Cuando compramos “La Sede” en 1978, decidimos dejar una de las habitaciones para guardar el material de nuestra caseta de feria. Un par de años después, al reconstruir esa casa que habíamos adquirido con tanto esfuerzo, reservamos un cuarto de unos cincuenta metros cuadrados para el mismo propósito. Con el tiempo, ese salón se fue transformando en lo que llamamos el CUARTO DE LOS TIESTOS. Allí no solo se almacenaban…