Las legislativas: la gran batalla para la izquierda francesa

El neoliberalismo y el neofascismo quedan como únicas opciones en las presidenciales francesas

Mélenchon fue el segundo más votado en las ciudades más importantes de Francia, excepto la capital, y el primero en los barrios populares de la periferia de París, Marsella y Lille.

El domingo 23 de abril tuvo lugar la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas. Tras una larga noche de recuento, y con más información de resultados definitivos en las televisiones españolas que en las del país vecino, las urnas confirmaron, esta vez sí, lo que preveían las encuestas; el liberal Emmanuel Macron, líder del partido-movimiento ‘En Marcha’, exbanquero de inversión y exministro del gobierno de François Hollande había ganado la primera vuelta con el 24,01 por ciento de los votos, y se enfrentará en la segunda vuelta, que se celebrará el 7 de mayo, a la líder neofascista del Frente Nacional, Marine Le Pen, que obtuvo el 21,30 de los votos.

A grandes rasgos, Emmanuel Macron se impuso en las grandes ciudades y en la parte occidental de Francia. Marine Le Pen, por su parte, fue la más votada en el este del país y en la Francia más rural.

El derechista François Fillon, candidato de Los Republicanos y acuciado por escándalos sobre unos supuestos pagos a su familia con dinero público por unos empleos ficticios en la Asamblea Nacional, se quedó fuera de la segunda vuelta, obteniendo el 20,01 de los votos. Es la primera vez que la derecha tradicional francesa se queda fuera de las elecciones en los últimos 40 años. Fillon llamó a sus votantes a apoyar a Macron la misma noche de las elecciones. Los sondeos prevén un trasvase de una parte importante de su electorado hacia Marine Le Pen.

Para el candidato de izquierdas y líder de la Francia Insumisa, Jean Luc Mélenchon, fue una noche agridulce, porque, a pesar de su histórico resultado (19,58%), no consiguió colarse en la segunda vuelta. Mélenchon, que apareció con tono grave ante las cámaras llamó a sus votantes a asumir su responsabilidad personal de cara a la segunda vuelta, y no trasladó ninguna consigna de voto, lo que produjo las críticas del resto de fuerzas políticas y de los medios de comunicación. Mélenchon también señaló que se haría una consulta a las bases de la Francia Insumisa sobre el sentido del voto en la segunda vuelta. En dicha consulta, según afirmó días más tarde el portavoz de Mélenchon, Aléxis Corbière, no se contempla el voto al Frente Nacional, “simplemente voto a Macron, blanco y abstención”.

El gran perdedor de la noche del 23 de abril fue el Partido Socialista Francés. Su candidato, Benoît Hamon, sólo cosechó el 6,36% de los votos, el peor resultado de la socialdemocracia francesa en los últimos 60 años. Hamon, que, como Fillon, llamó a votar a Macron durante su discurso de la noche electoral, apareció con gesto muy serio ante sus simpatizantes, congregados en La Mutualité, histórico escenario de las noches electorales socialistas francesas.

La izquierda fuera de la segunda vuelta

Una de las principales conclusiones que se pueden sacar de las elecciones presidenciales francesas es que la izquierda se ha quedado de nuevo fuera de la segunda vuelta. El magnífico resultado de la Francia Insumisa de Mélenchon, apoyado por el Partido Comunista Francés, no ha servido para dar una esperanza a los votantes de izquierdas que ahora se debaten en el perverso dilema de apoyar a Macron, uno de los artífices del mayor giro liberal conocido por la ‘izquierda’ gubernamental francesa (Partido Socialista+Ecologistas), abstenerse, votar en blanco, o verse tentados por votar a Le Pen, atraídos por los cantos de sirena que la candidata neofascista lanza a los oídos de la clase trabajadora francesa.

En lo que respecta al Partido Socialista, llega como espectador a la segunda vuelta de la misma manera que llegó a la noche electoral del 23 de abril, con una profunda fractura. La ruptura entre la derecha del partido, personificada en el exprimer ministro, Manuel Valls y el presidente François Hollande, y el ala más de izquierdas, representada por el candidato Hamon, e importantes nombres del socialismo francés como el exministro Arnaud Montebourg o la alcaldesa de Lille, Martine Aubry es total y augura un negro panorama de cara a las legislativas de junio. Eso sí, todos los dirigentes socialistas, empezando por Hollande y pasando por Valls, que ya votó por Macron en la primera vuelta, en vez de al candidato de su propio partido, Benoît Hamon, han llamado a votar al candidato liberal en segunda vuelta.

Los pequeños partidos de izquierda, que realizaron una campaña muy digna, han tenido un resultado muy discreto. Ni el Nuevo Partido Anticapitalista de Phillipe Poutou, que logró hacerse un hueco en la agenda mediática tras el debate televisado entre los 11 candidatos, ni el partido Lucha Obrera de Natalie Arthaud, consiguieron superar el 2% de los sufragios.

Le Pen se hace con gran parte del voto obrero, con matices

La candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, ha obtenido el apoyo del 32% de las personas con rentas inferiores a 1.250 euros al mes, mientras que el candidato de izquierdas Jean Luc Mélenchon, consiguió el 25% de los sufragios de las personas con menos renta. Sin embargo, si miramos los datos más al detalle, constatamos que Jean Luc Mélenchon ha sido el candidato más votado en los llamados ‘barrios populares’ (periferias de París, Marsella y Lille, por ejemplo) de Francia, aquellos en los que existen más tensiones socioeconómicas por la gran cantidad de paro, el abandono por parte de las instituciones y los roces entre las distintas comunidades. También, y como anécdota, o como símbolo de la situación actual de Francia, Jean Luc Mélenchon ha sido el candidato más votado en Amiens, localidad que vive un conflicto laboral desde hace meses por la situación de los 290 trabajadores de la fábrica de Whirlpool, que el fabricante estadounidense amenaza con deslocalizar a Polonia. Estos elementos nos indican que, donde hay conflicto y los trabajadores están organizados, gana la izquierda. Además, el gran resultado de Mélenchon en las ciudades, segundo en las más importantes de Francia, excepto París, puede hacer pensar en un buen resultado, siempre que se tomen las decisiones adecuadas en estos meses, de cara a las elecciones legislativas, que se convierten ahora en la gran batalla para la izquierda francesa.

Dos versiones del capitalismo en pugna

Ante la cita definitiva con las urnas del 7 de mayo los franceses tienen dos opciones, y ninguna es deseable para los intereses de la clase trabajadora. Por un lado, el neoliberalismo con barniz social de Emmanuel Macron, que afirma querer “liberar las energías de Francia” y que tras ese mensaje más propio del márketing que de la política, como todo lo que rodea a Macron, esconde un proyecto de liberalización de la economía y de las relaciones laborales, en un país conocido por la gran fuerza del movimiento obrero.

Por otro, el neofascismo de Marine Le Pen, que, aunque diga querer representar a la clase trabajadora con su ‘patriotismo proteccionista’, defiende un discurso que divide a los trabajadores por su lugar de origen, alimentando la lucha del ‘penúltimo contra el último’ y criminaliza los movimientos antifascistas. Los principales sindicatos ya han llamado a votar contra el Frente Nacional.

Es la versión francesa del combate político que parece gobernar esta segunda década del siglo XXI, la pugna entre el capitalismo globalizador y liberal en lo que se refiere a derechos individuales por un lado, y el capitalismo de repliegue nacionalista, y conservador y restrictivo en derechos civiles. En todo caso, dos versiones del mismo sistema.

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