos democráticos que enfrente la política imperialista, la guerra y el neoliberalismo” y por tanto debemos lograr tener la “capacidad para conquistar el poder del Estado, transformarlo y colocarlo al servicio de las transformaciones revolucionarias.”[4]. En definitiva, la izquierda latinoamericana no ha perdido el horizonte revolucionario.

Los militantes fogueados en esa época histórica hemos aprendido que llegar al gobierno no es tener el Poder, que no se debe minusvalorar a la oligarquía, capaz de derramar toda la sangre del pueblo que haga falta para mantener sus prerrogativas. Que hay que tener en cuenta el papel y formación de las fuerzas armadas y del resto de las instituciones estatales. Que no hay éxito posible sin la unidad del pueblo, y que el pueblo se expresa no sólo a través de sus partidos políticos, sino también de sus movimientos sociales y que unidad es confluencia no imposición.

NOTAS:
1. Frank Gaudichaud en su ponencia presentada en la II Conferencia Internacional «La obra de Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI», La Habana, 2004.

2. Gladys Marín Millie (1941 – 2005) Presidenta y Secretaria General del Partido Comunista de Chile. Figura de referencia de la izquierda latinoamericana, fue Diputada para el período 1965-1969, 1969-1973 y reelegida en 1973.

3. Gladys Marín, intervención en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, Brasil, enero de 2003.

4. Gladys Marín, intervención en Foro Sao Paulo, 2003.

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