La vida y la muerte, nada más antagónico y sin embargo nada más unido: no hay vida sin que haya muerte, que todo lo que nace muere, es quizás la enseñanza primera que tenemos, sin embargo, nunca estamos preparados para su llegada, siempre nos sorprende y siempre pensamos en su inoportunidad, en que no era
Salce… seguro que andará con las prisas. Porque el tiempo se atropellaba en sus palabras. Las ideas iban tan deprisa como las razones, esas de los trabajadores que llevan siglos esperando justicia social. Salce surgió de los tiempos duros de dictadura y los tiempos duros de sindicato. También los tiempos felices de aquel Primer Congreso