El pasado 19 de noviembre la extrema derecha ganó en Argentina. Lo que algunos temíamos sucedió y un neofascista, en lo político, y fanático ultraliberal, en lo económico, se sentará en el salón presidencial de La Casa Rosada. Se trata de Javier Milei, cuyo programa de gobierno es un peligro para la clase trabajadora, el Estado de derecho y la democracia argentina.
La precariedad y la desideologización de la juventud se ha convertido en una fuente de votos para Milei
Periodista histriónico, insultante y provocador a lo Bolsonaro, su candidatura se venía trabajando desde hace dos años con apoyo del capital financiero, desde grandes medios de comunicación, y apoyado por múltiples consultorías y redes sociales de todo tipo. Sin partido inicialmente, sin apoyo de la Iglesia y de los sindicatos, su proyecto anarcocapitalista y su campaña trumpista lograron canalizar el descontento social ciudadano en clave reaccionaria. Milei ha ganado en los barrios ricos y pobres, en el mundo rural y en las urbes. La precariedad y la desideologización de la juventud se ha convertido en una fuente de votos para Milei.
Y es que con una inflación del 140 % este año y con unos datos de pobreza del 40,1 % de la población (18,5 millones de personas) en 2023, no parecía que Sergio Massa, precisamente ministro de Finanzas del gobierno progresista de Alberto Fernández fuera el mejor candidato para lograr revalidar el poder político en nombre del peronismo de centroizquierda. Así, el pasado 19 de noviembre, el candidato de la extrema derecha ganó al peronista por un 56 %-44 % en la segunda vuelta de las elecciones con La Libertad Avanza. Eso sí, esa victoria no se hubiera producido sin el apoyo de la derecha neoliberal de Patricia Bulrich y Mauricio Macri, derrotados por el propio Milei en primera vuelta, y cuyo apoyo ha sido imprescindible para la victoria de Milei, y que tendrán un peso muy importante en su gabinete. ¿No les recuerda a Feijoó y a Abascal? Pues aquí les hemos derrotado, pero cuidado porque no nos van a dar respiro.
Parece claro lo que ha pasado, porque si bien es cierto que el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner intentaron impulsar políticas al servicio de las mayorías sociales, los resultados en lo socioeconómico no fueron nada exitosos. Es verdad que fueron acosados desde el principio por los grandes grupos mediáticos y económicos de poder, y que se usó todo contra ellos, campañas mediáticas sin fin e incluso una implacable persecución judicial (lawfare) y hasta un intento de asesinato contra la vicepresidenta Cristina. No lo han tenido fácil.
Desafección por la democracia
Importantes sectores populares se sienten abandonados por la izquierda cuando gobierna y no resuelve sus problemas y miran desesperados hacia opciones neofascistas
Pero es también cierto que en tiempos de capitalismo global y en una época caracterizada por una crisis política, económica y ecológica sin precedentes, el cambio climático sin freno, la desigualdad social y la pobreza están haciendo estragos en todos los países. Si los gobiernos de izquierda fracasan en resolver los problemas de la gente y no encuentran respuestas en forma de políticas públicas acertadas que mejoren la vida de la mayoría social trabajadora, esta puede volverse contra el gobierno de izquierdas al que apoyó cuatro años antes y volver su mirada desesperada, hacia opciones de último recurso, autoritarias y neofascistas. Ya está pasando. El crecimiento de la “antipolítica” y la desafección por la democracia de importantes sectores populares que se sienten abandonados por la izquierda cuando gobierna y no resuelve sus problemas, es una de las causas de la victoria de Milei, quien para atraerse a una población que se encuentra injustamente tratada, ha llegado a decir que “las élites son de izquierdas” y que la culpa de la crisis perpetua de Argentina es una “casta corrupta” formada por políticos, Estado y sindicatos, y del Estado de bienestar, y que hay que acabar con esa corrupción y despilfarro de los servicios públicos y los subsidios, ya sabéis, con la metáfora de la motosierra. Esta es la primera lección que deberíamos sacar desde la izquierda de los resultados de estas elecciones argentinas, pues es válida para cualquier país. Debemos prender las alarmas y saber lo que nos jugamos, porque tanto monta, monta tanto, Milei-Macri como Abascal-Feijoó, como ha señalado recientemente en un magnífico artículo el sociólogo Marcos Roitman.
Es evidente que su programa es un peligro para el pueblo argentino y la clase trabajadora, pues Milei es un ultraliberal salvaje, admirador de Hayek, Milton Friedman y Margaret Thatcher, a favor de un mercado libre sin restricciones, y enemigo de todo papel del Estado, siendo tanto partidario de un Estado gendarme (solo para policía, ejército, cárceles, tribunales) como de un Estado mínimo que elimine toda obra pública y política social. Como en lo político es además un neofascista que niega la violación de derechos humanos cometida por la dictadura argentina, es de esperar que tal y como prometió durante la campaña electoral, ponga en libertad por decreto a cientos de militares que fueron encarcelados en juicios históricos contra la impunidad por delitos de lesa humanidad como resultados de procesos meritorios de lucha de los organismos de derechos humanos por la “Memoria, Verdad y Justicia”.
¡Libertad!….económica
Porque su discurso mentiroso, como el de Ayuso, es “a favor de las libertades” pero claro, solo las económicas y las de los ricos. Milei bajará los impuestos a los ricos porque es el candidato de las grandes corporaciones, no nos equivoquemos, y ellas son las que le han obligado a pactar con Macri un gobierno de extrema derecha y de derecha extrema. En el resto de libertades no cree, y los derechos civiles y ciudadanos están hoy amenazados por el nuevo presidente, pues Milei está en contra de toda empresa pública, de la educación y la salud pública, y quiere privatizarlo todo (agua, trenes, medios públicos, aviación…); está en contra de la educación sexual y ética; en contra del feminismo y la igualdad; en contra de los derechos LGTBI, del aborto y del matrimonio igualitario.
Hay un sector del capitalismo internacional que ante la crisis global, opta por el autoritarismo y el neofascismo como salida
Entendámoslo de una vez: hay un sector del capitalismo internacional que ante la crisis global, opta por el autoritarismo y el neofascismo como salida que frene gobiernos revolucionarios e incluso reformistas y democráticos —si son de izquierda—, un neofascismo para combatir a los movimientos de emancipación y de transformación social, sean estos políticos, sociales, ecologistas o feministas. Después de Meloni en Italia, la victoria de la ultraderecha de Wilders en Holanda nos debe alertar y preocupar sobremanera: la bestia está a las puertas y en todas partes. Analizando a Milei y a Wilders y sus programas antipopulares, debemos valorar más la importancia del 23 J y los acuerdos posteriores de investidura para facilitar un nuevo gobierno de izquierdas e impedir el neofascismo en España.
Es de prever que la aplicación del programa de Milei conlleve una oposición sindical y popular muy fuerte y continuada en las calles
El programa de Milei, tan delirante en algunos aspectos como su propia persona, pretende además del ajuste fiscal, dolarizar la economía, reemplazar la moneda nacional y cerrar el Banco Central. Veremos si puede hacerlo. Como ha declarado la guerra a los sindicatos y a los movimientos populares, y los de Argentina son fuertes, es de prever que la aplicación de este programa va a conllevar una oposición sindical y popular muy fuerte y continuada en las calles. Pero un programa así, no es posible ejecutarlo sin una escalada de criminalización de la protesta social. Milei va a aplicar la violencia y la represión desde el Estado autoritario y gendarme que se va a imponer. De lo importante que sean las movilizaciones populares en las calles dependerá que venza Milei o el pueblo argentino, al que este personaje siniestro, desequilibrado e histérico, quiere sumergir en la pobreza absoluta y en la ausencia de derechos.
La gran lección es que cuando gobierna la izquierda tiene que hacer políticas de izquierda radicales, nada tibias, de transformación real
Argentina tiene que impedirlo y la solución hoy está en la resistencia popular y en las barricadas. La gran lección es que cuando gobierna la izquierda tiene que hacer políticas de izquierda radicales, nada tibias, de transformación real, con avances importantes en la vida de la gente y en los derechos humanos de la mayoría social trabajadora. Eso, o el neofascismo.







