Las feministas con Palestina

Movilización de mujeres con Palestina en Madrid el 2 de marzo de 2024

“Nosotras empapadas, ellas masacradas”. Ese grito era nuevo. Se unía a los más coreados en los últimos meses: “Israel asesina, Europa patrocina”, “Era un hospital no una base militar”, “No es una guerra, es un genocidio”, “Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá”. La tarde del 2 de marzo en Madrid llovió con ganas y sin tregua. También granizó, lo suficiente para hacer resbaladizas las aceras. El frío se empleó con ganas. Pero nada pudo impedir que la cadena de mujeres contra el genocidio de Palestina saliera a denunciar la masacre que está cometiendo Israel en la Franja de Gaza. La cadena la organizó la Comisión 8M del Movimiento Feminista de Madrid. Se llevaba organizando semanas y se esperaba la asistencia de 3.000 mujeres que se habían ido apuntando para repartirse entre los 13 tramos que, con nombres de pueblos y ciudades palestinos, cubrirían los 1.600 metros que unen la Comisión Europea con la embajada de Israel (Calle de Velázquez, 150) y la de Estados Unidos (Calle de Serrano, 75). El Movimiento feminista mostraba su músculo más internacionalista y de lucha global. El objetivo era señalar a los culpables y los colaboradores de los crímenes de guerra y las violaciones de los derechos humanos, que han asesinado a más de 30.800 gazatíes, y dejado 72.298 heridos y más de 7.000 desaparecidos, el 70 % de ellos mujeres y niños, y lo han hecho y lo siguen haciendo ante la inacción de la comunidad internacional.

En esas condiciones, mantener la cadena de mujeres era imposible, pero gracias a la excelente organización y comunicación se reinventó sobre la marcha y logró que las cientos de mujeres que aguantaron el chaparrón se concentraran frente a la sede española de la Comisión Europea, en el Paseo del Prado. La banderas palestinas se fundían con el morado imperante. Todas las generaciones representadas y unidas. No pudo sonar la alarma antiaérea, como estaba previsto, pero pasadas ya las 6 de la tarde se leyó el manifiesto que reivindicaba, entre otras cosas, que el Gobierno español rompa relaciones diplomáticas y comerciales y ponga fin al comercio de armas con Israel.

Hasta ahí la parte oficial de la convocatoria. Pero no acabó ahí. De camino hacia la parada de metro más cercana, la de Rubén Darío, se cortó la Castellana. Fue al cruzar un semáforo de una de las principales arterias de la ciudad. Las mujeres se pararon en la calle y la fila fue engrosando de forma natural. Se paró el tráfico durante media hora con una policía nacional, que ante la sorpresa y euforia de todas, no actuó, aunque si se pidieron algunas identificaciones.

Allí estaban las mujeres reivindicando el manifiesto: “Como feministas, luchamos por erradicar todas las violencias e injusticias. Insistimos en que las políticas del colonialismo, del militarismo y del racismo perpetradas contra los pueblos solo dejan muerte y destrucción”.

Empapadas y empapadísimas, pero vivas y reivindicativas. “¿Qué pasa, que nos mojamos? Pues en Palestina no sólo se mojan sino que las masacran” decía una mujer de rasgos latinos, que cumplidos los 50, aleccionaba así a sus compañeras más jóvenes para que dejaran de lamentarse por llevar casi hora y media caladas de arriba abajo y heladas. La cadena feminista marcaba el inicio de las movilizaciones y acciones que se han ido realizando por todo el Estado y que tendrá su momento álgido en la manifestación del 8 de marzo. 

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