Reseña

Vivienda y clase social ¿tener o no tener?

Los autores consideran que lo que hoy determina la desigualdad no es ya la relación laboral, la relación Capital/Trabajo, sino la capacidad de adquirir activos como la vivienda y lo que esto puede representar a la hora de una “nueva” estratificación socia
Manifestación por la vivienda en Madrid el pasado 13 de octubre | Foto: Olmo Calvo
Manifestación por la vivienda en Madrid el pasado 13 de octubre | Foto: Olmo Calvo

A veces, pocas, muy pocas, hay libros que mueven el mundo, la realidad, lo dado. Algunos son obvios y muy conocidos como los Evangelios, el Coran o El Capital y otros no tan conocidos como Portugal y el futuro de Antonio de Spínola que impulsaría la Revolución de los Claveles o el ¡Indignaos! de Stéphane Hessel que tanto se aireó en el 15-M. Con la mayoría sin embargo parece suceder lo contrario: que es la actualidad la que los escribe y no pasan de ser oportunistas pero a veces, no demasiadas, algunos resultan oportunos y necesarios porque nos ayudan a saber ver lo que tenemos delante que no es tarea tan fácil como parece. Pues bien, Vivienda. La nueva división de clase1, es sin duda un libro oportuno, de rabiosa actualidad. Ayer mismo como quien dice, miles de manifestantes salieron en Madrid protestando por la crisis habitacional y las subidas de los precios de la vivienda. El movimiento Hábitat 24, que reúne a casi 40 colectivos en favor del acceso a la vivienda y a asociaciones vecinales, sindicales y sociales convocó a la movilización bajo el lemaPor una vivienda digna y sostenible”. Motivos para que la movilización adquiera condición y voluntad de permanencia no faltan. Los datos estadísticos son brutales: el INE certificó un nuevo récord en el importe medio de las casas, con 2.086 euros por metro cuadrado, el más caro de la historia para adquirir una vivienda. En Madrid, el alquiler de una simple habitación alcanzó los 586 euros de media en diciembre de 2024, lo que significa un incremento de un 43% en los últimos tres años y según un reciente trabajo del Banco de España mientras que en las generaciones nacidas entre 1945 y 1965 las tasas de vivienda en propiedad a los 42 años se situaban por encima del 81%; en 2022, para los nacidos entre 1975 y 1985, este porcentaje era del 67%, 14 puntos porcentuales menos. Una condición de la vivienda en propiedad que parece estar intensificándose para los nacidos después de 1985, que hoy tienen menos de 40 años.

VIVIENDA. LA NUEVA DIVISIÓN DE CLASE
Adkins, Lisa y alts.
Editorial Lengua de Trapo y Círculo de Bellas Artes, 2025

El libro recoge tres estudios francamente reveladores sobre la actual problemática de la vivienda, sus causas, evolución y pronóstico publicados en la Universidad de Sidney que, si bien centran su mirada en el mundo anglosajón, permiten trasladar sus resultados a nuestro propio espacio y circunstancia. Cuenta además el libro, a modo de introducción, con un capítulo inicial, Un país salvaje, escrito por Javier Gil, investigador y miembro del Grupo de Estudios Críticos de la UNED que, de manera pertinente, aporta los datos necesarios no solo para hacer esa traslación cuando resulta necesario sino también para plantear, con claridad, la cuestión teórico-política que el conflicto del acceso a la vivienda supone y sobre el que los comunistas, en tanto marxistas, debemos reflexionar: el concepto de las clases sociales.

Porque lo que en este libro, tan oportuno, se aborda no es simplemente el tema del difícil acceso a la propiedad de la vivienda que padece una buena parte de la población sino que su planteamiento va mucho más allá, y “superando” la lectura marxista de las clases y la lucha de clases, sus autores —con claras reservas al respecto de Javier Gil— entran a considerar que lo que hoy determina la desigualdad no es ya la relación laboral, la relación Capital/Trabajo, “sino la capacidad de adquirir activos como la vivienda que se revalorizan a un ritmo superior al de la inflación y los salarios.” Cierto que en sus trabajos entienden que “el empleo sigue siendo un factor importante en tanto que determina la capacidad de adquirir activos como en el caso de pagar hipotecas” pero avisan que cada vez son más solo un factor entre otros. Y entre esos otros dan cuenta del papel de las herencias y las transferencias intergeneracionales entre padres e hijos como ejemplo de la división que se está produciendo “entre los que tienen acceso a la riqueza de los padres y los que no”. Algo que estaría dando lugar a una fractura muy evidente en la generación de los millenial, la primera en sentir la imposibilidad de acumular la riqueza necesaria para acceder a la propiedad de la vivienda y en consecuencia, al estilo de vida de clase media que el activo vivienda facilita. Una imposibilidad que, a modo de derivada inevitable del incremento del precio de la vivienda, ha generado un fuerte conflicto entre las generaciones más jóvenes y la cuestión del alquiler hasta el punto que hoy casi resulta imposible separar ambas temáticas. Propiedad, alquiler, habitación son hoy tres caras de una moneda que están explicitando un conflicto generacional que desde nuestra actividad política como comunistas habrá que saber integrar dentro del concepto de lucha de clase entre el capital y el trabajo que nos define y ocupa.

Y quizá lo primero y más conveniente sería recordar que estas cuestiones presuponen una mirada de corte eurocéntrico u occidentalista que no conviene generalizar, pues la vivienda, como bien económico, se inserta en la llamada “economía de los activos” donde estos, el conjunto de bienes valiosos de los que parte de la clase trabajadora puede llegar a ser propietaria, pasan a ser considerados más relevantes que el empleo o los salarios a la hora de determinar la posición de clase. Una “economía de activos”, eurocéntrica y occidentalista, según la cual “la riqueza y el poder están cada vez más vinculados a la propiedad de activos y menos al trabajo productivo”. De ahí el reproche que el libro presenta a los modelos marxistas tradicionales que se centrarían a su entender exclusivamente en la relación antagónica entre capital y trabajo».

No deja de ser un tanto sorprendente al respecto que, al argumentar el papel que los activos pueden representar a la hora de una “nueva” estratificación social, en ninguno de los textos se recuerde la mención que el marxismo hace de “la aristocracia obrera” en tanto fracción de clase privilegiada y posible detentadora de activos como la vivienda. Convendría también meditar hasta qué punto el nivel de renta proporcionada por los activos que se posean, anula la condición de proletario, es decir, la de aquel trabajador que para alcanzar su nivel de subsistencia necesita trabajar, es decir, producir plusvalías. Porque esa sería la frontera entre un rentista y un trabajador más allá de que el trabajador posea o no activos que le proporcionen una determinada renta. La vivienda es hoy el centro caliente de lucha y, aún sin aceptar que el “inquilinato” sustituya al sujeto revolucionario que el marxismo identifica, creo que conviene darle vueltas a los horizontes de conflicto que este libro delimita.

Nota:

1 Adkins, Lisa y alts. Vivienda. La nueva división de clase. Lengua de Trapo y Circulo de Bellas Artes. Madrid 2025