La abstención ya no es lo que (creíamos que) era

La abstención, como la participación, no es un bloque monolítico: no hay un modelo abstencionista al igual que no hay un modelo de votante
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Abstención. Urnas. Elecciones

Cuando en 2021 Díaz Ayuso adelantó las elecciones autonómicas en Madrid, la izquierda llamó al voto pensando que la abstención era de izquierdas. La participación subió 12 puntos y el PP duplicó sus votos. Entonces se dijo que la abstención es de derechas. No es tan sencillo por eso es importante analizarlo.

En las últimas elecciones municipales del 28 de mayo acudieron a votar 22.704.234 personas, lo que supone un 63,9% respecto a las personas con derecho a voto. Si lo comparamos con 2019, vemos un descenso de la participación, pero muy ligero. Del 65,19% bajó la participación 1,3 puntos. Sin embargo, el PP aumentó un millón y medio sus votos. Pasó del 22,6% de voto en las municipales en toda España al 31,5%. Casi 10 puntos que, junto al aumento en las autonómicas, ya están poniendo en riesgo muchos de nuestros derechos.

He encabezado la frase que presentaba el resultado del PP con un “sin embargo” y muy probablemente quien esté leyendo este texto no haya percibido nada ilógico en el redactado. Porque el PP, creíamos, ganaría si aumentaba mucho la participación, como pasó en Madrid, pero si la participación se congela ¿por qué no se congelan también los resultados?

Las elecciones autonómicas convocadas por Isabel Díaz Ayuso de manera extraordinaria en 2021 trajeron, entre otros disgustos, la creación del mito de que la abstención es de derechas. Hasta ese momento nos habíamos creído que la abstención era de izquierdas: que había una masa que no votaba pero que era de izquierdas. Y no votaba, bien porque los medios la han aborregado, bien porque nuestros dirigentes no se dirigen a la gente común. Aquí, cada cuál puede elegir qué explicación le es más cómoda o encaja mejor con sus ideas preconcebidas. Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno 5 minutos antes de la convocatoria de las elecciones y candidato por Unidas Podemos media hora después, se subió a esa teoría para construir un relato acerca de un Madrid de izquierdas. Al menos de un Madrid que no es de derechas. “Que hable la mayoría” fue el lema de esa campaña. Sin duda, éste tuvo su efecto: 12 puntos menos de abstención que dos años antes.

Con doce puntos menos de abstención el PP había doblado resultados en tan solo dos años, del veintidós al cuarenta y cuatro por ciento. A partir de ahí fue muy sencillo acordar que el segundo culpable del resultado fue la participación de los barrios obreros. El primer culpable, también por un consenso generalizado, fue Iglesias que, aunque sin duda movilizó el voto más de derechas, también hizo posible que UP obtuviera representación. Se culpó a los barrios obreros porque se les llamó contra la abstención y acudieron a votar (10 puntos más de participación en Getafe y 11 en Parla, por ejemplo). También salieron más a votar en las zonas ricas (9 puntos más en Pozuelo y Rivas y 10 en Boadilla, por poner más ejemplos). La abstención es de derechas, fue la rápida conclusión en muchos casos. Sin embargo los planteamientos no pasaron por preguntarse quiénes han ido a votar o dónde habíamos ido a llamar a aquellas personas a las que pedimos el voto.

Escuchemos a quienes dicen que ningún partido les representa. Hagámoslo sabiendo que no están al otro lado de la pantalla de la prensa digital sino de la televisiva

Entonces, dos años después, ya en 2023, nos encontramos con el temor de que un aumento de la participación diera un mejor resultado a la derecha. Y ese mejor resultado a la derecha, a un PP crecido no sólo por la derrota de ciudadanos, llegó sin que por ello tuviera que aumentar la participación. Porque la abstención, como la participación, no es un bloque monolítico: no hay un modelo abstencionista al igual que no hay un modelo de votante.

El CIS, en su reciente Barómetro de junio, pregunta acerca del voto en las últimas elecciones municipales y de las razones para la abstención, en el caso de no haber votado en ese proceso electoral concreto.

“No le inspiraba confianza ningún partido ni ningún/a político/a” es la principal razón que otorga la gente para no votar, con un 24% de las personas encuestadas. El siguiente motivo, con un 16% de respuestas, es muy similar: “No se sentía representado/a por ningún partido político.

No sentirse representado por ningún partido no ubica a nadie a la izquierda ni a la derecha de manera automática. Si acudimos a ese mismo CIS, a la pregunta sobre la autoubicación ideológica, uno de cada cuatro abstencionistas (el 27,5%) se ubica en la cómoda posición media del “5” frente al 21,8% de la muestra total. Se ubican “lo más a la izquierda” muy poco por encima de la población total (12,6% frente al 11,7%) pero un poco por debajo también del “lo más a la derecha” (4% frente al 5,6%).

A veces se tiene la imagen de “el abstencionista” como una persona que no vota nunca y que es ajena a la realidad política que le rodea. Sin embargo, cuando el CIS pregunta a las personas que no votaron sobre el momento en el que lo decidieron, un 40% manifiesta haberlo decidido mucho antes del inicio de campaña. Eso quiere decir que la mayoría de las personas que no votaron en las elecciones municipales decidieron su “no voto” durante la campaña electoral. Incluso, un 20% informa haberlo decidido el mismo día de las elecciones.

En las dudas de “no votante” el PSOE es la fuerza principal, frente al resultado de las urnas, en las que ganó el PP. Un 22% de los abstencionistas, según el mismo CIS, se planteó haber votado al PSOE. Un 18% se planteó el voto al PP y un 6% a VOX. En 4º posición quedaban las opciones del espacio de Unidas Podemos (Podemos, Izquierda Unida y la propia coalición UP) con un 5% de abstencionistas en duda.

Apenas un par de semanas después del domingo electoral (y del lunes del anuncio de Sánchez de adelantar las elecciones) hasta un 35% de las personas abstencionistas manifiestan que, con toda seguridad, irán a votar. Este porcentaje es mayor que las que manifiestan que con toda seguridad no irán a votar, un 23%. Entre ambos extremos se encuentra un 40% cuya participación, con mayor o menor participación, está sin decidir aún y que, probablemente, se vea influida por cuánto se sientan representadas por alguna opción política, según responden ellos mismos.

Esta misma pregunta, sobre la posibilidad de votar o no en las generales de 23J, se ha preguntado también a las personas que sí votaron el 28M. Los votantes de VOX son los menos potenciales abstencionistas de todos, ya que un 89% indica que sin duda acudirá a votar (a un partido u a otro). Así, VOX tendrá un 11% de posibles abstencionistas, entendido este concepto como gente que no confirma “con toda seguridad” que vaya a votar. Entre los votantes del espacio Sumar (Unidas Podemos, Podemos, IU, En Comú Podem, Compromís o Más Madrid) ese porcentaje aumenta del 15% al 20%.

Las altas participaciones se dan únicamente en los municipios de mayor renta y las participaciones más bajas sólo se producen entre los municipios de menor renta media

Es lícito, sin duda, simplificar la realidad para poder llegar a entenderla. Más que lícito, incluso, necesario para poder sobrellevar nuestro día a día sin enloquecer. Sin embargo, es importante que sepamos, al menos, cuándo la estamos simplificando hasta el punto de, quizá, volverla falsa.

¿Quién sale a votar?

Vamos a partir del aprendizaje que ya tenemos. De la certeza de que la renta influye en la participación electoral. También influye la renta en cómo nos informamos o en qué otros espacios participamos política o socialmente, pero eso daría para otro artículo. Por ejemplo, el acceso cotidiano a conexión a internet influye en qué uso social podemos dar a las redes.

Vamos a utilizar la información que ofrece el INE sobre los municipios de más de 20.000 habitantes. A partir de la renta media anual de los hogares de los municipios, se van a comparar los municipios de mayor renta con los de menores ingresos.

Al ordenar los municipios de más de 20.000 habitantes según la renta media de los hogares, seleccionamos al 10% -también llamado decil- que se encuentra en la parte alta de la tabla y también al 10% del otro extremo, que será el decil con menor renta.

De esta manera, compararemos el decil con mayor renta con el decil con menor renta. Es decir, el 10% de los municipios más ricos[1] frente al 10% más pobre[2].

El 10% más rico tiene una renta media que abarca desde los 40.000 euros de Barcelona a los 82.000 de Pozuelo de Alarcón. La abstención de esos municipios se mueve entre el 23% y el 43%. Los municipios de menor renta se ubican entre los 27.000 euros de Jerez de la Frontera y los 20.000 de Torrevieja. En ninguno de estos trece municipios la abstención bajó del 30%. En concretó, se situó entre el 34% y el 53%.

La abstención media del país ha sido del 36% en las últimas elecciones municipales. Así, aunque encontramos municipios con participaciones “medias” tanto en la franja más pobre como en la más rica, las altas participaciones se dan únicamente en los municipios de mayor renta y las participaciones más bajas sólo se producen entre los municipios de menor renta media.

Cuando Pedro Sánchez dice que “a la hora de la verdad, vale lo mismo el voto de un conductor de autobús que el de un propietario de un medio de comunicación», esa “hora de la verdad” quiere decir que, en realidad, nuestros votos no valen lo mismo porque hay gente que puede decidir sobre algunas políticas sin tener que pasar por alguna urna. Y eso no es un secreto, ni siquiera a voces, esa es una verdad sabida: es un aprendizaje para desvincular a la clase trabajadora de la participación política. Ante la abstención, que para muchos es una respuesta lógica ante un sistema injusto, no debemos responder con el clásico “si no votas no puedes protestar luego”. Principalmente porque es la respuesta que se busca desde ese dinero que no vota pero sí decide: que se callen por haberse callado. Demos voz, escuchemos a quienes dicen que ningún partido les representa. Hagámoslo, además, desde un análisis de los datos, sabiendo que no están al otro lado de la pantalla de la prensa digital sino de la televisiva.


[1] Pozuelo de Alarcón, Majadahonda,Sant Cugat del Vallès, Las Rozas de Madrid, Alcobendas, Getxo, Rivas-Vaciamadrid, San Sebastián de los Reyes, Castelldefels, Donostia/San Sebastián, Madrid, Cerdanyola del Vallès y Barcelona.

[2] Jerez de la Frontera, Talavera de la Reina, Elx/Elche, Chiclana de la Frontera, Benalmádena, Santa Lucía de Tirajana, Torremolinos, La Línea de la Concepción, Fuengirola, Elda, Sanlúcar de Barrameda, Benidorm y Torrevieja.

(*) Responsable de Análisis, estrategia y discurso electoral en Izquierda Unida

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