En estos días en que el aislamiento y la inseguridad laboral y salarial aumentan la tensión en los hogares, la casa se convierte en una cárcel para las mujeres víctimas de violencia de género y las hijas e hijos dependientes confinados con el agresor. Asociaciones y profesionales alertan de que se puede dar un paso atrás. En estas circunstancias, en muchos casos se impone el miedo, la obediencia, la sumisión, la inseguridad, el autoengaño y el aguantar el tirón para tener amansado a ese maltratador que se crece porque tiene a todos bajo su control.
El Ministerio de Igualdad reaccionó desde el primer momento. Cuando el 14 de marzo se decretó el estado de alarma, el ministerio impulsó un Plan de Contingencia contra la violencia de género en el que se declaró servicio esencial la asistencia integral a las víctimas para que no quedarán desprotegidas durante el confinamiento. También se activó un servicio, a través de la aplicación de móvil Alertcops, que en caso de agresión y urgencia envía una señal de alerta con la geolocalización a las fuerzas de seguridad.
De hecho, desde el confinamiento, las consultas y peticiones de ayuda a los servicios de asistencia a las víctimas de violencia de género, a través de llamadas y mensajes de Whatsapp al 016, se dispararon en un 61,5% respecto a las registradas el año anterior en las mismas fechas, según el Ministerio de Igualdad.
Los tribunales especiales de violencia contra las mujeres siguen en funcionamiento y también las casas de acogida para las víctimas y sus hijos e hijas. La campaña «Estamos contigo. Todo saldrá bien», anima a cualquier persona que tenga conocimiento de una situación de peligro por malos tratos a que lo haga saber a través del 016 o los teléfonos de Policía Nacional 091 o Guardia Civil 062.






