“Las adaptaciones al cómic de novelas o ensayos de éxito constituyen un fenómeno editorial que ha ido a más, de forma que cada vez es más frecuente encontrarse en las librerías este tipo de productos; y claro está, a los cómics de memoria histórica/democrática también afecta. Por todo esto, esta sección no puede quedarse al margen de esta realidad es por ello que esta semana traemos la adaptación al cómic de la exitosa novela de Bernardo Atxaga, MO. Memorias de una vaca, aunque aviso que a lo largo de las próximas semanas veremos nuevas adaptaciones al cómic de importantes novelas”.
Memorias de una vaca es una novela “juvenil” escrita por Bernardo Atxaga en 1991, una novela que en la edición de El barco de vapor tiene 200 páginas, las mismas que la versión en cómic, y que Atxaga escribió a mano en 28 días. Sin embargo su adaptación al cómic ha tenido un proceso de elaboración que comenzó en 2019, en una idea que inicialmente iba a ser una película de animación, pero que al ser imposible poder llevarla adelante, Pello Varela apostó por utilizar el formato de cómic.
Desde luego novela y cómic no coinciden en su desarrollo, tienen diferencias importantes, por la sencilla razón de que son formas de expresión diferentes que no funcionan de forma equivalente. El cómic es mucho más visual y ahí es donde aparece una clara diferencia entre la novela y el cómic. En la novela, Mo es de color negro, mientras que en el cómic es de color marrón y además tiene en la testuz de su cabeza una estrella de 4 puntas que la distingue visualmente y de forma muy rápida del resto de las vacas. A su vez, en el cómic aparecen escenas, fundamentalmente del conflicto entre los guerrilleros y los soldados, que no aparecen originalmente en la novela, y que en este caso sirven para reforzar el dramatismo y la violencia que se vivía en ese conflicto, y que en la novela, quizás porque es una novela juvenil, ese dramatismo no se resalta tanto. Hay, desde luego, más diferencias, pero es mucho mejor que las vayáis descubriendo vosotros/as mismas.
Donde no hay diferencias es en el espíritu del cómic con respecto a la novela; en el mensaje que nos transmite, que está plenamente conseguido y al que el cómic es completamente fiel. Mo es una vaca diferente, una vaca que piensa, una vaca que no quiere ser una vaca tonta, que tiene un grado de conciencia como el de una persona, que incluso tiene una voz interior, una rica voz interior, una conciencia (El Pesado) con la que discute sobre los aspectos de la vida y lo que observa que ocurre a su alrededor, una vaca que nace en el caserío Balanzategui, y en el que poco a poco descubrirá los secretos que oculta, secretos relacionados con los maquis y que la acabarán provocando un exilio forzado. Como está narrado en forma de fábula, Mo tiene la facultad de comunicarse con las otras vacas y también con las personas. Tiene una amiga, La Vache qui rit, con la que lleva una relación muy parecida a la que llevarían dos personas, con momentos de encuentro y de desencuentro, enfados, y separaciones. Pero también hay momentos difíciles en los que las dos vacas se apoyan mutuamente. Conoce a soeur Pauline Bernardette, una monja de Iparralde que ya había ayudado a los maquis franceses en la II Guerra Mundial, se hacen muy amigas y Mo comparte con ella una segunda etapa de su vida, ya como vaca adulta. Mo huye del enfrentamiento en Balanzategui, y Pauline de un matrimonio apañado por su padre, un matrimonio que ella para nada desea; ambas comparten intereses, desean empezar una nueva vida y huir de la violencia de las personas, pero ambas deben superar sus propias contradicciones internas (El Desierto).
Pero el aspecto que más nos interesa es, desde luego, el relacionado con la Memoria Histórica/Democrática. En Mo vemos con toda crudeza, más en el cómic que en la novela, las consecuencias de la guerra civil en Euskadi. Una guerra que como dice la propia Mo, no ha terminado porque una parte del ejército republicano no se ha rendido y aún continua luchando, siendo el caserío de Balanzategui el centro de esa encarnizada lucha.
Dentro de esa construcción en forma de fábula mágica, la división de las personas entre buenas y malas está expresada a través de los personajes secundarios. Las personas buenas están representadas por Genoveva, la dueña de Balanzategui, una mujer a la que la embarga un profundo dolor, y su criado Usandizaga, personajes que con su lucha y colaboración han convertido el caserío Balanzategui en el almacén de los guerrilleros y símbolo de la resistencia, ejército que todavía no se ha rendido. Y por la otra parte tenemos a Gafas Verdes, Don Otto, siniestro personaje de origen alemán que vigila permanentemente el caserío porque intuye que ayudan a los guerrilleros, a los que persigue y, que convierte esa vigilancia en una obsesión, porque lo único que desea es acabar con la guerrilla. Además, Gafas Verdes solo emplea una palabra, “¡Karral!, es su forma de comunicarse y, a mí juicio, es una palabra que encierran una metáfora que no se capta del todo, pero que supongo que viene a significar que así como Mo – que es una vaca y por lo tanto un ser simple – y el resto de personajes buenos tienen una gran vida interior y un lenguaje muy rico y completo, al contrario que Gafas Verdes, que vive instalado en la obsesión, el odio y la pobreza intelectual que se refleja en su parco lenguaje. A su vez, esa división también se traslada al espacio físico, de forma que el caserío y sus habitantes representan lo bueno, y el molino, desde el que Gafas Verdes y sus ayudantes vigilan el caserío, representa lo malo.
El cómic es una potente crítica hacia la guerra y sus consecuencias, siendo soeur Pauline la que mejor la define, cuando dice: “todas las guerras traen destrucción material y miseria espiritual. De las guerras todos salimos perdedores. Los vencedores porque desprecian a los vencidos, y estos, porque odian a los vencedores”. Además, en el cómic aparecen escenas de enfrentamiento entre los guerrilleros y la guardia civil y escenas muy violentas que no aparecen en la novela, con el fin de reforzar la idea de maldad del ser humano, pero también del afán de superación de Mo para ser ella misma y encontrar su lugar en el mundo.
El dibujo y el color son dos grandes fuertes de este cómic. El dibujo es sencillo en las escenas apacibles como por ejemplo cuando dibuja las vacas o la vida en el caserío, y enérgico cuando dibuja los retratos de los personajes, la espesura del bosque, o la violencia que se produce en los enfrentamientos entre los guerrilleros y la guardia civil, técnica que le sirve a Juan Suárez para elevar la tensión narrativa e introducir una gran carga dramática. El color es toda una sorpresa puesto que es un color que no se corresponde con el color natural de los objetos o el paisaje que dibuja; cuando piensas en el caserío de Balanzategui, que es un caserío que realmente existe, que además está en Gipuzkoa, te imaginas un paisaje verde con tonos marrones, cielos azules o grises; pero nada de eso es así, Juan utiliza colores muy fuertes, utiliza una paleta de colores totalmente rompedora, o invierte los colores para pintar un paisaje de campiña y monte empleando el color azul, y no tiene ningún problema para, por ejemplo, pintar una vaca de color lila o un cielo mostaza, lo que le da un aspecto muy original y expresionista, a la vez que aplica el color a sus viñetas también con pinceladas enérgicas; a destacar las viñetas en las que aparece la niebla o la nieve y como Juan lo refleja en sus viñetas. Toda una agradable sorpresa y una razón para considerar este trabajo como algo único y muy diferente a lo conocido hasta ahora. Personalmente, cuanto más me fijo en sus dibujos y el color empleado, más sorprendentes me resultan y más me gustan.
En definitiva, considero esta obra como un trabajo que sorprende gratamente, y que espero que os guste.
Fuente: https://errepublikaplaza.wordpress.com/2024/10/05/mo-memorias-de-una-vaca/







