Memoria Democrática – Navarra

IU insta al Gobierno a cumplir con el homenaje al piloto republicano Virgilio Leret, asesinado en julio de 1936

En 2019 el Parlamento de Navarra solicitó la colocación de un monolito y una placa en el aeropuerto de Noain como recuerdo a la figura del aviador pamplonés, fusilado en las primeras horas del golpe
Dos fotografías del piloto e inventor pamplonés Virgilio Leret, fusilado el 18 de julio de 1936 en Melilla.
Dos fotografías del piloto e inventor pamplonés Virgilio Leret, fusilado el 18 de julio de 1936 en Melilla.

Izquierda Unida ha llevado al Congreso de los Diputados la paralización del homenaje al militar republicano Virgilio Leret que fue acordado por el Parlamento de Navarra hace unos años. Más concretamente, en el año 2019 la Cámara Foral instó al Gobierno de España a colocar en el Aeropuerto de Noain – Pamplona, un monolito y una placa explicativa como homenaje y reconocimiento a la figura del aviador pamplonés fusilado, y que a día de hoy sigue sin instalarse.

Ante estos hecho, el coordinador general de Izquierda Unida de Navarra, Carlos Guzmán, ha expuesto que la sociedad tiene una deuda histórica con Leret. “La de Virgilio Leret es una historia digna de reconocimiento, y como el propio Parlamento de Navarra acordó, el lugar idóneo para ese reconocimiento nos resulta el aeropuerto de Noain”, ha indicado Carlos Guzmán.

Por ello, los diputados de Izquierda Unida, Nahuel González, Félix Alonso y Enrique Santiago, han registrado recientemente una pregunta en el Congreso de los Diputados en la que se hace referencia a cuándo se va a proceder a su colocación y cuál es el motivo por el que no se haya hecho hasta ahora.

Por desgracia, Navarra no es el único lugar en el que el reconocimiento a esta importante figura se ha paralizado, ya que el aeropuerto de Melilla, lugar en el que fue asesinado el 18 de julio de 1936, todavía no lleva su nombre, a pesar de que el Gobierno de España así lo propuso, por la negativa del Partido Popular, que tiene mayoría en la Asamblea de Melilla.

Aviador e ingeniero.
Virgilio Leret Ruiz nació el 23 de agosto de 1902 en Pamplona. Siguiendo la tradición familiar, a los 15 años entró en la Academia de Infantería de Toledo, participando en la campaña de Marruecos de 1920. Su campaña como aviador la inició en África en el año 1925, donde permaneció hasta el año 1927. En esos años, en sus viajes a Barcelona conocería a la que sería su pareja, Carlota O’Neill, madrileña de origen mexicano y feminista de izquierdas, que marcó profundamente su vida.

Leret cursó por correspondencia los estudios de Ingeniero Mecánico Electricista entre los años 1924 y 1929. Esta preparación le sirvió para poder desarrollar lo que sería el proyecto tecnológico de su vida: la invención del motor a reacción. Así, Virgilio entendía que el futuro de la aviación pasaba por desarrollar otro tipo de motores, puesto que los alimentados con hélices era muy limitados, tanto en potencia como en velocidad. Meses antes del inicio de la guerra civil, pudo trasladar sus inquietudes al propio presidente de la Segunda República, Manuel Azaña.

En el convulso inicio de 1936 se unió a la Unión Militar Republicana Antifascista, participando en las reuniones previas al estallido de la guerra civil española y organizando el denominado ‘Sindicato C. de Aviación’ cuyos documentos fueron encontrados entre las pertenencias de Virgilio tras su detención. Ya en 1934 se había significado contra las posturas más reaccionarias del Ejército español durante la dura represión que éste llevó a cabo tras la revolución de octubre, hecho que le costó una detención.

Para hacernos una idea del compromiso revolucionario de los aviadores que, como Leret, conformaron este sindicato, en sus estatutos hablaban de “la nacionalización del trabajo y producción” como el “mejor medio para una ordenación económica” al servicio del país.

Al producirse el golpe de Estado en Melilla, defendió la base del ataque del segundo Escuadrón del Tabor de Caballería de Regulares, al mando del capitán Corbalán. Cuando se rindieron, Virgilio Leret salió de la base y pidió a los mandos facciosos que no acusaran de responsabilidad al resto de oficiales ya que, como militar de mayor rango, él ostentaba la jefatura de la base.

Asesinato en Melilla. El capitán Leret fue fusilado el dieciocho de julio de 1936, en compañía de dos alféreces de aviación que se habían significado en la defensa de la base: Armando González Corral y Luis Calvo Calavia. Según un informe hecho llegar a la dirección del PCE por Hermenegildo Gómez de Fabián, militante comunista y teniente de ingenieros que pudo escapar: “Los fusilados murieron heroicamente por ser los primeros que cayeron bajo el plomo de los facciosos y al grito de ‘Viva la República’. Ambos fueron enterrados en una fosa común.”

En términos parecidos -y en un documento dado a conocer por los descendiente de Virgilio-, se refería a los hecho el que fuera en 1935 delegado del Gobierno republicano en Melilla, Jaime Fernández Gil: “Salieron con los signos de tortura y vejaciones en sus cuerpos, semidesnudo en el caso de Virgilio, a sabiendas de su carácter de pulcritud. En el caso de sus compañeros republicanos también había manifiesto de tortura. Virgilio salió con el brazo roto y la cara ensangrentada. Ante las mofas, risas e injurias hacia él y su familia, y hacia los alféreces, le intentaron vendar los ojos. Virgilio se negó, sus camaradas también. Les increparon, gritaron, insultaron… vas a ver cómo mueren tus llamados compañeros, y risas. Virgilio miro a Armando y a Luis Calvo, y dijo compañeros, soldados (mirando al pelotón) ¡Viva la República! Armando y Calvo gritaron ¡Viva! Con la contundencia y fuerza que llevaron la lucha revolucionaria. Los tiros ahogaron sus voces. Cayeron tres grandes republicanos, da igual si un segundo antes o después”.

Documento elevado a la dirección del PCE por el militante comunista Hermenegildo Gómez de Fabián, que logra salir de Melilla y remite, narrando los hechos acaecidos en la base melillense.
Documento elevado a la dirección del PCE en 1937 por el militante comunista Hermenegildo Gómez de Fabián, que logra salir de Melilla y remite este informe narrando los hechos acaecidos en la base melillense.

Carlota O’Neill. Su esposa Carlota, que había desarrollado su trayectoria feminista como dramaturga y como directora del periódico ‘Nosotras’, fue detenida, como muchas otras hijas y mujeres de republicanos, y separada de sus hijas, María Gabriela y Carlota, perdiendo su custodia. Ellos se habían casado cuando estaban esperando a su segunda hija. Fue juzgada por un tribunal militar 18 meses después de su detención y condenada a seis años de prisión, por saber ruso, por subversiva y por su responsabilidad en los actos de su marido. En 1949, con sus hijas ya mayores partió hacia Venezuela, y más tarde a México. Falleció en Caracas en junio de 2000, ciudad en la que también murió hace menos de tres años Carlota Leret O’Neill.

Homenajes y reconocimientos. En las últimas décadas, tanto la familia de Leret como el movimiento memorialista han realizado varias campañas para recordar y dignificar su historia, sin que hasta ahora se haya conseguido que su nombre lleve ni el aeropuerto de su Navarra natal ni el de Melilla.

En su Iruñea natal sí que se le recuerda con un adoquín dorado y una placa en frente del portal de la casa donde nació, en el casco viejo de la capital. También en la ciudad madrileña de Parla una calle lleva su nombre desde 2008, en un barrio nuevo con vías dedicadas a inventores españoles.

En marzo de 2011 se estrenó un documental sobre su figura, dirigido por el periodista pamplonés Mikel Donaza, con el título ‘Virgilio Leret, el caballero del azul’, en referencia al seudónimo usado por Leret para escribir ficción. También apareció un libro un año más tarde, en 2012, en el que Antonio Cruz González repasaba su biografía bajo el título ‘Virgilio Leret Ruiz: Una vida al servicio de la República’ (Viejo Topo). Esta publicación, por cierto, fue duramente criticada por una parte de la familia de Virgilio Leret, argumentando que únicamente contaba con la versión de su esposa e hija.

Unos años antes, em 2008, y aunque con algún sesgo ideológico (en su ficha no aparece que fue fusilado por seguir leal a la República), la madrileña Sala Arquerías de Nuevos Ministerios acogió la exposición ‘Virgilio Leret (1902-1936) pionero en el motor a reacción’, en un intento de rendirle homenaje al diseñador del motor a reacción que el propio Leret denominó ‘Mototurbocompresor de Reacción Continua’.

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