Salce… seguro que andará con las prisas. Porque el tiempo se atropellaba en sus palabras. Las ideas iban tan deprisa como las razones, esas de los trabajadores que llevan siglos esperando justicia social.
Salce surgió de los tiempos duros de dictadura y los tiempos duros de sindicato. También los tiempos felices de aquel Primer Congreso de CCOO, tras la legalización. Tiempo de Partido Comunista de España que luchó por la democracia en las más duras condiciones.
Optimista inquebrantable, de aquel momento en que todas, además de compañeras y compañeros incorruptibles y combativos, tenían la democracia por conquistar. Porque su concepto de compañerismo era ese de codo con codo forjado en la lucha, ese que en ese momento se daba a cuenta del calabozo de la Dirección General de Seguridad, procesos, cárcel y despidos.
Salce detenida, Salce despedida de Westinghouse… La escuela de la fábrica y la democracia de asamblea a mano alzada, cara a cara, y así siempre pegada al terreno. Sin dejar de escuchar lo que la clase trabajadora dice, atenta a lo nuevo que se vislumbra. Salce siempre crítica, porque para ser de izquierdas de verdad siempre hay que ser crítico, empezando por uno mismo. Hay que nadar entre los errores para construir algo nuevo, superador y avanzar, nada de púlpitos.
Salce autentica, sin forros donde esconder oscuros objetivos.
El capital se esconde en cada recoveco y atrapa con lisonjas y promesas incumplidas mientras te mete la mano en el bolsillo y te roba. Secretaria de Empleo de CCOO y ahí estaba Salce para demostrar con cifras y datos, que la crisis siempre, siempre, la cargan a los trabajadores. Amable y directa, los empresarios la respetaban porque la temían. Las palabras huecas de grandes acuerdos no iban con ella, y ante todos, incluidos nuevos compañeros menos forjados en el acero, lo dejaba siempre claro.
Al tiempo Salce dio siempre una oportunidad, porque la clase obrera no siempre va en línea recta, y los zigzag son el pan de cada día.
La Salce, el Agustín, Torrijos y muchas otras fueron pilares de Marcelino Camacho en esa lucha porque no los echaran al monte cuando la socialdemocracia sindical se reequilibró tanto hacia el pacto y la negociación que se olvidó de la movilización y la presión. De nuevo Salce aguantando otro zigzag, porque la clase trabajadora no alcanza acuerdos y avance social sin la presión, y siempre con la máxima de que sin la unidad nada se avanza. Comisiones Obreras fue, es y será el mejor instrumento de defensa de los derechos. Salce no tiró la toalla.
Salce, ahí estuvieron las sindicalistas defendiendo los derechos de la mujer en el sindicato frente al machismo instalado en la clase obrera. Las mujeres del sindicato sabían que su lucha era doble. A trabajo igual, salario igual… el derecho al aborto… mujeres luchando como Salce en el feminismo de las obreras.
Hace falta tantas y tantas… querida Salce ya con Marcelino y Josefina. Demasiado pronto.







