No es fácil escribir en momentos como éstos, pues tratando de evitar lugares comunes y de ser original, se corre el riesgo de caer en vacuos ditirambos. Tal vez podríamos preguntarnos por el porqué del silencio, cuando no del menosprecio, que lleva años rodeando a su labor literaria. Tal vez podríamos hablar de las lágrimas que afloran al terminar de leer La mina, lágrimas nada sentimentales, sino de rabia, nacidas…