La situación de la vivienda en Madrid es insostenible. En un contexto de subida galopante de los precios de la vivienda, la capital encabeza la lista de las Comunidades donde más ha crecido. Mientras que la media estatal se ha mantenido en 8,6%, según Fotocasa[1], Madrid ha superado en un año el 11%. Tomando una perspectiva temporal más amplia, desde el hoyo que provocó la burbuja inmobiliaria en 2016, el Índice de Precio de la Vivienda calculado por el INE ha aumentado un 53%, que llega a casi el 70% para Madrid; 90% si hablamos de vivienda nueva[2].
Este último es un comentario de interés, ya que se están construyendo en Madrid anualmente 15.000 viviendas acabadas, insuflando más gas al descontrolado balón especulador que no tardará en estallar una vez más[3]. Cruzando los datos de viviendas creadas y stock (vivienda acumulada sin vender) del Ministerio de Vivienda, se llega a la rápida conclusión de que todo lo que se está construyendo, se está vendiendo al poco tiempo.
Sin embargo, el crecimiento del mercado de la vivienda en sentido amplio no tiene las mismas formas que las que tuvo antes de la gran recesión. La especulación con la vivienda ha encontrado en Madrid dos vías de escape que se han desarrollado en estos últimos años. Estas dos formas son además muy nocivas para los barrios y zonas afectadas. Hablamos, naturalmente, de la turistificación y de la proliferación de los locales comerciales convertidos a viviendas.
Desde 2017, las Viviendas de Uso Turístico (VUT) han aumentado un 41%, llegando hoy a los 14.700 establecimientos turísticos de los cuales tan sólo 941 son legales.
La desertización de algunas zonas de Madrid debido a la salvaje promoción del turismo es hoy realidad: el distrito centro ha perdido 1,1% de población en un año[4]. De acuerdo con fuentes del Ayuntamiento, “en este distrito hay un turista alojado por cada dos residentes, mientras que en la almendra central hay uno por cada nueve vecinos”. Desde 2017, las Viviendas de Uso Turístico (VUT) han aumentado un 41%, llegando hoy a los 14.700 establecimientos turísticos de los cuales tan sólo 941 son legales. La situación es tan caótica y desregulada que hasta el propio Ayuntamiento de Madrid, uno de los protagonistas principales de este proceso, ha tenido que dar unos pasos atrás y congelar las nuevas licencias turísticas.
Las consecuencias de la turistificación son bien conocidas: subida de precios hasta niveles prohibitivos, ausencia de alquiler en la zona porque se alquila por días por mucho mayor rédito, ruidos a todas horas del día, basuras, cierres de comercios útiles para los vecinas y apertura de negocios no acordes con las necesidades de las personas residentes. Barrios sin alma. Y, eso sí, pingües beneficios para unos pocos.
Se podría actuar sobre el control de las licencias y sobre los precios. En cualquier caso, las soluciones no pueden quedar en manos de los propios promotores de la especulación
De locales comerciales a zulos para pobres
Por su parte, la proliferación de locales comerciales convertidos en viviendas ha conseguido ser mapeado por primera vez este año: 8.333 locales[5] (la mitad de las viviendas construidas en la Comunidad de Madrid anualmente) han sido contabilizados sólo en la capital. La gran mayoría en los distritos periféricos; obreros, trabajadores. Nos podemos preguntar cuáles son las consecuencias en el entorno, ya de por sí degradado, contaminado, ruidoso y falto de equipamientos básicos, cuando se suman en un barrio 1.000 viviendas fruto de estas prácticas. Pero nos tenemos que preguntar también por qué se está permitiendo está solución habitacional claramente orientada a población con menos recursos, mucha de ella extranjera. La gran mayoría de estos locales comerciales no tienen prácticamente acceso a luz directa, tienen mayores problemas de humedades, de ruido y olores provenientes de la calle y, por encima de todo, son especialmente pequeños y compartimentados, provocando casi siempre situaciones de hacinamiento extremo.
Estas son las dos varas de medir del capital. Pisos turísticos en el centro (cada vez menos céntricos) para los extranjeros del Norte; cuchitriles sin ventanas para la clase trabajadora del Sur. Cualquier analista es consciente de que la demanda de vivienda, tanto turística como económico-laboral, existe y tiene una fuerza poderosísima en las complacientes ciudades neoliberales del sur de la UE. Pero, siempre dentro de la perspectiva de la gestión del capital y no de su superación, las opciones son posibles y variadas: mediación entre turistas y población residente, control sobre las licencias, pero, sobre todo, control de precios.
En un momento social donde en el barómetro de junio del CIS la vivienda aparecía como segunda mayor preocupación de la población, las soluciones no pueden quedar en manos de los propios promotores de la especulación. El control de precios, fundamentalmente de las viviendas en alquiler, debe ser la medida principal para llegar a frenar las peores consecuencias de la futura burbuja de la vivienda.
Notas:
[1] https://www.fotocasa.es/indice-precio-vivienda/madrid-capital/todas-las-zonas
[2] https://www.ine.es/dynt3/inebase/index.htm?padre=3870&capsel=3870
[3] Informe sobre el stock de vivienda nueva 2022 (mivau.gob.es)
[4] https://diario.madrid.es/blog/notas-de-prensa/madrid-publica-el-mapa-con-la-ubicacion-de-las-viviendas-de-uso-turistico-con-licencia-municipal/
[5] https://diario.madrid.es/blog/notas-de-prensa/madrid-publica-el-mapa-con-la-ubicacion-de-las-viviendas-de-uso-turistico-con-licencia-municipal/







