Papel blanco. Filo de papel, que corta sin mancharse, observa desde el ático cómo llueve. Allí abajo se ahogan —no hay que mojarse— duele su silencio, aunque nada le mueve. No es de nadie, se dice, equidistante, trabaja sin sueldo, útil e ignorante. Virgen de compromisos, casto y sin fisuras, mientras el barro sube y él mira desde las alturas. Fueron por los primeros y callaste, fueron por los segundos…